Crítica literaria feminazi. Isabel Keats: “Cuéntaselo a otra”

Como esta semana pasada ha sido tan intensa y me ha quedado poco espacio en el cerebro para poco más que el ataque troll, he estado leyendo mierda. Sí, así es, no me he equivocado: MIERDA.

Leer mierda no es malo en sí mismo, es el equivalente literario a la comida se MacDonald’s: cumple su función en un momento determinado, y en dosis pequeñas no mata. Lo malo es leer (o comer) mierda sin ser consciente de que lo es y tragarte toneladas de toxicidad sin enterarte, y sin tener una triste pastilla de Almax que te alivie después.

isabel keats cuentaselo a otra

 

Y en este libro hay mucha toxicidad disfrazada de jiji jaja es brominchi. Hay estereotipos rancios, machismo, clasismo, anticatalanismo, idealización del amor tóxico y posesivo, y lo que me parece peor de todo, normalización de conductas violentas y romantización de la violencia contra las mujeres. Y voy por la mitad, mucho me va a decepcionar si no hay racismo en por lo menos un capítulo. Es tan previsible que cuando llevaba leída 1/3 parte te podría decir ya quién va a acabar con quien y con qué nivel de compromiso sentimental en función de lo mal que el tío haya tratado a la chica: esa pareja en la que el tío se porta como un capullo, acabarán liados; esa otra en la que él la acosa aunque ella deja cristalino que no quiere saber nada y él se pasa su voluntad por el arco del triunfo, 60 páginas antes del final le dirá que es la mujer de su vida y que no ha sentido nunca antes lo que siente por ella; y esa en le que él le hace daño físico, seguro que se casan. A mayor nivel de violencia, significa que más enamorado está él y no puede controlarse. En serio, da mucho asco.

¿De qué va el libro? Aquí un resumen:

 

 

Definición de la protagonista en 4 palabras: divorciada resentida odia hombres. Tanta sutileza me abruma.

 

 

A partir de ahí, os podéis hacer una idea. A las pocas páginas encontré la primera señal de lo que me esperaba. Página 8: “yo he visto antes ese par de tetas (…) eran las de la fresca de mi cuñada“. Empezamos bien.

 

 

Al principio me lo tomé como un ejercicio divertido, como hacer una sopa de letras encontrando las frases machistas en cada página. Un ejemplo es la lista de las actividades a las que se dedica una chica: trabajar, ir a la peluquería, hacerse la manicura, ir al gimnasio, salir de compras, ir a tomar algo con las amigas. Apasionante.

 

 

Para no llenar el post de capturas de pantalla, el resto van en extractos (edición en epub, 501 páginas):

Después de lo de Daniel se había jurado aborrecer a todos los hombres (pág. 48)

Inés se había prohibido terminantemente volver a caer, al menos en esta vida, bajo el encanto de ningún ser del sexo contrario (pág. 55)

Su papel de portera amargada y su odio por los hombres (pág. 57)

Aparte de que odio a los hombres en general, a ti solo te considero un conocido aspirante a amigo (pág. 61)

He renunciado a los hombres. Nunca más permitiré que vuelvan a hacerme daño (pág. 114-115)

¿Os ha quedado claro ya que la protagonista odia a los hombres, o aún no? Porque yo sigo teniendo dudas.

¿Estereotipos rancios y clasismo? No me voy a extender mucho:

Ella jamás había sido capaz de cambiar ni siquiera una bombilla; Daniel, su exmarido, se encargaba siempre de esos menesteres. (pág. 81)

Quien me iba a decir a mí que una simple portera iba a resultar tan entretenida (pág. 92)

Qué sabría una portera ignorante como la señora Santos de juramentos hipocráticos (pág. 96)

“Tú no eres una porteresa de verdad, ¿a que no? Si eres guapísima” (pág. 211)

Ojo a los emails de la madre pidiéndole a la protagonista que vuelva con su exmarido infiel. Más amor tóxico imposible, recomendaciones de aguantar, aguantar, aguantar, tragarte el orgullo (!!) porque lleváis toda una vida juntos:

… Pienso que es una lástima que hayáis acabado tan mal después de tantos años juntos y que quizá, ahora que ha pasado algo de tiempo para ver las cosas en perspectiva, podríais arreglar vuestras diferencias o, al menos, podríais seguir siendo amigos. (pág. 83)

Creo que el pobre hombre se ha dado cuenta de su error (…) ha llegado la hora de perdonar, Inés, de tragarte tu orgullo (…). Al fin y al cabo, llevas más de media vida con él (pág. 114-115)

Inés sale de copas con sus amigos, y queda bien claro que no tiene ninguna intención de enrollarse con nadie. Pero el galán de turno se salta sus límites sin ningún tipo de reparo y está bien.

A cada rato, algún tipo se acercaba a la joven y le decía algo al oído pero ella se lo sacudía enseguida y seguía bailando, concentrada por completo en el sugerente ritmo de la música. (pág. 137)

Con decisión, dejó el vaso en una mesa cercana y, antes de que se le adelantara alguno de los moscones que la rondaba, se acercó a Inés. “¿Quieres bailar?” (…) sin darle tiempo a recuperarse, la agarró por la cintura (pág. 138)

Su propia excitación alcanzó un grado casi doloroso. Sin embargo, al mismo tiempo, todo en el lenguaje corporal femenino -la rigidez de su espalda, las palmas de las manos apretadas contra la mesa- proclamaba sus ganas de salir huyendo, así que decidió bajar la intensidad de su ataque. Necesitaba a aquella mujer debajo de su cuerpo esa misma noche y no estaba dispuesto a dejarla escapar. (pág. 144-145)

Inés dio un trago a su ron con Coca-Cola para darse fuerzas, sin percatarse de que a cada sorbo de alcohol resquebrajaba sus defensas un poco más. (pág. 145)

