Lo que ha ocurrido (de verdad) con Locas del Coño. La historia completa que no te van a contar

Cómo Lidia Infante se ha cargado a todo el equipo original de Locas del Coño para convertir en un negocio personal un proyecto que nunca ha sido suyo.

 

Locas del Coño es un proyecto que iniciamos en noviembre del 2015 entre varias personas: Ro, Lidia, Gis, Altair, Graci, Ana María y yo.

Por x motivos, Ana María prácticamente no participó en los inicios del proyecto y acabó saliendo sin mayor repercusión y nos quedamos Ro, Lidia, Gis, Altair, Graci y yo.

¿Cómo nació Locas del Coño?

Fue un regalo que le hice yo a Ro de la Torre. Así de sencillo. Locas del Coño, en caso de pertenecer a alguien, es a Ro a quien correspondería, ya que es un regalo que le hice. Yo compré el dominio y se lo regalé a ella, lo alojamos en mi hosting para que tuviera un lugar donde publicar su entrada “Qué niña tan bonita” que le habían borrado de Facebook por reportes organizados, algo a lo que ya estamos acostumbradas. Locas del Coño nació para ser el blog personal de Ro, que se convirtió en proyecto colaborativo porque ella asumió que no iba a poder mantener un ritmo constante de publicación.

Si alguien tiene la legitimidad de decidir qué se hace con Locas, esa es Ro y nadie más que ella. Y hasta donde yo sé no se ha pronunciado al respecto.

Los inicios y la organización del “trabajo”

Rápidamente Locas del Coño se convirtió en algo más grande que nosotras. Y muy pronto nos vimos desbordadas. Establecimos un flujo de trabajo que nos tenía colapsadas, se generaban cuellos de botella importantes y llegaron las tensiones. Ro quería revisar todos los artículos que se publicaban y darles su aprobación final (algo lógico teniendo en cuenta que la web era suya desde el minuto cero), pero en época de exámenes o en determinados momentos en que temas personales se lo impedían no podía revisar y publicar. Gis era la encargada de poner imágenes a los artículos, y lo mismo: cuando estaba muy desbordada con los estudios o con su vida personal los artículos se atascaban y el “trabajo” se acumulaba. Lidia y yo nos encargábamos de optimizar el SEO de los artículos para que aparecieran correctamente en google y en las redes sociales, y para ello dependíamos de la revisión final de Ro y de la imagen de Gis. Este flujo de trabajo generó muchas tensiones internas. Para ellas era una responsabilidad mantener el flujo de trabajo, y quien se encargaba de la coordinación del equipo era Ro y yo quien se encargaba de las tareas relacionadas con el mantenimiento de wordpress.

Las tensiones internas

He puesto “trabajo” entre comillas porque siempre he sido muy reacia a considerar Locas del Coño un trabajo. Yo lo consideraba voluntariado, algo que hacíamos porque nos gustaba pero sin agobiarnos. Pero entre Ro, Gis y Lidia las discusiones eran constantes y cada vez más agrias. No publicar un post en Facebook ocasionaba gritos e insultos por falta de responsabilidad y compromiso con el proyecto, ir agobiada por los exámenes o tener un horario incompatible con las horas que nos habíamos marcado para publicar en redes sociales generaba discusiones de grueso calibre, estar un par de días sin publicar nada era un drama de dimensiones colosales.

A mí todo esto me parecía desproporcionado y trataba de quitarle hierro al asunto, probablemente mi actitud no ayudaba ya que ellas sí lo veían como una responsabilidad y el que para mí no lo fuera no lograba calmarlas sino transmitirles la idea de que no me importaba lo más mínimo. No fue así: me he dejado la piel y he sido la cara visible de Locas del Coño, mi dirección y mi teléfono figuran como titular del dominio, me he comido odio troll de dimensiones desproporcinadas, he currado como una leona para sacar adelante el proyecto… Pero para mí no era un “trabajo”, y si algo no se puede hacer hoy y se hace mañana, no pasa nada. Primero el autocuidado y después el activismo. Ahora veo claro que mi actitud les generaba una imagen de pasotismo que, si bien no se corresponde con la realidad, no contribuía en nada a relajar el ambiente.

La ruptura

El grupo estuvo a punto de romperse en numerosas ocasiones, Gis y Lidia directamente no se hablaban, y en un momento dado se llegó incluso a votar por la expulsión de Lidia del grupo. Altair y yo nos opusimos. Lidia hacía ya bastante tiempo que había decidido que Locas del Coño sería su trampolín profesional y no estaba dispuesta a marcharse voluntariamente.

