Transactivismo y feminismo radical (radfem): guerra abierta

Publicado en Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,

Disclaimer: hace unos meses escribí una entrada sobre las definiciones, las principales características de la teoría de género y los debates abiertos en el seno del feminismo radical y el transfeminismo. Con el fin de no hacer esta entrada demasiado larga, recomiendo leer antes la entrada anterior para resolver las dudas básicas.

Marco teórico

La teoría queer se sustenta en varios teóricos y sus textos académicos sobre el género. En especial me gustaría citar Testo Yonki, publicado con el nombre de Beatriz Preciado (hoy Paul B. Preciado), activista y filósofo transmasculino que promueve un concepto inicialmente muy potente, el hacking del género, dinamitar los estereotipos de género, para acabar cayendo en una misoginia apabullante cuando afirma que si las mujeres no nos chutamos testosterona para combatir nuestra inferioridad política y pasar como hombres, será porque en el fondo no queremos el poder y nos gusta que nos discriminen.

Judith Butler es una catedrática de la universidad de Berkeley, autora de retórica enrevesada y confusa que, con su obra El género en disputa y Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo entre otros, ha sentado las bases de la teoría que promueve que el género es un espectro y que existen tantos géneros como identidades. Si hasta ahora considerábamos que el género era un constructo social, Butler sobrepasa el género y afirma que el sexo y la sexualidad lejos de ser algo natural son también, como el género, algo construido que está sujeto a nuestra cultura, y cómo estas tejen nuestra identidad y nos afectan las diferentes estructuras de poder.

Un atencedente de ambos son las teorías sobre el poder de Michel Foucault, psicólogo, filósofo y teórico social que ha trabajado en su obra sobre las relaciones y estructuras de poder así como los mecanismos de dominación. Sus títulos más citados son Vigilar y castigarHistoria de la sexualidad. Su crítica se extiende a los conceptos que intentan explicar la sexualidad y los comportamientos normativos, demostrando cómo la heteronormatividad es un fenómeno moderno.

Definiciones

  • Cis: dentro del transactivismo, se denominan cis a las personas cuyo género coincide con el que les fue asignado al nacer en base a la apariencia genital. Si naciste con vagina y te identificas como mujer, eres cis; si naciste con pene y te identificas como hombre, eres cis. Si no te identificas con el género que te fue asignado al nacer, no eres cis sino trans. Las feministas radicales (radfem) rechazan la identificación como cis mientras que las transactivistas justifican la etiqueta en la necesidad de que la gente trans no sea considerada la otredad, igual que se ha popularizado el término hetero.
  • TERF: Acrónimo de Trans Exclusionary Radical Feminist. En castellano: tránsfoba de mierda.
  • Género binario: Hombre / Mujer. Género masculino / femenino.
  • Binarismo de género: sistema de opresión de las personas de género no binario basado en la creencia de que en nuestro marco sociocultural actual solo existen dos géneros, masculino y femenino.
  • Persona de Género No binario (nb): Alguien que no se identifica con los estereotipos de género asociados ni al género masculino ni al femenino, y por lo tanto pertenece a un género intermedio (demichico, demichica), o fluye de un género a otro (de género fluido), o no se identifica con ningún género en concreto (grisgénero, agénero, la diferencia no la tengo del todo clara), o se identifica con todos los géneros a la vez (pangénero), o no con todos pero sí con dos (bigénero) o tres (trigénero) o con unos cuantos sean cuales sean (poligénero), o se identifica con el género de la persona que tenga delante (genero espejo), o su género no está dentro del espectro de géneros conocidos (género maverique), o cualquier otra cosa que se les ocurra. En serio.
logos de distintos géneros no binarios