Se la veía mucho más relajada, así que siguió adelante con su perverso plan de atraerla hacia su tela de araña hasta que se enredase en ella de tal forma que le resultara imposible la huida. (pág. 145)

No quería asustarla. Quería poseerla esa noche como fuera. (pág. 147)

Al ir a dar un sorbo a su copa descubrió, sorprendida, que volvía a estar llena. “No querrás emborracharme, ¿verdad?”, “Quizá…” (pág. 147)

Era su oportunidad, pensó. La oportunidad de detener esa locura (pág. 158)

“Quiero irme de aquí, quiero irme de aquí” (pág. 161)

Vale, ha tenido un rollete de una noche que no quería y después se siente como el culo. Por si acaso, la autora se encarga de dejarnos bien claro que ella “no es de esas” frescas que van follando por ahí con quien les apetece: no se siente mal porque el tipo se haya saltado sus límites utilizando alcohol para ello además, no, se siente mal porque ella es una chica decente que no hace “esa clase de cosas”. Además, de no ser así habría perdido todo su encanto y el galán de turno no querría saber nada de ella, porque ¿acaso no nos han repetido millones de veces que los hombres pierden el interés por las chicas fáciles?

Siempre había considerado bastante sórdidas aquellas aventuras de una noche en las que una mujer se va directa a la cama con un tipo al que acaba de conocer en un bar (…). Durante treinta y cinco años había sido el epítome de la buena chica: responsable, fiel, cumplidora del manual de la perfecta esposa y la hija obediente, prudente, discreta… (pág. 156)

Saltaba a la vista que acostarse con desconocidos no era algo que ella hiciera de manera habitual (pág. 174)

“¡Así que te has acostado con un desconocido!” -Su amiga estaba tan asombrada que la interrumpió sin contemplaciones (pág. 176)

“Lo de anoche fue un error. (…) Yo no soy así. A pesar de lo que pueda parecer, no soy de las que se acuestan con un hombre sin estar enamoradas. No voy a renunciar a mis principios solo porque el cabrón de Daniel me haya herido (…). Ya he recobrado la sensatez. No volverá a ocurrir.” (pág. 181)

Como ya le advirtió en  su momento la insistente voz de su conciencia, la culpa y los remordimientos se habían abatido sobre ella (…). Aún no comprendía cómo ella, la pragmática y cerebral Inés Santaolalla, se había dejado llevar por un impulso y se había acostado con un hombre al que apenas conocía. (pág. 276)

Si el doctor se había servido de su cuerpo para desfogarse sin tener que darle muchas vueltas a la cabeza eso era algo que, como todo el mundo sabía bien, era intrínseco a la naturaleza masculina (pág. 277)

Por si fuera poco, todo esto aderezado con momentos bastante violentos:

Tenía la muñeca enrojecida y le sorprendió su delicadeza; era muy fina y pensó que podría quebrarla con solo una ligera presión (pág. 41-42)

Cuando terminó la canción, se vio obligado a hacer un inmenso esfuerzo para separarse de ella; aunque, sin darle tiempo a alejarse del todo, la agarró por la muñeca (pág. 139)

El médico le agarró la muñeca con firmeza y la detuvo en seco (pág. 148)

Sin poder reprimirse, Enrique alargó la mano, la sujetó del brazo con fuerza y la obligó a volverse. (pág. 189)

“¡Dime donde está! ¡Necesito hablar con ella! ¿Por qué no quiere verme?” -Con cada pregunta que formulaba, le daba una ligera sacudida, al tiempo que hundía los dedos en los brazos esbeltos. (…) “Me estás haciendo año. Suéltame ahora mismo” (pág. 190)

“No desea que la encuentres”. Al oír sus propios temores (…) Enrique sintió un potente arrebato de furia.

Nunca habría imaginado que un chico de trato fácil y relajado como Fran pudiera ponerse tan furioso. (pág. 250)

“Oye, niñato, no se te ocurra llama a mi novia si no quieres que patee tu apestoso culo con una de mis botas, ¿entendido?” (pág. 254)

Furioso, maldijo al destino que, una vez más, le arrebataba de golpe algo importante, maldijo a Inés por haber accedido a hacer el amor aquella noche (pág. 284)

Apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. De pronto, le entraron unas ganas irresistibles de entrar ahí dentro, agarrar a Inés por los hombros y sacudirla hasta descolocar todos y cada uno de los huesos de su embustera persona. (pág. 289)

¿Fuerte? Pues llevo apenas la mitad del libro leído. Me lo voy a acabar por pura cabezonería aunque sé de sobras cómo va a acabar esto y aunque me estén dando arcadas por momentos. Salvo que me sorprenda y Enrique coja su ordenador portátil último modelo, se conecte a www.locasdelcoño.com, lea la guía para no ser un violador, comprenda que lo que le ha hecho a Inés al poner su erección por encima de la voluntad de ella es despreciable, y a continuación se entregue en la comisaría más cercana presa de los remordimientos de conciencia, no le veo yo a esto mucho margen de mejora.

Y se supone que todo esto es “romántico”. El amor romántico tal y como yo lo entiendo no tiene nada que ver con esta mierda, y sí tiene mucho más que ver con el respeto hacia la otra persona, sus ritmos y sus necesidades. Si la otra persona no quiere follar contigo, te aguantas y no la presionas. Si la otra persona no quiere verte, te jodes y no persigues a sus amigos, ni te esperas en la puerta de su casa como un acosador. Si te pones histérico y te entran arrebatos de rabia, te pegas cabezazos contra la pared. Pero vender todo esto como romanticismo es vergonzoso, tóxico y dañino.

Machirulada detectada
Autora: @Lidia_Linoche
 

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