Gisella y Ro se acabaron marchando a principios de agosto, se despidieron públicamente argumentando “asuntos personales” para hacer el menor daño posible y se desvincularon del proyecto. Su marcha nos dejó a Graciela, Altair y a mí en shock. Lidia tenía asumido que ocurriría y quería trabajar en sustituirlas lo antes posible para seguir avanzando, mientras las demás aún estábamos intentando gestionar el duelo. Para nosotras no era un trampolín profesional ni una plataforma donde nuestro ego campara a sus anchas.

Gis se negó a que siguiéramos utilizando su logo y la imagen de las brujas que ella había hecho con todo su cariño para Locas del Coño porque para ella ya no representaba aquello para lo que fue creado, y fue en ese momento cuando Lidia contactó con varias diseñadoras y acabó eligiendo a Miren Leyzaola que fue quien finalmente diseñó el nuevo logo y la cabecera.

Nueva etapa: el reinado de Lidia Infante

Tras la marcha se Ro y Gis es cierto que Lidia se quedó sola con todo el trabajo: seleccionar los artículos, editarlos, buscarles una imagen adecuada, programarlos, moverlos en redes sociales, moderar comentarios, atender a las preguntas que llegaban por distintos canales, etc. Durante este tiempo Lidia público lo que le dio la gana y nadie le pidió explicaciones, incluso en temas como el spot de Amarna Miller que no generaba precisamente consenso interno. No lo consultó y ya me pareció bien: si ella se estaba encargando de todo, tenía todo el derecho a decidir lo que publicaba. Tampoco vi incoherencia alguna en que utilizara el nombre de Locas del Coño en las entrevistas de trabajo que estaba haciendo, más aún cuando estaban relacionadas con el marketing online. Como le dije en una ocasión: si te lo estás currando, como mínimo que te rente.

Lidia y Ro tuvieron muy claro desde el principio que el proyecto tenía potencial para generar ingresos. A mí personalmente no me parece mal, especialmente si tenemos en cuenta que he tenido que ampliar en sucesivas ocasiones el hosting, poniendo el dinero de mi bolsillo, para sufragar el aumento de tráfico de Locas y las necesidades crecientes de Locas. La renovación del dominio, por cierto, también la pagué yo, aunque Ro ya no formaba parte del proyecto.

No obstante, esta etapa tampoco estuvo exenta de polémica y Altair acabó marchándose en octubre a mediados de octubre con un mensaje de despedida inapelable:

Lidia, cuando Ro y Gis se fueron yo pedí un tiempo de duelo y tú te empeñaste en que tú necesitabas hacer cosas. En realidad, creo que te has quedado con la página, y aunque es indudable que le has dedicado muchísimas más horas que yo, también es cierto que para ti LdC era un trampolín profesional y yo no lo veía así. LdC ya no es nada. Osea, sí, algo rentable, supongo, pero nada mio. Desconozco la postura de LdC sobre nada

Lo cierto es que ahora que releo las conversaciones, las despedidas de todas fueron en la misma línea: movidón con Lidia que explota después de mucho tiempo de enfrentamientos más o menos evidentes, en un momento dado alcanzan su límite y acaban largándose explicando los motivos por los que ya no consideran suyo el proyecto, por qué ya no se sienten seguras en el espacio, lo tristes que se quedan al abandonar el grupo y que lo sienten mucho pero ya no pueden más.

Cuando Lidia Infante convirtió Locas del Coño en un negocio a escondidas

En fin, como decía me parece legítimo monetizar el proyecto: le echábamos muchísimas horas, pusimos mucho esfuerzo y a mí además dinero, y no veía incoherencia en poner publicidad no intrusiva.

El problema viene cuando las posibilidades de generar ingresos te ciegan y quieres convertir un proyecto de voluntariado que se sostiene gracias a las aportaciones de trabajo gratuitas de las autoras y las ilustradoras, en una empresa y además sin decírselo a nadie. El problema viene cuando lo escondes, cuando publicas posts patrocinados sin indicar en ningún sitio que es publicidad y que la empresa cliente ha pagado para que reseñes el producto del que estás hablando; cuando en ningún sitio les dices a las personas que están poniendo su corazón en cada historia y en cada ilustración, que pretendes utilizar sus testimonios para labrarte una carrera profesional como directora de la revista y un sueldecito majo; cuando en ningún sitio avisas de que es un negocio y lo haces a escondidas; cuando pretendes dirigir un equipo sin preguntar a ese equipo qué opinan al respecto, sino que lo presentas como un hecho consumado. El problema viene cuando te crees la jefa y empiezas a dar órdenes, a machacar a gente…

Todo eso es poco ético.