logos de distintos géneros no binarios

  • Intergénero: una mezcla de cualquiera de las combinaciones de género anteriores
  • Trans: persona de un género distinto al que le fue asignado al nacer. Existen persona trans binarias (hombres que fueron asignados mujeres al nacer, y mujeres que fueron asignados hombres al nacer), y personas trans de género no binario.
  • Intersexual: persona que presenta conjuntamente caracteres sexuales masculinos y femeninos. Las personas intersex presentan características genéticas y fenotípicas propias de hombre y de mujer, en grado variable. Rechazan el término hermafrodita. Las personas de género no binario se basan en la existencia biológicamente posible de las personas intersex, así como en la existencia de terceros y cuartos géneros en otras culturas como la india para afirmar que los géneros no binarios existen y punto.
  • Enebefobia: fobia a las personas de género no binario (?).
  • Transfobia: fobia a las personas trans. También incluye la enebefobia puesto que las personas de género no binario (nb) se consideran trans a todos los efectos.
  • Passing: el proceso por el cual una persona trans es leída socialmente por el género con el cual se identifica dadas sus características físicas y el comportamiento socialmente atribuido a ese género. Podríamos decir que es la forma en que una persona trans “pasa” por ser cis.
  • Misgender o malgenerizar: Tratar a una persona con un pronombre distinto de aquel con el que se identifica. Tratar a una mujer trans con pronombre masculino o a un hombre trans con pronombre femenino es hacerle misgendering, implica cuestionar la identidad de esa persona, atacar a la base de aquello que es, y constituye una fuente de violencia. También es misgendering tratar a una persona de género no binario por un pronombre diferente a aquel con el que se identifique en ese momento del día, incluso aunque sean pronombres inventados como “endor/endors” y te acabes haciendo un esguince en la lengua para declinar los verbos. Para evitar caer en el misgender, lo mejor es preguntar siempre a la persona con la que estés hablando con qué pronombre se identifica, y en caso de que sea necesario preguntarlo cada vez que te dirijas a esa persona ya que puede haber fluido a otro género desde la vez anterior y por lo tanto puede que se identifique con pronombres diferentes.
Nuestrandor amigandor no está solandor

Nuestrandor amigandor no está solandor

  • Automisgendering: Que una persona salga en la tele en programas con audiencias millonarias y se autoidentifique en masculino tampoco es motivo para asumir que esa persona es de género masculino, ya que se puede esta automisgenerizando por cualquier motivo que desconocemos, y si tú le tratas en masculino es motivo más que justificado para que esa persona, y cientos de transactivistas quieran romperte la boca con un martillo. Como decía en el punto anterior, para evitar ejercer violencia debemos preguntar siempre y en cada momento por los pronombres correctos que debemos utilizar.

