¡Cómo hemos cambiado!

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Hubo un tiempo en el que recibía un salario justo por hacer lo mejor que sabía y podía un trabajo que me entusiasmaba… hubo un tiempo en que recibía un salario inmundo por un trabajo esclavo al que le dedicaba más horas y esfuerzos de los que se merecía… hubo un tiempo que lloré por ambos… y ahora solo añoro el primero de ellos, incluso no teniendo ninguno, es mejor no ser esclavo.

Lo entiendo. Yo también he vivido ambas situaciones. Y hoy en día, después de una semana en paro, confieso que me da igual volver a la segunda con tal de poder pagar la hipoteca. He asumido que la «esclavitud» es parte del sino que nos ha tocado vivir, no sé cómo hemos llegado a esto pero estamos vendidos, y de aquí ni salimos ni nos sacan. La dignidad está muy bien hasta que tienes que elegir entre comer o pasar por el aro. De ahí los sucesivos hachazos al Estado del Bienestar en general como ideología, y en particular los recortes a las prestaciones por desempleo en importe y en duración bajo el argumento de que eso conllevará que los parados se esfuercen más, es decir: el aro cada vez más pequeño y la necesidad cada vez más acuciaste. La dignidad es un lujo que hoy algunos no nos podemos permitir.

En los 90 vivíamos para trabajar, era la época de los yuppies y del pelotazo. En la primera década del 2000, antes de que todo se fuera a la mierda, decidimos que queríamos trabajar para vivir, la conciliación de la vida laboral y familiar entró con fuerza en la agenda pública, hablamos de racionalización de horarios para mejorar la productividad y tener empleados motivados y eficientes que rinden más. Y ahora sólo trabajamos para pagar la hipoteca, la luz, el agua, el gas e internet. Y con suerte nos queda algo para cenar una ensaladita, y los días impares una pechuga de pollo.

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Jessica Fillol

Me llamo Jéssica, nací en el 81 y vivo en Barcelona. He estudiado Marketing y Ciencias Sociales. Meto la pata con frecuencia y no me duele cambiar de opinión. Un poco demasiado feminista según casi todos los hombres que conozco. Me ponen de mal humor los lunes sin café, los que comparten su música del móvil con todo el mundo por no usar unos malditos auriculares, los hombres machistas, las mujeres machistas, la gente que fuma sin preguntar si molesta, y las personas que creen que la ignorancia y la estupidez son cualidades admirables.

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