El nuevo equipo

Con Graciela con una fuerte recaída en su enfermedad que la tuvo fuera de juego, ya solo quedábamos del equipo original Lidia y yo. En todo esto, Lidia cambió de trabajo y me estuve encargando de la edición de los artículos en solitario y de la moderación de la página de Facebook, mientras ella era prácticamente la dueña y señora de la cuenta de twitter como lo había sido prácticamente desde el principio (yo he entrado en contadas ocasiones).

Con esta situación, Lidia contactó con Miren Leyzaola para el nuevo logo, y con Sol y Alba para incorporarlas al equipo de edición. No tengo ni la menor idea de qué condiciones ha pactado con ellas ni qué les ha explicado. Y también entró Li Kackynski, que llevaba tiempo pidiendo entrar, algo que Lidia había estado retrasando todo lo posible. Fui yo quien insistió en que me parecía que Li podría aportar mucho al equipo, lo que no calibré bien es todo lo que también podía restar.

Li siempre ha sido la guardiana de las esencias del movimiento transfeminista interseccional, dándonos con la vara cada vez que metía la pata. ¿Que digo que un video me parece “blanco” como sinónimo de blandito? Me llama la atención para que cambie la expresión por otra que no ofenda a la gente de color. ¿Que mando a alguien a tomar por culo? Llega ella y me reprende por usar una expresión homófoba. ¿Que cuelgo un comentario de youtube en el que nos dicen que ayudar con la cena es dictadura hembrista y que lo próximo será amputarles el pene y bebernos su sangre? Allí está Li para advertirme que ponga un aviso (trigger warning) sobre amputar penes y transfobia porque puede ofender sensibilidades. Y así constantemente. Es un trabajo necesario, está bien que alguien avise de estas cosas, pero también es agotadora. Es como tener a la policía del lenguaje todo el santo día observando por encima de mi hombro y multándome cada vez que hago algo mal, que es siempre que abro la boca.

El principio del fin

Es de sobras conocido que durante todo estas últimas semanas hemos sufrido un acoso machista como no había visto en mucho tiempo. Grupos organizados para cerrar perfiles de activistas y páginas feministas por la vía de reportar en masa, nos han hecho perfiles FAKE y han hecho circular capturas de pantalla con tuits falsos con nuestras fotos y nuestros nombres, así como el de Locas… Ha sido desquiciante, una semana horrible. Durante esta semana Lidia se ha comportado como una pequeña déspota, y sí, admitió que me había machacado un montón y me pidió perdón, cualquier otra no le habría tolerado los comportamientos que tuvo conmigo.

Durante este tiempo en el que me ha estado cayendo mierda no me he sentido apoyada por el resto del equipo. NINGUNA de mis compañeras ha dicho ni pío de los tuits fakes que estaban circulando sobre mí y me consta que los han visto. Cuando se lo reproché a Lidia, porque cuando empezaron a circular los tuits falsos con su nombre rápidamente utilizó la cuenta de @locarconio para dar la alerta pero cuando me ocurrió a mí me tuvo 10 días sola sin avisar, su respuesta fue que tenía la contraseña de la cuenta de twitter, que podía haberlo hecho yo… Hombre, sí, pero igual un poco de apoyo por parte de todas se habría agradecido.

Durante este tipo aguantando el chaparrón, yo seguía ocupándome en solitario de la edición de los artículos, y recibiendo broncas de Li por no haber corregido expresiones que no tocaban. “Esto es capacitista”, “esto es tránsfobo”, vale, muy bien, yo no lo veo tan tan tan evidente, pero oye si lo tenéis claro editadlo vosotras. Hasta que un día, en plena tormenta, les aviso que para los próximos días está previsto publicar algunos artículos de los que no estoy del todo convencida, que he pulido todo lo que he podido para evitar los puntos más conflictivos pero puesto que no teníamos una línea editorial definida y en principio dábamos cabida a todas las corrientes feministas, prefería que le echaran un vistazo. Y les pasé el enlace del post en concreto que me generaba dudas. La respuesta de Li fue “ok, mañana lo miro”. No lo revisó y el post apareció publicado tal cual yo lo había dejado.