  • Disforia de género: contradicción entre la identidad de género de la persona y su género socialmente asignado. En el DSM-V (manual de diagnóstico de trastornos mentales) ha movido de la categoría de trastorno de la identidad sexual a una propia con el fin de desestigmatizar a las personas trans y aclara que la disconformidad de género no constituye enfermedad mental en sí misma, sino que su elemento crítico es la presencia de malestar clínicamente significativo asociado a la condición de género. Entre las pautas diagnósticas se especifica claramente que es de suma importancia descartar a niños, niñas y adolescentes cuya conducta simplemente no encaja en el estereotipo cultural de masculinidad o femineidad. Desde el 2007, la campaña anual contra la despatologización intenta que la disforia de género quede fuera del DSM. Dado que la homosexualidad también estaba catalogada como enfermedad mental hasta 1973, hay precedentes. Los estudios realizados para despatologizar la disforia coinciden en señalar que el factor causal del malestar que experimentan las personas trans, no se origina por su identidad y condición sexual, sino por el rechazo y la discriminación que viven. Por ese motivo, los especialistas consideran importante eliminar un diagnostico que contribuye a la estigmatización y, de ese modo, a reforzar el verdadero problema. En 2018 se volverá a someter a debate entre los especialistas.
  • Truscum / Transcum: Literalmente “escoria trans”. Apelativo cariñoso que las personas de género no binario reservan a las personas trans que cuestionan la teoría queer y en concreto los géneros no binarios sin base material, que consideran que las personas de género no binario tienen un morro de aquí a San Sebastián de los reyes y una cara dura como campanas, que se aprovechan del dolor, el sufrimiento, la opresión y la discriminación que sufren en esta sociedad las personas trans y lo utilizan para dar legitimidad a su discurso chupiflower de los géneros no binarios. Son aquellas personas trans que afirman que si no sufres disforia de género, entonces no eres trans sino un payaso en busca de casito. Si afirmas lo mismo pero eres CIS, entonces no eres TRUSCUM sino TERF.
  • Transactivistas: activistas por los derechos de las personas trans sin hacer distinciones entre trans binarios o no binarios, entre aquellas personas que sufren disforia de género y aquellos que no. Su mayor preocupación no es luchar contra el machismo ni analizar los mecanismos del patriarcado para discriminarnos: su guerra es contra las compañeras radfem, contra las personas trans que están hartas de que los géneros cuquis se apropien de su sufrimiento para sus payasadas, y en general contra cualquiera que cuestione la teoría queer. Invierten la mayor parte de su tiempo en señalar la transfobia y la transmisoginia de feministas, promoviendo campañas de acoso contra compañeras que han utilizado los genitales como metáfora, colgándoles la etiqueta de tránsfoba cual letra escarlata, y repartiendo y quitando carnets de feminista.
  • Espacio trans-inclusivo: Espacio donde se respetan todas las identidades de género por cuqui que sean y no se cuestiona la existencia de los géneros no binarios ni se plantean las características de cada uno, porque proponer características comunes que definan cada género es tachado automáticamente de transfobia: para ser de un género determinado basta con decir que eres de ese género y punto.
  • Bisexual / Pansexual: Básicamente significan lo mismo, pero se utilizan para intentar señalar quien es más feminista y etiquetar a las demás con la temida etiqueta de “tránsfoba”. “Soy pansexual porque me gustan todos los géneros, no discrimino a las personas trans como hacéis las bisexuales, que solo os gustan hombres y mujeres porque sois unas tránsfobas de mierda”; o bien “soy bisexual porque me gustan hombres y mujeres por igual, no diferencio a las personas trans de las cis como hacéis las pansexuales, que las consideráis un grupo aparte porque sois unas tránsfobas de mierda”. Y para eso creó Dios la etiqueta “pansexual”.
  • Géneros cuquis o géneros de purpurina (en inglés glitter-gender): todos los géneros sin base material que se han inventado las personas transactivistas. Si eres cis, tienes privilegio binario y oprimes a las personas trans. Y nadie quiere ser opresor. De hecho, en esta carrera por ser menos opresor que el resto y despojarse de características que les fueron asignadas en el momento de su nacimiento podríamos hablar de transraciales (sí, significa exactamente eso que estás pensando), neurodivergencias autodiagnosticadas y otras fórmulas para poder afirmar en los espacios feministas: “¡eh, no soy una privilegiada opresora de mierda, tenéis que escucharme!
  • Machoqueer o cutrequeer: personas asignadas hombre al nacer, leídas socialmente como hombres, con expresión de género masculina, genitales masculinos, caracteres sexuales secundarios masculinos, comportamientos masculinos, actitudes masculinas, sin ninguna señal de disforia de género, tratados en masculino por literalmente TODO. EL. MUNDO. Sin embargo, aunque parezca lo contrario, son mujeres y exigen ser tratadas en femenino pero única y exclusivamente en los espacios de activismo feminista. De algún modo les hemos otorgado una legitimidad basada en el sufrimiento de las personas trans que les da a los queermachos la potestad para decirnos que nos callemos cuando hacemos determinados análisis políticos porque pobres, sufren mucho con nuestra transfobia.

La teoría queer, a debate

¿Están los géneros no binarios sujetos a debate? No. Y punto. ¿Pero por qué? Porque lo digo yo, que soy nb y con eso basta. ¿Pero…? Que te calles.

Autora de este maravilloso diagrama: Vicky Elis, citada por expresa petición suya

Autora de este maravilloso diagrama: Vicky Elis, citada por expresa petición suya

En serio, la gente transactivista que se identifica con los géneros no binarios (nb), se caracteriza precisamente por negarse a debatir la teoría queer y tratar de impedir que nadie más lo haga: te callas y escuchas. Afirman la existencia de los géneros no binarios basándose culturas alejadas de la occidental y por lo tanto no es debatible en nuestro contexto geográfico actual. De hecho, esta misma entrada es una reacción ante la enésima petición de “que te calles” por parte de un machoqueer que me exigió que no hiciera análisis político de la teoría queer porque eso iba “contra las mujeres como ella que luchan contra la transmisoginia“, y que tanto si lo acepto como si no lo que tenía que hacer es callarme. Por supuesto, empleó la palabra tránsfoba para darle más cuerpo a su intento de censura, y me comparó con Dalas que dentro del feminismo es como el reductio ad hitlerum. Enhorabuena por ser la gota que ha colmado el vaso de mi paciencia.

Con demasiada frecuencia las personas transactivistas olvidan que estamos hablando de una teoría y asumen que se trata de una realidad innegable y por lo tanto no sujeta a debate, consideran que debatir sobre la teoría queer y sus implicaciones políticas es negar su identidad y reaccionan a lo que consideran un ataque con una violencia contra compañeras que entienden legítima. Y encuentran respaldo en el activismo transfeminista, escondiéndose tras el innegable sufrimiento de las personas trans que por los motivos que sea no quieren o no pueden iniciar la transición para ser socialmente leídos del género con el que se identifican. Con una mezcla de presión de grupo, aprovecharse del sufrimiento ajeno para sus objetivos políticos, apelación a la empatía y a la mala conciencia, logran silenciar las voces críticas y repartir carnets de True Feminist allí por donde pasan.

