Por qué creo que el veganismo y los trastornos de la conducta alimentaria tienen mucho en común (y @locarconio también lo cree)

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Aviso que este post va a ser largo, con numerosas citas y documentación. Tomároslo con calma, que escribirlo me ha llevado la hostia de tiempo. 

Contexto

Todo esto comenzó cuando empecé a conocer cada vez a más mujeres veganas en círculos feministas, y también en mi entorno cada vez más mujeres empezaban a interesarse por este tipo de alimentación, casi todas ya previamente concienciadas con diferentes movimientos sociales. Tampoco es sorprendente, dado que mi entorno se caracteriza en general por personas con diferente grado de movilización pero con conciencia de las injusticias que nos rodean, no me sorprendió demasiado. De repente todos los actos a los que acudía que duraban más de medio día, incluían comida vegana. Bueno, es normal, así todas podemos comer y no se discrimina a nadie, ok.

Autora: Connie Cann

Autora: Connie Cann

Hasta en una conversación informal alguien me comentó que estaba preocupada porque en su familia estaban planteando su internamiento en Bellvitge en la unidad TCAs, y que lo primero que le habían prohibido era la dieta vegana. Y no fue el primer caso así con el que me topé, conocí al menos a dos mujeres más en la misma situación que se quejaban de que las unidades médicas que tratan los trastornos de la conducta alimenticia no tenían ningún respeto para con su ética animalista. Y me dio qué pensar.

Empecé a fijarme en que todas las mujeres veganas que yo conozco padecen o han padecido algún trastorno de la conducta alimentaria. Una es mala suerte, dos es coincidencia, tres o más es un patrón. Y comencé a darle vueltas al tema. Bajo mi punto de vista, una unidad médica que trata pacientes con trastornos de la conducta alimentaria es lógico que no autoricen una dieta vegana. Estamos hablando de personas que tienen un problema de control que derivan hacia su relación con la comida restringiendo aquello que consumen como forma de tomar el control en sus decisiones, así que parece obvio que se centren en tratar el problema de fondo. Cito de la tesis doctoral de Isabel Cabetas Hernández, página 36, 1.3.5. Factores Para Elegir El Tipo De Tratamiento . Punto c) Factores de personalidad:

Los pacientes anoréxicos experimentan sentimientos de impotencia, pérdida de control, difusión de su identidad, sensación de ser manipulados por el Otro.

Poco tiempo después de aquellas conversaciones con ciertas conocidas fue la época en la que volví con mi ex, él estaba tratándose el problema de los celos compulsivos entre otras “cosillas”… y empezó a desarrollar una relación insana con la comida. Insana nivel controlar con una báscula de cocina el número de nueces que le ponía a la ensalada para no pasarse del número de calorías diario. Insana nivel llorar lágrimas como mi puño de grandes aquella vez que le puse una gotita de aceite de oliva para hacer el pescado a la plancha. Sin exagerar. Comenté la situación con Lidia, que es psicóloga y tiene TCA (ella misma lo ha contado en primera persona en la cuenta de twitter de @locarconio un millón de veces, no es ningún secreto). La opinión de Lidia, entiendo que una persona formada, capacitada y con experiencia, es que en este caso mi ex estaba canalizando su necesidad de control: al no poder controlarme a mí como hacía antes, con quien quedaba, con quien hablaba, a dónde iba, cómo me vestía… Y tampoco podía controlar que C. volviera, que quisiera verle, ni siquiera que le desbloqueara en el whatsapp y poder hablar… canalizaba esa necesidad de control hacia su relación con la comida. Yo no soy la más formada en el tema, pero me pareció una explicación razonable y viniendo de Lidia, con su formación y su experiencia, me pareció una evaluación acertada.

Bruch (1982) describe a las personas anoréxicas como personas que se autoperciben sin control de su conducta, sus necesidades e impulsos; no siendo dueñas de sus propios cuerpos. El veganismo les ofrece una opción socialmente aceptable de redirigir esa necesidad de control sobre su conducta con una coartada noble: la lucha contra el sufrimiento animal.

