Este texto es un ejercicio para la asignatura de Política Social presentado el semestre pasado, en el marco de la reflexión sobre políticas sociales desde los puntos de vista conservador, liberal o socialdemócrata. Seguramente debería haberlo formateado convenientemente para el blog, cambiando notas a pie de página por enlaces y adaptando el lenguaje al que utilizo habitualmente aquí, pero me da pereza así que lo publico tal cual.

En primer lugar, antes de poder responder a la pregunta planteada, conviene centrar el debate en qué consideramos “unas buenas condiciones de vida”. Dos buenos indicativos pueden ser el umbral de la pobreza[1] o el riesgo de exclusión social[2], por estar ambos indicadores muy vinculados al contexto social del país de referencia[3]. En el año 2016, según datos del INE[4], el 22,3 % de la población española (más de 10 millones y medio de personas) se encontraba en riesgo de pobreza, viviendo con menos de 8.209 euros al año, mientras que el informe AROPE[5] de la Red Europea Contra la Pobreza (EAPN) eleva la cifra a casi 13 millones de personas en riesgo de pobreza o de exclusión social en 2017 (Palomo, 2017).

Según la teoría económica neoclásica, disminuir la tasa de pobreza y aumentar la renta disponible significa por un lado desincentivar el ahorro y por otro exponernos a un aumento de la inflación, con lo cual nos enfrentamos a un primer problema, especialmente en un contexto en el que los países de la Unión Europea disponen de un margen de maniobra limitado, y el Banco Central Europeo parece haber hecho de la lucha contra la inflación su principal razón de ser (Diez, 2017). Sin embargo, otros economistas como Vicente Nieves consideran que el miedo a una posible amenaza inflacionaria es desproporcionado (Nieves, 2018).

No obstante, uno de los principales escollos con los que nos encontramos es con la existencia de recursos limitados. De ahí que la lucha contra la pobreza debe necesariamente complementarse mediante acciones encaminadas a reducir la desigualdad, lo que conlleva inevitables tensiones entre el Estado mediante políticas redistributivas por un lado, y las clases más económicamente poderosas por otro. Hace unos años, los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson popularizaron el concepto de “élites extractivas” (Acemoglu & Robinson, 2012) para definir aquellos colectivos “que se apartan del bien común y dedican sus esfuerzos a su propio bienestar y al del grupo al que pertenecen. Las instituciones extractivas concentran el poder en manos de una élite reducida y fijan pocos límites al ejercicio de su pode. Estas élites elaboran un sistema de captura de rentas que les permite, sin crear riqueza, detraer rentas de la ciudadanía en beneficio propio (Estefanía, 2013)”.

La limitación de recursos y la competencia entre países vía régimen fiscal en el contexto de una economía fuertemente globalizada, lleva a los gobiernos a la necesidad de tener que plantear prioridades en la asignación de recursos. Los criterios de acceso, la financiación, la extensión y la calidad de los programas sociales estarán muy influenciados por la ideología del gobierno encargado de diseñar las políticas sociales a aplicar. Así, un gobierno de corte liberal que considere que es la codicia lo que mueve al individuo tenderá a aplicar medidas de fomento de la competitividad aunque estas contribuyan a aumentar las desigualdades (que no consideran intrínsecamente perjudiciales), a reducir la intervención estatal vía normas e impuestos, y limitar al mínimo posible la reciprocidad de los grupos más favorecidos hacia los menos, introduciendo el copago como medida para prevenir el abuso de los recursos del Estado y potenciando la iniciativa privada; un gobierno de corte conservador que considere al individuo vago por naturaleza, tenderá a reducir considerablemente en duración, en dotación económica y en calidad las políticas de asistencia social, limitándose a acudir únicamente en casos límite o de emergencia social (y no siempre) como vejez, incapacidad, pobreza extrema, mediante programas limitados y asistencialistas, pues el objetivo de este tipo de gobiernos consiste en evitar el desempleo, aunque sus medidas impliquen reducir la capacidad de negociación de las personas asalariadas en el mercado laboral, viéndose obligadas a aceptar trabajos, condiciones y salarios por debajo de sus expectativas; mientras que un gobierno de tipo socialista que considere la solidaridad entre individuos la base sobre la que se han cimentado las sociedades precapitalistas y el concepto que nos ha permitido sobrevivir como especie, tenderá a ampliar y universalizar las redes de protección social y a aplicar medidas redistributivas, en la medida que los recursos obtenidos por el Estado y la oposición de los lobbies económicos se lo permitan.

El debilitamiento de los partidos socialdemócratas, con el impagable papel de los medios de comunicación controlados por las élites económicas, tiene mucho que ver en los motivos que impiden que, en nuestra sociedad, todo el mundo disponga de unas buenas condiciones de vida. La agenda mediática que enfrenta al penúltimo con el último en la distribución de la renta (clases bajas, trabajadores precarios y, contra inmigrantes, parados de larga duración, familias monoparentales y personas sin recursos), y los pone a competir entre ellos por las escasas ayudas sociales influye en la opinión pública y en el apoyo a partidos conservadores, partidarios de limitar las políticas sociales y endurecer las condiciones para acceder a las mismas.