Con esta actitud estáis convirtiendo los espacios feministas en una reunión de troskos: montáis una asamblea y, tras chorrocientas escisiones, las que quedan vivas con certificado de pureza caben en un taxi.

Esta negación del debate está generando no pocos encabronamientos, porque si algo caracteriza al feminismo, querides míes, es el debate interno, el cuestionarnos absolutamente todo lo que hemos aprendido, el asumir que no tenemos pilares inamovibles pero sí principios innegociables que estáis intentando barrer con esta corriente posmo.

Si pasas más tiempo señalando #cosas a compañeras que combatiendo el machismo, no juegas en mi equipo.

Somos resistencia no binaria, y nuestra prioridad es atacar a compañeras. Luchar contra el machismo ya si eso

Somos resistencia no binaria, y nuestra prioridad es atacar a compañeras. Luchar contra el machismo ya si eso

Si tu opresión es indistinguible de un trolleo de reddit o forocoches, algo estás haciendo muy mal.

¿Qué es ser mujer?

De repente ser mujer no es NADA. La teoría queer nos niega un conjunto de características comunes que nos definan como mujeres. El movimiento trans ha logrado recientemente la despatologización a nivel psiquiátrico de la disforia de género, lo cual es un avance significativo pues igual que ya no necesitamos el diagnóstico psicológico para interrumpir voluntariamente el embarazo, las personas trans ya no necesitan tampoco un diagnóstico psiquiátrico de disforia de género para iniciar tratamiento de sustitución hormonal. También hay personas trans que por millones de razones, no pueden o no quieren iniciar el tratamiento: el miedo, el estigma, la discriminacion y la precariedad económica son algunos de ellos, perfectamente legítimos, y eso no les hace ser menos válidos ni su identidad de género tiene por qué ser atacada o invalidada por no someterse al passing.

No obstante, es una realidad innegable que cuando somos todavía un feto y una persona con bata blanca nos ve el coño por primera vez en una ecografía, ya nos están comprando patucos rosas y camisetas de Daddy’s Girl. Según los transactivistas que niegan que el género tenga algún tipo de base biológica o material, que nos compren vestiditos cuando a nuestros padres les dicen “felicidades: vais a tener una niña” no tiene nada que ver con que nos acaben de ver nuestro coño de feto aún por formar: no es ser niña porque, como nos repiten la consigna una y otra vez hasta el punto que ya se ha convertido en un mantra, hay mujeres con pene. A tu padre le da un ataquito al corazón desde el momento en que le dicen “es una niña” porque ser padre de una niña es una profesión de riesgo cardiovascular, y eso que ni siquiera sabe que tal vez cuando puedas hablar te identifiques como de género espejo y todo se resuelva mágicamente.

El 95% de las personas que piden excedencias laborales o reducciones de jornada para dedicar más tiempo a los cuidados, ya sea de hijos o de personas dependientes, fueron asignadas al género femenino al nacer, pero ¡no sabes con qué género se identifican! Así que no podemos aplicar un análisis de género a la brecha laboral y salarial, ni tampoco podemos analizar con perspectiva de género por qué las mujeres tienen pensiones más bajas que los hombres, porque quizá no son mujeres, ¿quien sabe? Habrá que preguntarles una a una.

La Presidenta del Círculo de los empresarios, Mónica de Oriol, al parecer pregunta en sus entrevistas de trabajo con qué género te identificas y no te descarta automáticamente si tienes nombre de mujer, expresión de género femenina y entre 25 y 45 años porque asuma automáticamente que puedes quedarte embarazada y eso a ella le supone un problema. Tú indicas en tu CV que eres de género maverique y ya está, asunto arreglado.