Pero vayamos al grano, que me disperso.

¿De qué hablamos cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA)?

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son trastornos mentales caracterizados por un comportamiento patológico frente a la ingesta alimentaria de carácter obsesivo. Son trastornos de origen multifactorial, originados por la interacción de diferentes causas de origen biológico, psicológico, familiar y sociocultural. Son enfermedades que provocan consecuencias negativas tanto para la salud física como mental de la persona.

Los TCA más conocidos son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, pero también existen otros, como el trastorno por atracón, la ortorexia (la obsesión por la comida sana) y la vigorexia (la obsesión por el ejercicio físico). En mi opinión, el veganismo tiene muchos aspectos en común con este tipo de trastornos, y a continuación intentaré explicar por qué.

Los TCA son enfermedades graves pero se pueden curar si la persona hace tratamiento con un equipo de médicos y psicólogos especializados. Esto NO implica que el veganismo sea una enfermedad, sino que comparte muchos rasgos con quienes padecen este tipo de enfermedades, y en no pocas ocasiones el veganismo otorga una coartada ética a quienes ya padecen este tipo de trastorno. No me atrevería a cuantificar el nivel de prevalencia de los TCA sobre personas con alimentación vegana frente al resto dado que es un fenómeno relativamente reciente como para que existan estudios con revisión por pares sobre el tema, así que solo puedo especular, pero intuitivamente diría que es mucho más alto que la media, aunque esta afirmación esté basada únicamente en la propia observación de mi entorno: el 100% de las veganas que conozco han padecido o padecen algún trastorno de la conducta alimentaria. No unas cuantas, no bastantes, no muchas: TODAS. Puede que sea simple casualidad, pero lo dudo mucho.

Si bien los TCA más conocidos son la anorexia y la bulimia, no son los únicos que existen, y la lista no está en absoluto cerrada. Por ejemplo el trastorno de evitación/restricción de los alimentos, si bien actualmente el diagnóstico está orientado a niños menores de 6 años, entre sus características implica un rechazo a la alimentación y variaciones extremadamente abritrarias de lo que es una conducta alimentaria normal, como podría ser (con una justificación ética plenamente respetable) el dejar de consumir productos que contengan así sea una mínima traza de componentes de origen animal, como por ejemplo revisar todos los productos de la lista de la compra de manera obsesiva en busca de trazas de componentes de origen animal como por ejemplo E-120, E-542, E631, E901, E904, calcio mesoinositol, hexafosfatos, etc. Cuando se llega a este nivel en mi opinión no estamos hablando ya simplemente de una actitud ética sino de un comportamiento obsesivo.

Los tratamientos para curar los TCA son largos y complejos. Un rasgo habitual de estos trastornos es la falta de conciencia de enfermedad por parte de la persona afectada. Esto quiere decir que la persona afectada no es capaz de identificar las consecuencias negativas del trastorno, ni de la necesidad de hacer tratamiento, ni tampoco los beneficios de este. Este hecho dificulta la adherencia al tratamiento en algunos casos. El papel de la familia es especialmente importante para intentar que la persona afectada reciba el tratamiento que necesita aunque no colabore en recibirlo. Y por eso las personas con TCA que se unen al veganismo están en un punto aún más peligroso que antes debido a la reafirmación ética y al apoyo del grupo, que les animará a evitar seguir un tratamiento para curar su TCA.

Veganismo, ortorexia, anorexia… Hablan las expertas

Conocido es el caso de Jordan Younger, una vegana australiana que fue diagnosticada de ortorexia, aprovechó su éxito en las redes sociales para publicar un libro al respecto: “Breaking Vegan: el viaje de una mujer desde el veganismo, la dieta extrema y la ortorexia hacia una vida balanceada“. Por cierto, cuando decidió abandonar el veganismo por motivos de salud, recibió amenazas de muerte, y es que la carencia de asertividad es otra de las características de las personas con TCA de lo que hablaremos más abajo y que atraviesa el activismo vegano de punta a punta. Younger describe así la situación a la que llegó en su relación con la comida:

“Padece usted ortorexia nerviosa”, le dijo el especialista al que consultó. Como Jordan, las personas que sufren este trastorno de la alimentación se obsesionan con lo que deben o no deben comer y siguen reglas muy rígidas sobre el estilo de vida y el ejercicio físico. “Me pasaba el día evitando cualquier rastro de productos de origen animal, preparando zumos, ideando en recetas de verduras, corriendo compulsivamente…”, cuenta hoy Jordan. “La idea de comer dejó de ser agradable y se convirtió en una auténtica pesadilla. Tenía en la cabeza cientos de reglas, prohibiciones, peligros, sospechas…

María Roncero, Profesora Ayudante de Doctor de la Universidad de Zaragoza en el departamento de Psicología y Sociología, miembro del grupo “Investigación y Tratamiento de obsesiones y compulsiones” (ITOC) dirigido por la Dra. Amparo Belloch, y premio extraordinario de doctorado en Psicología de la Universidad de Valencia con su Tesis “Los Trastornos de la Conducta Alimentaria y el Espectro Obsesivo Compulsivo: Intrusiones Mentales, Egodistonía y Creencias”, dirigida por las Dras. Amparo Belloch y Conxa Perpiñá, ya escribió allá por marzo del año pasado en Rasgo Latente el tema de la ortorexia en un artículo en el que explicaban por qué es algo más que comer sano:

(Los pacientes de ortorexia y TCA) tienen un patrón cognitivo que cuadra con el trastorno de personalidad obsesivo compulsivo: perfeccionismo, pensamiento rígido, excesiva entrega, hipermoralidad, y preocupación con los detalles y las reglas (Brutek-Matera et al., 2012). En ambos casos los pacientes están orientados al logro, valorando la rigidez del cumplimiento de sus dietas como una señal de autodisciplina. La necesidad de control, elemento que se ha destacado en la génesis de la patología alimentaria (Fairburn, et al., 1999; Polivy y Herman, 2002; Surgenor, et al., 2002), también se observa en la ortorexia. En el caso de los pacientes con TCA, la falta de control sobre la vida y emociones de uno mismo, o el control sobre el entorno familiar, le llevarían a volcarse en el control de la dieta y su cuerpo para lograr esa sensación de control, por lo que las desviaciones de su dieta las viven como un fracaso. (Moroze et al., 2014).

Creo que este meme vegano (junto al texto que le acompaña que me dedicaron) resume muy bien este pensamiento rígido, hipermoralidad y preocupación con los detalles y las reglas que menciona María Roncero.

Andrea Gil, nutricionista y dietista del ISEP Clinic, una red de centros multidisciplinarios, especializados en el asesoramiento, la evaluación y el tratamiento de problemas vinculados a la psicología, el aprendizaje y la salud, pertenecientes al Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), también lo tiene claro:

Las principales opciones alimentarias que son susceptibles de desembocar en ortorexia son el veganismo  y la alimentación macrobiótica. Estas se engloban dentro de una filosofía de vida y se prestan a que la persona piense que si consigue llevar la dieta ideal todo irá bien.

Angela Guarda, directora del programa de desórdenes alimenticios del hospital Johns Hopkins, comparte la misma opinión:

 “Veinte años atrás, la mayoría de los pacientes con anorexia eran vegetarianos. Hoy, sólo comen comida orgánica o dicen que son intolerantes a la lactosa o al gluten cuando sus exámenes reflejan lo contrario. Esconden en estas cosas sus miedos a comer alimentos calóricos”.

Micaela Urdínez también habla de la “trampa” de la vida sana y cita a varias expertas para relacionar ortorexia y veganismo:

Es la trampa de la vida sana. Son en su mayoría adolescentes, pero también adultos que detrás de una elección por el mundo orgánico, el vegetarianismo y el veganismo, esconden un desorden más profundo.

“Es un trastorno poco conocido. Comienza como un inocente intento por mejorar la calidad de la alimentación, pero con el tiempo aparecen las obsesiones sobre qué se debe comer y qué está totalmente prohibido“, explica Juana Poulisis, psiquiatra y autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios.

