El autor de este texto es Tico Pelayo. Lo traigo aquí con su permiso.

Seguramente os habéis preguntado alguna vez qué es eso de la posverdad. Hablemos de las posverdades. Aunque deberíamos llamarlas posmentiras. O mentiras, a secas.

La cosa funciona más o menos así. Te enteras de un algo que te llama la atención: un hecho, una opinión, un descubrimiento, lo que sea. Y te gusta, porque encaja con tus creencias o con tus ideas o simplemente te hace sentir bien. Con independencia de que sea realmente cierto o no, a ti te encaja, te hace sentir guay, luego debe ser cierto. Y lo repites a otra gente que a su vez también empieza a repetirlo, hasta que de tanto oírlo por todas partes toma un barniz de veracidad. Pero la verdad es lo de menos en estos casos. Tú lo repites porque te hace sentir especial, menos gris, más inteligente, poseedor de un arcano secreto que los tristes mortales, aferrándose a la frustrante realidad, desconocen. Y es que las posverdades no van dirigidas hacia la cabeza sino hacia las vísceras. Por eso hay quienes les llaman “mentiras emotivas”.

Algunos ejemplos son patéticamente graciosos como los de que la Tierra es plana o las conspiranoias de que las personas más poderosas del planeta son extraterrestres.

Otras posverdades son mucho más peligrosas, como las denuncias falsas, las famosas pagas y pisos que recibe la gente inmigrante, los 29 hombres asesinados cada año por sus parejas mujeres o las vacunas que causan autismo.
Como veis las posverdades están muy relacionadas con las llamadas fake news”, bulos o rumores digitales. De nada sirve que los medios de comunicación implementen políticas de transparencia, que gente independiente que lleva muchas décadas estudiando temas científicos las desmientan o que aparezcan páginas especializadas en tumbar bulos.

Tal noticia o hecho me encaja, me mola, me lo quedo y lo difundo. Que sea verdad o no, es lo de menos.

Ahora vamos a llevarnos esto a la política. En política, a lo de difundir posverdades se le llama “comunicación estratégica”. Que no es sino un eufemismo de “manipulación”. A los nazis les está dando un resultado maravilloso. Lo comentaba hace poco, advertí (sin mucho éxito, me temo) que desde la izquierda le estábamos haciendo la campaña electoral a los nazis y gratis.

¿Cuántas veces habéis visto la foto falsa de Abascal sujetando el megáfono al revés, pese a que desde páginas especializadas en desmentir bulos se ha publicado una y otra vez la foto real? Pero, por echar unas risas las redes se han inundado con el careto del nazi.

Quizás por eso les está yendo tan bien. Si por algo se caracteriza nuestra sociedad es por la pereza intelectual y por el individualismo rampante. Caldo de cultivo perfecto para las posverdades. Porque nos tocan la víscera y salivamos.

Porque estamos en una sociedad, como decía Pessoa, dirigida por agitadores de sentimientos, no de ideas.

 

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