Mónica de Oriol no contrata mujeres de entre 25 y 45 para evitar embarazos

Mónica de Oriol no contrata mujeres de entre 25 y 45 para evitar embarazos

¿Cómo quedaría la LIVG si aplicamos la teoría queer? Actualmente la Ley Integral contra la Violencia de Género pretende poner remedio a la posición de inferioridad de las mujeres debido a la discriminación sufrida, aplicando una serie de mecanismos que corrijan esta situación de especial vulnerabilidad en situaciones de violencia de género que hacen que las mujeres maltratadas por su pareja masculina tengan serias dificultades para abandonarles. ¿Una persona mirror-gender (de género espejo, una persona cuyo género varía en función de la persona que tenga delante) o una persona de género fluido (cuyo género cambia y fluye de uno a otro a lo largo del tiempo, incluso varias veces durante el mismo día) está oprimida por el privilegio cis de su pareja mujer, su identidad está invisibilizada y por lo tanto es la parte más débil de la relación? Por suerte actualmente la ley integral contra la violencia de género no recoge esta patochada de la opresión cis sobre los géneros cuquis, pero de recogerla quedaría absolutamente vaciada de contenido. Hasta ese punto es políticamente problemática la teoría queer: hasta lograr desactivar los escasos mecanismos de protección logrados hasta ahora con mucho esfuerzo.

Hay países en el mundo donde a las niñas se las somete a la ablación del clítoris y a la estrechez del canal vaginal, pero al parecer eso no tiene nada que ver con ser mujer porque ya sabemos que hay mujeres con pene.

Si ser mujer es nada, si no hay una sola característica común que nos identifique y nos hermane, y si una persona nacida hombre, leído como hombre, satisfecho con su cuerpo leído de hombre, con sus genitales identificados como masculinos, con su nombre comúnmente asociado a personas de género masculino, con su expresión de género que hace que se le lea como hombre… pero no se identifica con los estereotipos asociados a la masculinidad, es una mujer y exige que se le trate en femenino… ¿qué es ser mujer? ¿Puede alguien explicármelo para que podamos de una vez revisar los análisis sociales con perspectiva de género? ¿O los tiramos directamente a la basura para dar paso a todos esos géneros sin base material que se cargan los avances de 200 años de trabajo?

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas.

Una frase sacada de contexto de Simone de Beauvoir en El Segundo Sexo, “no se nace mujer: se llega a serlo“, está siendo ampliamente utilizada para defender la teoría queer. La cita no descontextualizada es como sigue:

No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. (…) Entre las chicas y los chicos, el cuerpo es al principio la irradiación de una subjetividad, el instrumento que efectúa la comprensión del mundo: a través de los ojos, de las manos, y no de las partes sexuales, ellos aprehenden el Universo. (…) Hasta los 12 años, la niña es tan robusta como sus hermanos y manifiesta la misma capacidad intelectual; no existe ninguna esfera en donde le esté prohibido rivalizar con ellos. Sí, mucho antes de la pubertad, y a veces incluso desde su más tierna infancia, se nos presenta ya como sexualmente especificada, no es porque misteriosos instintos la destinen inmediatamente a la pasividad, la coquetería y la maternidad, sino porque la intervención de otro en la vida del niño es casi original y porque, desde sus primeros años, su vocación le ha sido imperiosamente insuflada.

En otras palabras: el género es un constructo social, y desde niñas somos socialmente condicionadas por unos esterotipos de género, coaccionadas por unos roles de género que nos encasillan como mujeres y nos dictan lo que podemos y no podemos hacer, lo que será socialmente aceptado y lo que será censurado. No implica que cualquiera sea mujer por el mero hecho de nombrarse como tal aunque no haya vivido personalmente ninguna de las experiencias que hemos vivido quienes sí hemos sido identificadas como mujeres desde el nacimiento, sino todo lo contrario. Lo que viene a decir es que no hay nada cuando nacemos que determine que nos gustará el rosa o el azul: es la sociedad quien nos coloca unos patucos azules o un lazo rosa dependiendo del género que nos han asignado al nacer, y durante el resto de nuestra vida tendremos que lidiar con ello.

Un ejemplo de lo anterior: los hombres trans afirman sentir menor discriminación una vez que están en una fase avanzada del passing y se les identifica como hombres, que cuando se les leía como lesbianas butch. Las mujeres trans que han empezado su transición, a partir del momento en que la sociedad las reconoce del mismo género con el que se identifican empiezan a sufrir la misma opresión y discriminaciones que el resto de mujeres, y ADEMÁS la discriminación propia de ser trans porque lo que son no encaja con lo que se espera de ellas. Las mujeres socialmente leídas como hombres, satisfechas con su cuerpo socialmente leído como hombre y con su nombre de hombre, por muy hasta los huevos que estén de ser mujer no tienen ni la más remota idea de lo que es ser mujer y de las discriminaciones que sufrimos el resto de las mujeres, ya sean cis o trans. ¿Por qué? Porque una vez que alcanzas la edad en la que el pudor hace acto de presencia, ya nadie tiene por qué saber qué tienes en los pantalones, pero tu expresión de género sí es visible y patente. Sí, hay mujeres con pene, pero a partir de cierta edad nadie sabe lo que tienes entre las piernas.