Para Olga Ricciardi, directora del Centro Especializado en Desórdenes Alimentarios (CEDA), la ortorexia es la presentación más moderna de la anorexia, que aparece como la fisonomía de un cuidado extremo por los alimentos que se consumen. De a poco se va acotando el modo de comer de manera absolutamente restrictiva, acompañado de rituales.

Desde la Fundación La Casita, empezaron a ver casos en la consulta en los últimos cinco años. “Tenemos un montón de pacientes que vienen con la idea de que son veganas o vegetarianas, pero te vas dando cuenta de que es más un trastorno alimentario encubierto que una filosofía de vida por la poca flexibilidad que tienen”, cuenta Julieta Ramos, coordinadora del área de psicología de la entidad.

Cuando las reglas que establecen los alimentos permitidos comienzan a coartar la vida de quien las aplica, aflora este desorden alimentario. “La elección de la comida y la variedad se convierten en algo tan reglado que, paradójicamente, puede llevar a problemas de salud”, agrega Poulisis.

Para Ricciardi, el principal riesgo es que no hay conciencia de la enfermedad y son personas que no están dispuestas a curarse de nada porque no hay nada que curar. “Y mucho menos hacer un tratamiento”, agrega.

Los padres cuentan que antes de enfermar eran como las «hijas perfectas», con buen rendimiento académico. Tanto es así que encaran la vida saludable con la misma exigencia, llegando al momento en que lo saludable se distorsiona y ya todo les hace mal”, expresa Paula Hernández, también coordinadora del área de psicología de La Casita.

Carmen García, Doctora en Psicología y Profesora Asociada del Departamento de Psicología Social y Metodología en la Universidad Autónoma de Madrid, ya en 2007 se refería a la ortorexia como:

una de esas enfermedades consideradas de última generación. Este trastorno supone una preocupación extrema por comer lo más sano posible. Un hábito que a pesar de parecer positivo puede convertirse en una obsesión cuando las personas que lo padecen lo convierten en una forma de vida.

Así es como aparecen estos pacientes por nuestras consultas de psicosomática, endocrinología, psiquiatría y trastornos de la conducta alimentaria.
Desconciertan por su seguridad, su buen porte y racionalidad. Pero pronto, si se sabe descubrir, aparece el perfeccionismo, la personalidad anancástica o el talante obsesivo en su pensamiento, su afectividad y su conducta.

La psicóloga Natalia García asegura que el origen de estas obsesiones irracionales acerca de la comida están relacionadas con un exceso de información inadecuada y sesgada. Internet se ha convertido en el referente informativo de muchas personas, pero estos datos, interpretados de una manera inconveniente, pueden derivar en trastornos obsesivos importantes

TCA y carencia de asertividad

En cuanto a la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, Williams et al exponen que los pacientes con trastornos de la conducta alimentaria se perciben a sí mismos como muy controlados por su familia y sociedad, pero ellos no actúan de forma asertiva con sus «controladores». Posteriormente investigadores del mismo grupo determinaron que la carencia de asertividad está de acuerdo con rasgos de sumisión o timidez y sentimientos de inutilidad personal y sugieren que la paciente, a pesar de percibir un control externo, no tiene el repertorio conductual para contrarrestarlo o neutralizarlo. Una forma de conducta no asertiva es la agresión/hostilidad*.

Diversos autores han señalado que las pacientes con patologías alimentarias presentarían, antes del desarrollo de la enfermedad, problemas de autonomía e independencia y de aceptación de las dificultades de la vida adulta, problemas interpersonales, con introversión, inseguridad, dependencia, ansiedad social, falta de asertividad y dificultades para las relaciones heterosexuales, sensación de ineficacia, fracaso y falta de control en su vida escolar, laboral o de relación, tendencias perfeccionistas con rasgos obsesivos, rigidez y extremismo en la evaluación de los problemas. ¿Podéis decirme en serio que esta descripción, especialmente a lo que respecta a las tendencias perfeccionistas con rasgos obsesivos, rigidez y extremismo en la evaluación de los problemas, no encaja a la perfección en la descripción del colectivo vegano? Sobre este tema os recomiendo el libro Habilidades sociales y anorexia nerviosa, de Elena Gismero González, en especial el capítulo 7: Estudio experimental: Anorexia nerviosa y conducta asertiva. Su relación con el autoconcepto, actitud hacia el cuerpo y locus de control.