El papel que deben ocupar el mercado y el Estado en tanto que agente con una influencia capital en la economía también orientan la política social. Gobiernos progresistas tenderán a poner los recursos del Estado al servicio de tratar de evitar los desajustes que genera la economía de mercado, mientras que gobiernos liberales evitarán intervenir, y gobiernos conservadores intentarán paliar las consecuencias más dramáticas de los casos más extremos.

Referencias

Acemoglu, D., & Robinson, J. (2012). Por qué fracasan los países: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Editorial Deusto.

aepn.es. (s.f.). El Estado de la pobreza: Seguimiento del indicador de riesgo de pobreza y exclusión social en España. Obtenido de https://www.eapn.es/estadodepobreza/descargas.php

Diez, J. C. (26 de 10 de 2017). El BCE en busca de la inflación. Obtenido de El Pais: https://elpais.com/economia/2017/10/26/actualidad/1509046249_743526.html

Estefanía, J. (16 de 06 de 2013). Élites extrativas. El Pais. Obtenido de http://elpais.com/elpais/2013/06/14/opinion/1371210121_255278.html

Eurostat. (s.f.). People at risk of poverty or social exclusion. Obtenido de Eurostat: https://ec.europa.eu/eurostat/tgm/table.do?tab=table&plugin=1&language=en&pcode=t2020_50

Hernández Jimenez, G. (s.f.). ¿Qué es el umbral de la pobreza? Obtenido de invertirenbolsa.info: https://www.invertirenbolsa.info/clases_economia/que_es_el_umbral_de_la_pobreza.htm

INE. (s.f.). Población en riesgo de pobreza relativa según situación laboral y en las personas con trabajo. Obtenido de Instituto Nacional de Estadística: http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925455948&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout

Nieves, V. (28 de 02 de 2018). ¿Puede la inflación llegar a ser una amenaza para Europa? “El miedo no está justificado”. Obtenido de El economista.es: https://www.eleconomista.es/economia/noticias/8971409/02/18/El-petroleo-llevara-la-inflacion-al-2-en-Europa-pero-el-miedo-no-esta-justificado.html

Palomo, A. G. (18 de 10 de 2017). 13 millones de españoles están en riesgo de pobreza o exclusión social. Obtenido de El País: https://elpais.com/elpais/2017/10/16/planeta_futuro/1508166873_533570.html

Wikipedia. (s.f.). Umbral de la pobreza. Obtenido de https://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADnea_de_pobreza

 

[1] Umbral de la pobreza: nivel mínimo de ingresos necesarios para que, en un país dado, una persona pueda llevar un adecuado estándar de vida según las tradiciones y creencias del país analizado. (Wikipedia, s.f.)

[2] Eurostat define el riesgo de pobreza mediante tres criterios: 1) Ingresos: cuando no se alcanza un 60% del salario mínimo del país aun siendo perceptor/a de ayudas del Estado; 2) Empleo: cuando los adultos que conviven en una unidad familiar han trabajado menos del 20% de los días posibles; 3) Consumo: cuando no puede acceder a más de 4 de los siguientes 9 elementos: alquiler o solución habitacional, calefacción (pobreza energética), gastos inesperados, alimentación adecuada (carne, pescado o proteínas equivalentes cada 2 días), lavadora, televisión en color, teléfono, coche, una semana de vacaciones al año fuera de casa. Según estos criterios, en el año 2017 más de 14 millones de personas en España estaban en riesgo de exclusión social: (Eurostat, s.f.)

[3] La ONU diferencia entre umbral de pobreza relativo y absoluto. El primer indicador se utiliza para países desarrollados y hace referencia a aquellas personas que ganan menos de la mitad del ingreso medio de un país; el segundo, en cambio, se utiliza para países en vías de desarrollo y se calcula mediante estimaciones sobre el coste de los alimentos necesarios para cubrir las necesidades energéticas a lo que se añade el coste de otros productos no alimentarios que se consideran básicos. Por razones metodológicas, nos centraremos en el primer indicador (Hernández Jimenez, s.f.).

[4] El INE fija el umbral de pobreza en el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo de los hogares a nivel nacional. Según el informe “Población en riesgo de pobreza relativa según situación laboral y en las personas con trabajo”, la mayor tasa de riesgo de pobreza corresponde a las personas paradas, tanto en hombres como en mujeres: en el año 2016, en España la tasa de pobreza de los hombres parados era del 54,1% y la de las mujeres del 45,1%. Por contra, la tasa de pobreza para los hombres ocupados ese mismo año era del 13,7% y para las mujeres en la misma situación laboral del 12,3%. (INE, s.f.)

[5] Por cuestiones metodológicas y comparativas se han citado datos de 2016 y 2017. No obstante, el informe AROPE de 2018, 8º Informe anual sobre el estado de la pobreza y la exclusión social en España ya está disponible también (aepn.es, s.f.).

 

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