– Prefiero que me odien por lo que soy a que me idolatren por una identidad cambiante y unas opresiones que me he inventado.

Kurt Kobain, 2017

La etiqueta “tránsfoba” como chantaje y el cotton ceiling

Con una mezcla de presión de grupo y apelación a nuestra mala conciencia utilizando las opresiones reales de la gente trans (y aquí estoy dejando deliberadamente fuera a toda la gente que se identifica con alguno de los géneros cuquis) y los avances logrados en cuanto a concienciación de la sociedad, el transfeminismo está logrando ser hegemónico en el feminismo y, como hemos visto anteriormente, las personas transactivistas logran silenciar el debate porque las personas sufren mucho. Así, un tipo como Jon Kortajarena se presenta en tu colectivo no mixto, te dice “soy mujer” y hay que abrirle las puertas de par en par para que nos cuente cómo ella está más oprimida que todas nosotras, que tenemos privilegio cis, que si la violan a ella las consecuencias son peores que cuando nos violan a nosotras, y que si en el trabajo nos discriminan no es por ser mujer, será por otra cosa porque ya, ya, ya lo sabemos, hay mujeres con pene.

La etiqueta “tránsfoba” es una espada de Damocles que pende sobre todas las feministas cis de la corriente feminista radical (radfem), y en general a todas aquellas que no expresen de forma fehaciente, constante y entusiasta su adhesión a los principios del movimiento transfeminista. Es una etiqueta que te condena al ostracismo político: automáticamente te conviertes en escoria que hace daño a las personas que más sufren y debes ser apartada. Sirve para callar bocas, para eliminar la palabra “mujer” de los espacios de activismo feminista, para que no podamos utilizar la palabra mujer ni en debates ni en documentos que traten sobre menstruación o sobre embarazo, aborto, violencia obstétrica… En aras del lenguaje inclusivo que no ofenda a las personas trans no podemos hablar de mujeres que tienen la regla, ni de mujeres embarazadas ni de mujeres que se han sometido a una interrupción voluntaria del embarazo: debemos hablar de personas menstruantes y personas gestantes porque, ¿a que lo adivináis? Hay mujeres con pene. Si hablamos de mujeres y vientres de alquiler o gestación subrogada, nos lían la de dios porque ya lo sabéis, Hay mujeres con pene, y en esa habilidad para apropiarse del sufrimiento ajeno nos echan en cara también que hay mujeres (cis) que no pueden gestar, que han tenido cáncer de útero o que han entrado en la menopausia y eso no les hace menos mujeres, cuando ninguno de esos colectivos ha protestado por el uso del término “mujer” en esos debates, solo veo quejarse por ello a transactivistas.

Pero aún hay más. En la publicación de más arriba titulada “Hasta los huevos de ser mujer” (¡ay, Óscar, tú te defines como mujer desde hace 10 minutos y estás hasta los huevos; cuando lleves 36 años me lo cuentas…) hay una frase espeluznante: cuando habla del “miedo a que una mujer me rechace por ser mujer transgénero“. Está hablando de lesbianas que le rechazan pese a que Oscar es una mujer. Una mujer con pene, barba y expresión de género masculina, pero si Oscar es una mujer y a las lesbianas les gustan las mujeres, si una mujer que le gusta y es lesbiana le rechaza, debe ser por transfobia sin ninguna duda, porque nuestro deseo sexual también está socialmente condicionado. ¿Sabéis cómo llaman las personas transactivistas a las lesbianas que rechazan mantener relaciones con mujeres con genitales asociados al género masculino, socialmente leídas como hombres y con expresión de género masculina? Las llaman de forma despectiva “fetichistas de los coños” y, por supuesto, tránsfobas de mierda que ejercen su privilegio cis y las rechazan por el mero hecho de tener pene.