Garner y Garfinfel fueron los primeros autores que establecieron una relación entre el aislamiento social y la falta de autoestima y autoafirmación en pacientes anoréxicas. Toro y Vilardell explicaron las dificultades en las relaciones sociales que presentan estas pacientes, mayoritariamente mujeres. Y el veganismo ha venido al rescate de personas con este perfil que de entrada presenta graves dificultades en sus relaciones sociales, ofreciéndoles una aceptación y reconocimiento de grupo frente al enemigo exterior: los malvados especistas carroñeros comecadáveres.

Bruch las describe como padeciendo una paralizante sensación de ineficacia personal, con ausencia de autoaserción, con destacada deferencia y sumisión. Asimismo, atribuye la predisposición fundamental a un déficit del yo, en lo que se refiere a autonomía y dominio del propio cuerpo, que da lugar a un «sentido de ineficacia personal».

Numerosos veganos se han sentido ofendidos cuando en un post anterior comparé el veganismo con la anorexia y han reaccionado poniendo de manifiesto la falta de asertividad que precisamente caracteriza a las personas con este tipo de trastornos: insultándome. Les ha ofendido que compare su estilo de vida con un trastorno mental, a lo que les recomendaría que se autoaplicaran una recomendación que tienen muy a mano: revísate los privis. En este caso, revisaos el capacitismo, porque ofenderos porque se asocie una conducta obsesiva con una neurodivergencia es pelín capacitista.

Pero es que además la anorexia no se caracteriza exclusivamente por dejar de comer para estar delgada, igual que ellos mismos insisten en que el veganismo no es solo una dieta sino un estilo de vida comprometido con ocasionar el menor daño posible al planeta y evitar el sufrimiento animal. La anorexia y la ortorexia están muy relacionadas con el control, con el perfeccionismo, igual que lo está el veganismo. Manuel Álvarez Romero, director del Centro Médico Psicosomático de Sevilla y la Unidad de Medicina Psicosomática de la Clínica Universitaria de Navarra-Madrid lo denomina “El síndrome del Perfeccionista: el Anancástico” (edic. Almuzara, 2007) es un buen recurso terapéutico, tanto para el profesional de la salud como para los pacientes afectados por los TCA.

De ahí que el veganismo esté tan relacionado con movimientos que luchan por la justicia social y la eliminación de todo tipo de discriminación. Y de ahí el alto nivel de autoexigencia en colectivos veganos, que deben cumplir unos estándares altísimos, propios de “la feminista perfecta” y evalúen a los demás con esos mismos parámetros.

“Pues a mí el veganismo me ha ayudado a mejorar con mi TCA”

¿Que hay pacientes a las que el veganismo, por el contrario, las ha ayudado a mejorar con su TCA? No lo pongo en duda, todo lo contrario, tiene lógica. Cito de la tesis doctoral de Isabel Cabetas Hernández:

Página 12:

Las anoréxicas no sólo siguen la moda bajo la presión social sobre la imagen del cuerpo femenino. Están muy perdidas, sin cohesión grupal, e influenciadas por los cambios sociales que repercuten en el plano familiar. Muy deseosas de ser integradas en la sociedad aunque ello les suponga arriesgar su salud a tal extremo que pueden perder la vida. Y en su ambivalencia, muy deseosas de ser diferentes. Impregnadas de la correlación publicitaria entre la valía y el control de peso, pero hasta el extremo de hacer de la delgadez el motivo más necesario e importante para ser “bien vistas”. Dependiendo de la opinión social, como prolongación de su dependencia con los padres, que siente que se avergonzarían de tener por hija a una “gorda impresentable”.

