Mi amiga la nazi fascista racista supremacista

Empecemos por el principio. Estoy harta del mantra “separatistas fascistas nazis racistas supremacistas”, sobre todo porque algún amigo no para de repetirlo desde hace semanas y ya me tiene hasta el mismísimo coño. La ley de Godwin era una regla básica en cualquier debate civilizado, y dice tal que así:

A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno.

La comparación con los nazis en un debate civilizado es ilógica y ofensiva. Quien los mencione como táctica argumentativa fuera del contexto bélico mundial o del Holocausto, pierde inmediatamente la discusión. La idea subyacente es el mal gusto de comparar trivialidades con genocidios.

La ley pretende evitar un abuso conversacional, porque muchas veces se los menciona simplemente para evocar el mal.

La idea en la que se sustenta es que el nazismo es la maldad suprema y no hay argumento posible que lo supere. Equiparar cualquier otra posición con el nazismo equivale a situarlo en la posición de la maldad suprema, y una vez llegados a ese punto no hay argumento posible para rebatirlo. Comprenderás que a nadie le haría ni maldita la gracia que, en una conversación donde debatimos diferentes posturas ideológicas, un amigo te compare con los que perpetraron el genocidio sistemático de millones de personas. Es un insulto y una falta de respeto. Y llega un momento en que te cansas de seguir recibiendo el mismo insulto de las mismas personas una y otra vez, por la mañana, por la tarde y por la noche.

Llega un momento en que una se cansa de que la insulten, y cuando llega a su límite dice ¡BASTA! A veces alcanzas ese límite por cosas que no tienen nada que ver con tu amigo, sino que son cosas completamente ajenas las que te provocan ese “click”.

La noche de los cristales rotos es como se conoce una serie de linchamientos y ataques combinados ocurridos en la Alemania nazi durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 y llevado a cabo contra ciudadanos judíos por las tropas de asalto de las SA junto con la población civil, mientras las autoridades alemanas observaban sin intervenir.

El viernes hubo una noche de los cristales rotos en Catalunya. Fue en Barcelona. Una manifestación unionista de alrededor de 20.000 personas se saldó con varios heridos (anoche había 5 confirmados), con el ataque a Catalunya Radio, con los cristales rotos y trabajadores de medios de comunicación encerrados, periodistas de Beteve (Barcelona TV) atacados, con unionistas tapándose la cara con las banderas y pegando a gente por la calle, delante de los bares, chavales teniendo que esconderse en institutos, y todo esto delante de la cara de docenas de periodistas y gente con móviles, al grito de “VIVASPAÑA HIJOSDEPUTA“. Y, mientras tanto, 7.000 policías nacionales y guardia civiles jugando al mus en dos barcos del puerto.

Y esto no es la primera vez que ocurre. Tras la manifestación unionista que congregó (dicen) un millón de personas en Vía Laietana por la unidad de España y el seny el 8 de octubre, pasó lo mismo: insultos a los mossos, insultos a gente que pasaba por allí, comportamientos violentos, todo ello envueltos en la bandera.

Al día siguiente de la concentración en Diagonal con velas para pedir la liberación de los Jordis, el 18 de octubre, más de lo mismo. Un grupo de varios cientos de unionistas cortaron la Diagonal, pegaron a gente con los palos de las banderas españolas que portaban, y no dejaban pasar a los coches si no decían “viva España” y echaban fuera a la gente que estaba grabando con los móviles.

Cuando los unionistas rodearon la sede de la ANC el 23 de septiembre, también hubo dos heridos: un chaval independentista al que le dieron un puñetazo en plena cara en mitad de la acera, y un unionista que se quemó con su propia bengala.

Desde que empezaron las detenciones en la Conselleria de Economia a finales de septiembre, no ha habido una sola manifestación unionista que no acabara con violencia y con gente independentista agredida. Ya ni menciono las cargas policiales del 1-O porque claro, “es que estábamos haciendo una cosa ilegal y si te enfrentas a los cuerpos de seguridad del Estado, pues normal que recibas“. ¿Y qué hace la policía mientras tanto? En Catalunya hay ahora mismo el mayor contingente de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado nunca visto. Entre mossos movilizados, policía local, policía nacional y guardia civil, hay más fuerzas del orden público que nunca. ¿Y qué ocurre cada vez que hay una manifestación unionista? Violencia e impunidad, cuando no directamente enfrentamientos de los manifestantes contra los mossos.

Pero esta violencia está justificada, porque los nazis catalanes han cometido un golpe de Estado, ya sabéis, como el Putsch de Munich, y eso no se puede permitir. Los “españoles de bien” tienen que ganar a los nazis independentistas.

Los independentistas catalanes somos fascistas. Si eres un patriota español que no quieres que rompan España, exige tu derecho a cometer delitos impunemente.

¡Ah, pero intenta tú ir a una manifestación independentista con la bandera de España, ya verás que te pasa!

Pues esto es lo que te pasa. Dramáticas imágenes, advertimos que pueden herir la sensibilidad de los espectadores. Aparten a los niños de las pantallas:

¿Esto es violencia independentista? ¿Porras y pelotas de goma contra gente pacífica? No tenemos miedo.