Si no te gustan los penes de mujer, no eres lesbiana: eres fetichista de los coños

Si no te gustan los penes de mujer, no eres lesbiana: eres fetichista de los coños

No eres ni feminista de verdad ni tampoco una lesbiana auténtica si no te gustan las mujeres con expresión de género masculina y genitales masculinos: lo que eres es fetichista de los coños y tránsfoba. Esta forma de coacción se conoce con el término de cotton ceiling y es la forma de utilizar la etiqueta “tránsfoba” para presionar a mujeres lesbianas y feministas a que tengan sexo con machoqueers. Porque una vez que en un colectivo feminista te cae la etiqueta de tránsfoba, prepárate para ser rechazada, para que te hagan el vacío, para que las que eran tus compañeras te miren con desprecio. Porque en las olimpiadas de la opresión, las personas trans tienen medalla de oro y eso les da legitimidad para decidir qué es transfobia y qué no, y si te señalan transfobia te callas y te revisas. Yo, que ya no le tengo miedo a la etiqueta tránsfoba, os voy a decir que en ese chantaje no veo absolutamente ninguna diferencia con el clásico chantaje machuno “si me quisieras te dejarías por el culo“, o el del machuno que se ha revisado los privis “si de verdad fueras tan feminista y estuvieras tan empoderada dejarías que me follara a tu amiga porque poliamor“. ¿Eres heterosexual? Aquí está mi pene. ¿Eres lesbiana? Aquí está mi pene untado en purpurina.

Soy mujer y tengo pene. Si tú eres lesbiana y me rechazas, no eres lesbiana: eres una fetichista de los coños y una tránsfoba de mierda

Soy mujer, tengo pene y estoy hasta los huevos de ser mujer. Si tú eres lesbiana y me rechazas, no eres lesbiana: eres una fetichista de los coños y una tránsfoba de mierda

Guerra abierta entre transactivistas y feministas radicales (radfem)

En los últimos días el estado de cabreo entre feministas de la corriente radical que llevan tiempo siendo silenciadas, coaccionadas, insultadas, violentadas y expulsadas, ha explotado y se ha desbordado por las redes sociales. Un video de Isa Calderón criticando la última machistada de Pérez Reverte la ha hecho acreedora de la temida etiqueta de “tránsfoba” y le ha sido retirado, cómo no, el carnet de feminista por utilizar en el video una expresión que alude a los genitales de Pérez Reverte y de sus amigos: dice Isa Calderón que Pérez Reverte no puede ir de “políticamente incorrecto” cuando es un representante de lo más mainstream, que a ella la han llamado puta en internet millones de veces por el mero hecho de ser mujer y dar su opinión, y que si ella tuviera “una polla como de aquí a San Sebastián de los Reyes y unos cojones como campanas de grandes” no solo no la insultarían sino que probablemente habría estado en esa mesa de risas con Reverte y sus amigotes.

Por utilizar esa expresión a Isa Calderón se le han echado encima cual manada furiosa cientos de transactivistas con insultos y la han tachado de basura tránsfoba, transmisógina, escoria cis, porque, ¿a que lo adivinais? Hay mujeres con pene, y a las mujeres con pene también las discriminan por tener pene. Nadie niega esos hechos, pero ¿en serio? ¿Es necesario insultarla? ¿Era necesario todo esto? ¿Es transmisoginia esa expresión? Personalmente me parece (y voy a utilizar una expresión que también os va a parecer transmisógina) que os la cogéis con papel de fumar.

La proliferación de artículos en publicaciones feministas de referencia criticando el video de Isa Calderon por transmisógina ha generado una ola de incredulidad entre las feministas, sorprendidas porque esté siendo más virulenta la crítica a una compañera que a la propia machistada revertiana. Porque no es el único caso, porque estamos asistiendo últimamente a cómo un colectivo determinado pasa más tiempo señalando a compañeras y promoviendo el acoso a quien no se someta y “revise sus privilegios cis”. Y han decidido que no van a callar más. Que están hasta el coño de discursitos posmo. Que ya está bien de hombres infiltrándose en espacios feministas no mixtos y dinamitándolos desde dentro. Que los transactivisas son actualmente el caballo de Troya del feminismo, que están hartas de estar calladas y que es hora de empezar a quitar las caretas de los machoqueer que únicamente exigen ser tratados en femenino en espacios de activismo feminista porque son, curiosamente, los únicos espacios donde no pueden ostentar su privilegio masculino.