Página 94:

Hay sentimientos de soledad, abandono y vacío interior que se traducen en una gran inestabilidad afectiva, con cambios frecuentes e intensos en el estado de ánimo. La pauta interaccional básica de estas pacientes está caracterizada por una actitud mantenida de desconfianza y tendencia al aislamiento, destinada a evitar todas aquellas relaciones interpersonales en las que pudiera aparecer un componente afectivo o, cuando menos, una definición de si por parte del Otro. Esta tendencia les lleva a reducir progresivamente su mundo exterior empujándoles a una soledad que termina por serles insoportable. Poco a poco abandonan sus intereses y centran su vida en un continuo combate contra el hambre para estar delgada, única fuente de gratificación narcisista. La sensación de apresamiento, de saberse encerradas en una situación sin salida, hace surgir en las pacientes un fuerte sentimiento de ineficacia y una tristeza que no es otra cosa que desesperación, incapacidad y aislamiento. Acceder a estos sentimientos profundos no es tarea fácil y la actitud de las pacientes en sus contactos interpersonales resulta ser una barrera que dificulta la aproximación. Se apodera de la anoréxica una dinámica que podríamos llamar “de poder y control”, dentro de la cual el rechazo de la comida estaría encaminado a proporcionar la delgadez y con ello un sentimiento de autonomía y efectividad.

Las mujeres que padecen anorexia nerviosa se distinguen por sus déficits en aserción de otros grupos de mujeres. Si el veganismo les permite no tener que dejar de comer, pasar hambre, darse atracones y purgarse luego; si el veganismo les permite alimentarse aunque controlando hasta niveles obsesivos los ingredientes de todo lo que ingieren; si les veganismo les permite no tener que esconderse; si el veganismo les da cohesión social, el soporte de un grupo que les permite salir de ese aislamiento y esa soledad; si el veganismo les da una pátina de diferente pero integradas dentro de un grupo… Es normal que los síntomas externos de su TCA mejoren, pero eso no significa que el veganismo les haya curado el TCA, sino que les ha ayudado a soportarlo. La dinámica del poder de control simplemente se ha desplazado de comer lo mínimo imprescindible a comer con unos criterios éticos ultra-estrictos, pero no ha desaparecido.

Para terminar esta parte, una reflexión de la anteriormente mencionada María Roncero:

se sienten satisfechos consigo mismos cuando consiguen ceñirse a su ideal de alimentación saludable. Se sienten superiores al resto de la gente por sus hábitos alimentarios y tratan de convencer al resto de personas sobre sus beneficios (Mathieu, 2005).

Activismo vegan y la conducta no asertiva: agresiones, amenazas falta de empatía y hostilidad.

Comparar el especismo con el holocausto y negarle importancia al segundo. Con dos cojones. Comparar el genocidio de millones de judíos, gitanos, homosexuales, neurodivergentes y personas con diversidad funcional gaseadas en las cámaras de gas nazis con los mosquitos que se estrellan contra los parabrisas de los coches, porque todas las vidas son iguales. Menos mal que los antiespecistas son más empáticos que el resto, que si no…

Esto texto de aquí debajo lo han publicado en la página de Podemos Animalistas que no voy a enlazar porque este año pienso practicar con fruición el NO ENLAZAR MIERDAS. Me declaran “persona non-grata” (habrán hecho una asamblea para decidirlo) aunque no me queda claro si solo en el Círculo Animalista o en todo Podemos. Y se marcan esto de aquí, que no tiene desperdicio. Hay que ser muy osado y tener poca vergüenza para, con todos tus santos cojones, llamar maltratadora a una persona por el mero hecho no ser vegana.

¿Queréis ejemplos de conducta no asertiva y agresión/hostilidad procedente de veganos? ¿Queréis ejemplos de animalistas completamente faltos de empatía? ¿Queréis ejemplos de veganos que presumen de ser los más y mejores feministas y que tienen de feministas lo que yo tengo de Miss Camiseta Mojada? Allá van.