Por resumir: tenemos a unos que nos insultan llamándonos “fascistas nazis supremacistas racistas“, o otros que justifican que nos peguen “porque hacemos cosas ilegales” como por ejemplo un referéndum, y otros pegándonos con los palos de las banderas, dándonos puñetazos incluso delante de la prensa, agrediendo a periodistas, rompiendo los cristales de medios de comunicación, impidiendo el paso de los coches si no dices “viva España”. Cuando alertaban de la fractura social y del deterioro de la convivencia, sabían de lo que hablaban. No nos estaban advirtiendo: nos estaban amenazando.

Al parecer todo se reduce a una cuestión de odio. Los nacionalistas odiamos a los demás más de lo que amamos a nuestra tierra. Si me hubiera escuchado alguna vez, sabría que “amar a la tierra” me parece un concepto vacío, absurdo y ridículo, así que supongo que por esa parte tiene razón. Pero no es odio: es hartazgo. No te odio: estoy cansada de tus insultos constantes. Estoy cansada de tu odio y de tu bilis. Estoy cansada de que me escupas a la cara a diario porque no estamos de acuerdo en el modelo de Estado y en la organización territorial que queremos. No te odio, ni a ti ni a nadie. Pero estoy cansada de que me llames nazi racista supremacista fascista, mientras en la calle nos están agrediendo con la misma bandera que tú defiendes, mientras tú les jaleas porque este punch lo tenéis que ganar, mientras tú le animas a cometer delitos impunemente. Nos están agrediendo en la calle ¿y tú me dices que es que os odiamos? ¿Acaso no sería incluso legítimo si así fuera, odiar a quien te está rompiendo las costillas con el palo de su bandera?

No estamos hablando de discrepancias por motivos políticos. Mi posición ha ido variando a lo largo de los últimos años y conservo los mismos amigos. Cuando militaba en el PSC tenía amigos en Esquerra Republicana y en Iniciativa per Catalunya que hoy siguen allí, éramos amigos entonces y seguimos siendo amigos. Tengo amigos que siguen militando en el PSC, la que se ha movido ideológicamente he sido yo, ellos eran mis amigos entonces y lo siguen siendo ahora. Tengo amigos que salieron del PSC, algunos a Ciutadans o a Societat Civil Catalana, y pese a las muchísimas discrepancias que nos separan, seguimos siendo amigos, porque tienen la delicadeza de no llamarme nazi fascista supremacista, o al menos no lo hacen en mi puta cara; otros de mis amigos que militaban en el PSC ahora están en ERC o en JxSí, yo me he movido más hacia la CUP aunque los comuns en Catalunya me generan mucha simpatía. Y seguimos siendo amigos. Porque, ¿sabes una cosa que tienen en común todos mis amigos? Que han tenido el detalle de no insultarme a la cara jamás, pese a las muchas cosas que nos separaban ideológicamente hace años, o las que nos separan hoy. Porque los amigos se respetan, no se insultan. Porque a los amigos se les escucha, y si no estás de acuerdo se les rebate con respeto. Pero a los amigos no se les cuelga la etiqueta de genocidas.

No pierdas amigos por la política” nos dijeron. Pero de aguantar constantes insultos no nos dijeron nada. Y a mí me parece que un amigo no te insulta repetidas veces aunque le hayas dicho claramente que te duelen sus contantes ataques utilizando tu ideología como excusa.

Esta amistad no se la ha cargado la política. Esta amistad te la has cargado con tus insultos, porque mi nivel de tolerancia lo has desbordado con creces. No ha sido la política lo que se ha cargado esta amistad, ha sido la violencia que estamos sufriendo y no recibir la más mínima empatía por tu parte. Si tu posición ideológica no te permite empatizar con quien está recibiendo de hostias, aunque entre ellos esté tu amiga, quizá tienes razón: es que no había amistad.

Por supuesto, tú tienes todo el derecho del mundo a seguir ejerciendo tu libertad de expresión, faltaría más. Y yo a seguir pensando que interpretar como “libertad de expresión” el decirle a tu amiga que es una nazi fascista racista supremacista por sus ideas, mientras grupos de ultras están apalizando a gente por esas mismas ideas, es una puta mierda, y que te puedes meter tu falsa equidistancia donde te quepa.

Aquí lo tienes. Exijo mis 155 gallifantes.

 

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2 comentarios

  1. Me hace mucha gracia que llamen nazis a los catalanes porque yo hoy iba a asistir a la mani anti-fascista de Valencia y no me he atrevido por los NAZIS de verdad, vamos, que me meo.

    Sé que es muy cobarde por mi parte pero yo YA tuve un encontronazo con un grupo nazi a los 16 años, yendo yo sola por el centro. Uno de ellos me agarró de la sudadera y vi a sus amigos gritarme cosas, no entendí nada porque llevaba los cascos puestos. En cuanto el semáforo se puso en verde, conseguí irme, porque el tipo no estaba haciendo fuerza. Eso es lo peor, era mucho más grande, fuerte y mayor que yo, e iba con todos sus amigos que eran igual de grandes mientras que yo iba sola; “sólo” quería asustarme y lo consiguió.

    Total, que viendo lo que les hicieron a aquellas chicas el 9 de octubre, y con ese mal recuerdo que tengo, me he cagado. C’est la vie.

    En resumen, que me hace gracia que llamen nazis a los independentistas y luego no se atrevan a llamar nazis a los nazis. Y qué pena que el País Valencià jamás será una república independiente…

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