Jennifer Lawrence estuvo hace un par de días en Londres, de promoción de su última película, El Gorrión Rojo. Llevaba un vestido divino de Versace y ella estaba espectacular. Con el tiempo que hace en Londres en esta época del año, quizá la pobre pasó un frío del carajo en esa terraza, pero oye, estaba divina y total, la sesión de fotos seguro que no duró más de unos pocos minutos y las fotos han quedado preciosas.

Hasta aquí, nada que objetar. Ella es una mujer libre que se viste como le da la gana, toma sus decisiones estéticas y profesionales, y ninguna de las dos están sujetas a crítica. Fin.

¿Fin? No. Cuando abres el objetivo de la cámara, se hace la magia. Cuando observas la panorámica completa, la cosa cambia y mucho. Ellos con abrigos, tejanos, botas, cómodos y abrigaditos; ella, con un vestidito de tirantes, escotazo, raja hasta la cadera con pierna fuera y sandalias de tacón. Temperatura máxima en Londres el día de la foto: 7º.

– Pero es que ella se puso el vestido porque quiso…
– Oh, vaya, ¿en serio? Pensé que la habían obligado con torturas medievales. Me dejas mucho más tranquila entonces.

Desde que se publicaron las fotos promocionales, primero la sorpresa inicial y después la indignación por lo que ponen de manifiesto en una sola imagen corrieron como la pólvora por las redes sociales. La actriz, muy hábil, se apresuró a dejar claro que ella se puso el vestido porque quiso, que el vestido era divino y que ella es una mujer libre. Pues vale, pero ese no era el tema del debate.

Lo más gracioso es que ha añadido que las feministas son en realidad machistas por cuestionar su decisión libre. Nadie cuestiona su libre decisión de vestirse como le de la gana, por si así os quedáis todos más tranquilos. El fondo de la cuestión no es lo que ella eligió vestir o no vestir. Estos argumentos además no nos suenan ni novedosos ni rompedores: Cristina Pedroche lleva diciendo lo mismo cada 1 de enero desde hace años.

Pero es que, ¿sabéis qué ocurre? Que ni el vestido de la Pedroche ni el de Jennifer Lawrence ni si su decisión fue libre y se vistieron como les salió del coño es motivo de debate. Que ellas se vistan como les de la realísima gana no se cuestiona. 

El tema del debate no es lo que Lawrence elige libremente vestir para promocionar su película o lo que Pedroche elige libremente vestir en la gala de las campanadas, sino cómo se utiliza el morbo para generar audiencia, los diferentes criterios que aplican para hombres y para mujeres a la hora de valorar la capacidad de cada uno para presentar un programa de televisión, cómo el físico influye para elegir mujeres pero a los hombres no les afecta para nada… ¿Sigo, o lo vais pillando?

Nos estáis llamando neopuritanas o calificativos similares como si creyeseis (y, sin duda, lo pensáis porque sois así de planos) que estamos criticando el vestido por ser muy escotado, por enseñar mucha carne, o qué sé yo. Y no va de eso. El vestido es una puta pasada y ella está increíble. Pero joder, mirad a su alrededor, lo que la rodea. ¿O es que no sois capaces de apartar la vista de su escote? Una vez más, cuando os señalamos la luna, os quedáis mirando el puto dedo.

– Es que ella se puso el vestido porque quiso.
– Ah, pues ya está entonces, sabiendo eso ya me quedo tranquila… ¿EN SERIO ES LO ÚNICO QUE SE TE OCURRE DECIR? ¿Tu capacidad de análisis no va más allá de la mera decisión individual? ¿Ya está? ¿No hay más?

Me quedo pasmada cuando me argumentáis que es que ella se puso el vestido porque quiso, como si lo único susceptible de levantar polémica que veis en esa imagen es la posibilidad de que alguien le haya puesto una pistola en la cabeza. Es a la vez frustrante y desolador que no seáis capaces de mirar un poquito más allá.