¿Cuántos puntos te dan en el carnet de true feminist cuando le dices a otra mujer que ojalá la violen? ¿Y cuando llamas a otra mujer fea gorda malfollada? ¿Cómo de feminista es decirle a alguien que está gorda y te reirás cuando se muera de cáncer? ¿Cuánto feminista es llamar a una mujer “hembra de mierda, no se te puede llamar mujer, larva gorda de mosca comecarroña“? Como mínimo, querides amigues de Podemes Animalistes, yo aquí veo una contradicción flagrante.

Y esto no es nada más que mi experiencia personal. Como decía antes, a la bloguera ex-vegana Jordan Younger cuando hizo público que abandonaba el veganismo por problemas de salud algunos activistas por los derechos de los animales y veganos le hicieron llegar amenazas de muerte y variados insultos como: Voy a asar a tu familia a la parrilla” “No estabas comiendo lo adecuado” “Esta es la peor decisión que pudiste tomar” “Nunca fuiste vegana, no merecés serlo”, entre otros.

Me resulta cuanto menos curioso que me digan que el especismo, es decir, la discriminación hacia los animales basada en consideraciones morales que considera a los seres humanos como titulares de una serie de derechos de los que los animales carecen, es incompatible con el feminismo, y que por lo tanto si eres especista y consideras que los seres humanos están por encima de los animales no puedes ser feminista, ni comunista, ni anarquista, ni ecologista, ni nada, y luego tengáis toda esta mierda metida en el activismo y no consideréis la más mínima autocrítica hacia adentro, mientras os dedicáis a atacar a hacia fuera.

Creo que el antiespecismo comete un error de base, o al menos es lo que a mí me hace desconectar del movimiento: antropomorfizar a todos los seres vivos, es decir, dotar a los animales de características propias de los humanos para intentar que empaticemos con ellos. No hace falta, en serio: si me hablas de maltrato animal, me vas a tener a tu lado. Pero si me dices que no puedo denunciar violaciones a “hembras humanas” (sic) si consumo lácteos porque a las hembras vacas también las violan… suerte tendrás de que no te escupa en la cara, porque semejante argumento misógino que se mes en las víctimas de violación yo no quiero tener absolutamente nada que ver.

 

https://twitter.com/eticasatelital/status/815593688445362176

Y si me dices que darle lácteos a un niño es maltrato infantil, mi reacción puede bascular entre la indignación o la sonora carcajada, según tenga el día.

Por suerte hay veganos que han entendido que con esa estrategia no van a lograr convencerme. Y menos aún por la vía de insultarme o desear que me violen, porque un movimiento que dice luchar por un mundo con el menor sufrimiento posible de todos los seres vivos albergue en su seno sin la menor autocrítica a personas que te desean la muerte o violación por estar en contra de ese argumentario misógino y antropocéntrico no parece muy coherente. Y si al menos observara una cierta crítica en el movimiento hacia este tipo de “activistas”, aún cabría tener algo de esperanza, pero todo lo que he encontrado han sido justificaciones y tibia equidistancia. Ejemplo de equidistancia y justificación de las agresiones precisamente por parte de quién me llama maltratadora (no os molestéis en buscar los comentarios: los han borrado todos):

Así que después de más de 4.500 palabras para explicar mi postura, de citaros a numerosas expertas en el tema y de exponer los motivos, el resumen es que SÍ: sigo pensando que el veganismo tiene muchos puntos en común con los trastornos de la conducta alimentaria, que pese a que el planteamiento ético en contra del sufrimiento animal es muy loable, ampara en su seno a personas con trastornos de conducta alimentaria y problemas de socialización, y es peligroso en cuanto a que les da cobertura ética.

PD: Los argumentos contenidos en este artículo tienen el seal of approval de la actual Comandante en Jefe de Locas del Coño. Si en algún sitio leéis u os cuentan que “me fui/me echaron” por no estar de acuerdo con el resto del equipo en este tema, es simplemente MENTIRA.

Referencias:

 

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