Este post que generó la polémica era un testimonio de una mujer que nos explicaba indignada que el entrenador del equipo de fútbol de su marido había tenido la brillante idea e invitar a todo el equipo a un streaptease como premio por haber ganado la liga. La autora estaba indignada y criticaba al perfil de hombre que considera que las mujeres son “un premio”. Esta postura cabreó a las putas empoderadas y las aliadas pro-sex, que exigieron que el artículo se eliminara de la web y publicáramos una disculpa. Esta postura fue la que mantuvo Li Kackynski mientras Lidia Infante la apoyaba de forma tibia. Yo me negué a que el artículo fuese eliminado de la web, mi postura era (y es) la de abrir el debate, desde el principio Locas del Coño era un espacio plural donde tenían cabida todas las sensibilidades dentro del feminismo, donde estábamos abiertas a publicar argumentos en uno y otro sentido sobre un mismo tema. ¿Por qué no publicar un mismo día un artículo con argumentos abolicionistas y otro sobre la legitimidad del trabajo sexual y la necesidad de regularlo? De repente yo, que había advertido que no estaba del todo segura de ese artículo y les había pedido que lo revisaran, me había convertido en “la abolo”, el enemigo a abatir.

Todo esto no es una pataleta porque me censuren un post, ni siquiera era mío y ni siquiera estaba del todo convencida. Esto es una protesta porque un grupo determinado ha secuestrado un proyecto que era nuestro y ha impuesto su particular visión sin consultar a nadie.

 

Las tres (Lidia, Li y yo) compartíamos grupo sobre feminismo pro-sex, y alguien colgó ese artículo tildándolo de pura mierda. Lidia les ofreció a ellas el poder de veto de un artículo, pasando por encima del criterio del resto del equipo. Porque sí, porque le pareció bien. Yo di la cara por el equipo entero y dije que el artículo lo había editado yo, y defendía que se pudieran argumentar todas las posturas, y que alguien explicara qué veía de malo en ese artículo. Ni Li ni Lidia me respaldaron y fui expulsada fulminantemente de ese grupo sin la menor explicación. Llegados a ese punto me planté. Si el artículo era eliminado, yo me largaba de Locas. Li también se plantó: si el artículo no se eliminaba, la que se largaba sería ella. Había que tomar una decisión. Lidia tenía que tomar una decisión, y no lo había consultado con el resto de las compañeras a las que ella misma invitó a participar. Ni Sol, ni Miren, ni Alba ni Graciela estaban al tanto del cisma que estaba a punto de producirse ni de los motivos.

Estuve pensándolo durante horas, y a eso de las 12 de la noche les envié un mensaje. Estaba harta de tragar tanta mierda, he sido la cara visible de Locas del Coño durante más de un año, he tenido que tragar muchísima mierda y no me sentía apoyada. Lidia estaba a lo bonito, para la relación con los medios de comunicación, para cobrar por los ingresos de publicidad y por los posts patrocinados; mientras que yo estaba para la parte fea, para los temas más técnicos, para poner dinero, para ser el punchin-ball de los trolls. Y encima no me respaldaban. Estaba harta y no podía más. El artículo y el cederle poder de veto en nuestro espacio a un grupo que me acababa de expulsar a mí me parecía el colmo. Llevaba demasiado tiempo tragando con ideas que no comparto por el consenso, por la concordia. Tragué con no mencionar la palabra “mujer” cuando hablamos de la censura al logo que representa un coño, tragué con que de repente fuésemos transfeministas y pro-trabajo sexual sin que se hubiera consensuado una línea editorial, incluso estaba dispuesta si la mayoría del equipo así lo decidía a borrar el artículo de marras, que ni siquiera era mío. Pero cederles el control de los contenidos a un grupo externo, sin consultar a más de la mitad de las compañeras, y que además este grupo pretenda tener el poder de censurar una línea de pensamiento que, les guste o no, existe actualmente en uno de los debates abiertos dentro del feminismo que más pasiones levanta, eso era demasiado para mí. Fue la gota que colmó el vaso y lo que me hizo decir “hasta aquí”. Esas no son las Locas del Coño con las que inicié este proyecto.

Al día siguiente de mi salida, Lidia borró el post que tanto había molestado a las putas empoderadas. Y ahí fue cuando decidí hacerlo público: ese feminismo que censura una línea de pensamiento y rehúye el debate no me representa. Ese feminismo misógino, al que le da miedo utilizar la palabra “mujer” para no ofender a las personas trans, no me representa. Y esa línea que va por libre no me representa.