Las feministas de la corriente radical (radfem) están ya hartas de que la etiqueta de “tránsfoba” se utilice como una forma de coacción para silenciarlas y han empezado a reivindicar el término TERF, utilizado como insulto por transactivistas, como hace no mucho nos reapropiábamos del término feminazi: si fuera del activismo feminista todo tu círculo te trata en masculino, si utilizas tu nombre masculino, si estás conforme con tu cuerpo socialmente leído como masculino y con tus genitales asociados al género masculino, si tu expresión de género es masculina, si no hay rastro de disforia entre tu identidad como mujer y tu expresión masculina, y si apareces en televisión y te refieres a ti mismo en masculino, colega: eres un tío y tienes los privilegios que la sociedad otorga a los tíos, no me cuentes rollos. La reacción de esta persona ha consistido en decirle a la persona que insistía en tratarle en masculino, que “es para reventarte la boca con un martillo. Y se ha liado parda.

– Si parece un pato, nada como un pato, huele como un pato y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato

– ¡PaTERFoba asquerosa, te reviento la boca con un martillo!

Identidad y género

Querides míes que estáis en el transactivismo intentando darle un corpus coherente a la teoría queer, negaros al debate no os ayuda. Yo ya le he perdido el miedo a la etiqueta “tránsfoba” con la que nos coaccionais. Porque partís de una confusión básica y es no diferenciar entre identidad y género, entre identidad de género y estereotipos de género:

Simplificando mucho, podríamos resumir:

  • Identidad es cómo te ves tú
  • Género es cómo te ven
  • Expresión de género es cómo te muestras
  • Roles de género es aquello que se espera de ti según tu género

Y es la sociedad quien te coloca en una posición u otra dependiendo de tu género, que se basa en la biología en el momento en el que naces con unos genitales determinados ya que de bebé careces de autonomía para expresar tu género, pero no conforme creces (no me atrevo a trazar una línea divisoria) y adquieres la autonomía suficiente como para expresar tu género de acuerdo a tu identidad. Es la sociedad la que espera de ti un comportamiento propio del género que te asigna, y si te sales del carril te expones a discriminación y señalamiento. Es la sociedad quien, en función del género con el que te identifique, te asignará un rol determinado y te dirá cual es tu lugar y lo que se espera de ti.

Las personas trans no son mis enemigas: lo son los machos untados en purpurina que pretenden acaparar espacios y discurso, medalla de oro en las olimpiadas de la opresion, manejando la presión de grupo, el chantaje emocional y la mala concienca con una habilidad solo propia de hombres criados en una sociedad patriarcal que pone a las mujeres a sus pies. Y junto a ellos todas esas mujeres que utilizan el transfeminismo para atacar a compañeras dando rienda suelta a la violencia de su misoginia interiorizada, en un teatro del aliado tan chusco que han descubierto hace 10 minutos que son de un género cuqui y eso las libra mágicamente de cualquier atisbo de privilegio o y todo rastro de opresión que pudieran cometer.

No identificarte con los roles del género que te han sido asignado desde que naciste no te convierte en una persona ni de género no binario ni del género binario opuesto, dejaos de gilipolleces posmo, el mundo ahí fuera es muy diferente del mundo de unicornios mágicos en el que os movéis en tumblr, twitter y esa cuenta de facebook en la que no tenéis agregados a vuestros padres. No identificarte con los estereotipos socialmente asociados a la masculinidad tóxica es digno de alabar, pero eso no te convierte automáticamente en mujer ni te da un conocimiento de lo que es haber nacido y crecido en un mundo que te señalaba como de género femenino. Porque las únicas personas que se identifican al 100% con los roles y estereotipos masculinos y femeninos respectivamente son Popeye el marino y Jessica Rabbit.

Parafraseando a Kelly Temple: No necesitamos queermachos en los espacios feministas que nos cuenten lo duro que es ser mujer en una mala imitación de Dani Rovira en los Goya. Necesitamos hombres feministas que conviertan su espacio en el mundo en feminista.

Nota final: siento que he escrito esta entrada en el fragor de la batalla, sin haberme tomado todo el tiempo que me habría gustado para reflexionar con calma, sin revisar y sin la atención al matiz y al detalle que el tema requiere, así que no es raro que en futuras relecturas encuentre fallos, corrija o redacte de otra forma algunas frases que quizá no queden del todo claras o se presten a la previsible manipulación malintencionada. Así que está sujeto a correcciones y críticas. Los insultos me los podéis dejar en el cuarto de baño, que me limpiaré el culo con ellos. Gracias.
 

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Únete a otros 5.426 suscriptores