Una pista, para quienes tenéis mala memoria: ¿Os acordáis de lo que respondió nuestro insigne presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando le preguntaron sobre por qué las pensiones de las mujeres son más bajas que las de los hombres? Porque yo sí me acuerdo. Respondió que las mujeres trabajan menos años, que dejan aparcada su carrera laboral para dedicarse a cuidar de la familia PORQUE QUIEREN, y que por eso cotizan menos años y sus pensiones son más bajas. Lógico todo, ¿no? Decisión individual libre y para nada condicionada, ¿verdad?

Seguro que podemos comentar la foto sin que el sujeto de cada frase sea ELLA. Venga, intentadlo. Una pequeña ayudita por si os cuesta empezar:

– “La productora de la peli….”
– “Los responsables de promocionar la peli…”
– “Los compañeros de reparto…”
– “El público al que va dirigida la foto…”
– “Todos nosotros como sociedad…”

Es más, si no quieres personalizar en nadie en concreto porque no te gusta señalar, podemos comentar también la foto con un sujeto impersonal. Ahí van algunas ideas:

– «Los cánones de belleza irreales…»
– «La presión estética…»
– «Los criterios para valorar profesionalmente a las mujeres…»
– «La industria de Hollywood…»

Que vuestro análisis de lo que revela la foto de Jennifer Lawrence y sus compañeros solo llegue hasta “ella quiso o la obligaron” es de un simplismo desmoraliznate. Ana de Miguel cita a menudo a Alícia Puleo sobre el patriarcado de la coerción y el patriarcado del consentimiento. Porque no, Europa no es lo mismo que los países teocráticos árabes, pero eso no significa que nuestras decisiones individuales sean completamente libres. Si la sociedad no tuviera ningún papel relevante y todo fuese fruto de decisiones libres e individuales, yo me habría dedicado a estudiar historia del arte, por ejemplo.

Pero es que te digo más. Aún voy un pasito más lejos. Las decisiones individuales de cada mujer no se critican. Es de primero de sororidad. Depilarse, dedicarse a la prostitución, tener pareja hetero y monógama, ser ama de casa, ponerse un vestido de tirantes con 7º, practicar BDSM… Nada de eso se cuestiona A NIVEL INDIVIDUAL. Reflexionamos sobre los motivos que nos llevan a tomar algunas decisiones, sobre lo que la sociedad espera de nosotras, sobre el “castigo” por salirnos del guión, sobre las implicaciones en el imaginario colectivo de determinadas representaciones… Pero no cuestionamos las decisiones individuales de las mujeres.

Jennifer Lawrence, Cristina Pedroche y mi vecina Manuela tienen derecho a vestirse como les de la gana. Ahora, ¿libres Lawrence o Pedroche, o todas quienes como ellas viven de su imagen, de mantenerse divinas, de someter su cuerpo a dietas, ejercicio y privaciones constantes para que no se salgan un milímetro del canon, para que no les salga ni una arruga, ni un michelín, ni una estría porque eso las condenaría al ostracismo o las haría objeto de críticas despiadadas? ¿Es verdaderamente libre una mujer que, cuando engorda unos kilos, tiene que ver como desde forocoches le montan una campaña llamándola «la ballena de Vallecas» y tiene que salir a dar explicaciones públicamente sobre su peso? ¿Ya no os acordáis de la que le montásteis a Uma Thurman por su cambio de imagen? Una vez más: yo sí me acuerdo de todo esto.

Libre de verdad es mi vecina Manuela, que baja a sacar el perro con la bata y en pijama, y se va a tomar el café al bar con los rulos puestos. Y le suda el coño de canto lo que digan de ella, porque su carrera profesional no depende de las miradas de los hombres que la rodean.

– Ella se puso el vestido porque quiso, nadie la obligó.
– Ella se puso el vestido porque quiso, y tú vas por la vida con las luces de posición. Piensas que ya tienes suficiente con eso para ver lo que tienes delante de los morros, y no iluminan una mierda.

 

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