Hasta aquí hemos llegado

Al día siguiente de mi salida, publiqué un post cargado de rabia, sarcasmo, mala leche. Ese artículo contenía un párrafo que ha molestado al colectivo vegano, se han quedado con un párrafo y han obviado el resto. Y han iniciado un flame que era justamente el origen de todo esto: cómo la discrepancia en un punto se convierte en una enmienda a la totalidad de la persona. Me están poniendo de mierda en adelante. Personalmente llegados a este punto ya me resbala, pero me sigue doliendo que de lo único de lo que se preocupen mis “compañeras” sea de limpiar el nombre de Locas del Coño, de preservar la imagen de marca para poder seguir haciendo negocio, y de que quede bien claro que un post que he publicado en mi blog y que no ha aparecido en ninguna de las redes de Locas del Coño no tiene ninguna relación con Locas del Coño. Que quede bien claro que yo ya no estoy en el equipo y que solo me represento a mí misma. Que la imagen de Locas del Coño quede limpia, que hay anunciantes esperando y esto les perjudica.

 

 

Llegadas a este punto, echo la vista atrás y me doy cuenta de que Lidia se ha comportado conmigo de forma interesada. Que lo único que le ha importado durante todo este tipo es utilizar la plataforma Locas del Coño para promocionarse, para ganar dinero, para hacerse un nombre, y todo lo demás le ha dado igual. Me siento utilizada.

No contestas con eso, me entero de que están preparando un “comunicado” para “desmarcarse” del artículo que he escrito en mi blog. Y ahí me planto. Hay que renovar el hosting, estaban avisadas de que vencía y había que renovarlo, ya habíamos hablado de moverlo a otro hosting y liberar el mío. Y en vista de la situación, yo no iba a pagar para que encima me insultaran. Les pasé la copia de seguridad hasta ese minuto y segundo a Lidia para que hiciera con ella lo que le diera la gana, tienen todo el material para montar la web donde quieran, no me he quedado nada. Y aun así, como son rastreras e interesadas, me están acusando públicamente de haberles “robado” el dominio. No te pueden robar algo que nunca fue tuyo, eso para empezar. Locas del Coño nunca fue de Lidia Infante, así que acusarme de robarle el dominio es rastrero. Es Lidia Infante quien se ha apropiado de un proyecto que no le pertenece para su lucro personal a costa del esfuerzo de mucha gente, y sin decir nada a nadie.

Si Lidia Infante quiere montar una empresa para lucrarse con los testimonios y con el trabajo de otra gente, es muy libre de hacerlo. Incluso si quiere utilizar el material generado durante este año y pico que hemos compartido en Locas del Coño, puede hacerlo si lo desea porque tiene todos los archivos y la base de datos, tiene todo el material para hacerlo. A mí me sigue pareciendo que no confesar los intereses que te mueven es cuanto menos una postura poco ética, además de injusta para las colaboradoras que te ceden sus testimonios y sus ilustraciones por puro amor al proyecto. Demuestras tener muy poca vergüenza y muy poco respeto por ellas, además de dejar claro lo interesada que eres cuando dejas a tus compañeras tiradas porque te preocupa más tu lucro económico. Conmigo no cuentes para eso. Yo no voy a echarles una mano en la migración a otro hosting ni falta que les hace: ellas tienen todo el material para montar el proyecto en otro sitio y ya están trabajando para lanzar locasdelcono.com

Hay que ser rastrera y tener poca vergüenza para acusarme de robar cuando, con el material que les pasé, ya tienen prácticamente montada la web en el dominio locasdelcono.com. “Conseguiremos recuperar vuestro contenido”, dicen como si se tratara de un rescate de rehenes cuando le pasé los archivos a Lidia para que montara la web en otro histong. Hace falta ser rastrera. Yo pensaba que era mi amiga y no era más que una persona interesada y ruin.

¿Qué va a ser de Locas del Coño a partir de ahora?

LdC seguirá. Es un negocio con un potencial lo bastante lucrativo como para que Lidia abandone. Ha conseguido cargarse a todo el equipo original y ahora lo controla ella con mano de hierro. Locas del Coño dejará de ser el proyecto comunitario que una vez conocimos y se convertirá definitivamente en la plataforma de Lidia Infante para promocionar la carrera profesional de Lidia Infante. Tienen material de sobra pendiente de publicar como para pasarse los próximos dos meses sin necesidad de recibir colaboraciones, hasta que pase la tormenta. Mañana o pasado publicarán un post de disculpa por el artículo abolo bajándose las bragas ante el lobby putero, y un comunicado en el que se cagarán en mis muertos muy sutilmente y casi seguro sin nombrarme, y la vida seguirá como si no hubiera ocurrido nada. Todo esto se olvidará en una semana o dos como mucho, salvo para las que estuvimos implicadas y acabamos marchándonos porque era imposible colaborar con Lidia sin someterte a sus imposiciones. Locas del Coño seguirá y será un medio feminista más, pero hace ya mucho que se perdió la magia.

 

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