Una trabajadora ha sido inducida al suicidio por sus propios compañeros de trabajo. Lo siento, no hay otra forma de explicarlo.

Un trabajador de la factoría de IVECO en Madrid guardaba desde hacía 5 años un video íntimo de otra trabajadora de la fábrica, con quien en su día mantuvo una relación. Ahora quería volver a tener relaciones con ella, y ante su negativa la amenazó con hacer circular ese vídeo. Esta amenaza tiene un nombre: sextorsión.

El tipejo cumplió su amenaza y difundió el video íntimo entre sus compañeros de trabajo. Esto, según el artículo 199.7 del Código Penal, es un delito castigado con una pena de prisión de 3 meses a un año o una multa de 6 a 12 meses.

Y ya sería bastante grave si se hubiera quedado ahí, pero fue más allá, mucho más allá. El vídeo íntimo rápidamente se hizo viral entre la plantilla. Y empezaron los corrillos, los cuchicheos, gente subiendo a su departamento a ver quien era la protagonista del video de los cojones. O sea, ¿qué tenéis en la puta cabeza? La vergüenza, la humillación, las «bromas», la diversión sádica…

Verónica, que así se llamaba la víctima, acompañada del representante sindical de CC.OO. fue a quejarse a recursos humanos de lo que estaba sucediendo. Y la respuesta de la empresa fue desentenderse: decir que era un tema personal y no laboral. Un caso de acoso sexual en la empresa, con un trabajador amenazando y extorsionando a una compañera, además del moobing del resto, no fue considerado «un tema laboral sino personal». Con dos cojones.

Esta mujer fue llevada al límite por sus propios compañeros. El culpable es la alimaña que lo envió, quien inició la cadena, resentido por no haber podido mojar el churro. Pero quienes lo difundieron y quienes lo utilizaron para reírse y humillar a una compañera, quienes no la apoyaron ni frenaron el acoso, son cómplices. Y la empresa que se lavó las manos, también.

Esto tiene un nombre, y es inducción al suicidio. Fue tan salvaje la humillación a la que la sometieron entre todos que acabó quitándose la vida por su propia mano, incapaz de soportarlo más.

Se ha hecho mucho hincapié en que estaba casada, que tenía dos hijas y que el video es anterior a su boda. Nada de eso es relevante, salvo que queramos establecer una línea divisoria entre mujeres que se merecen una humillación de este tipo (promiscuas, infieles, etc.) y mujeres que no (esposas y madres fieles). Ninguna mujer se merece algo así. Punto.

También se ha aludido a la falta de precaución de la propia víctima, incluso hay quien dice como Fran Rivera en Espejo Público que los hombres son incapaces de tener un video de este tipo y no mostrarlo. Dejando al margen esa idea de que los hombres son una especie de animalillos sin autocontrol que no comparto para nada, porque mi opinión sobre los hombres está muy por encima de eso, lo cierto es que en las palabras de Fran Rivera podemos apreciar cómo la repercusión social de hacer público un video erótico es muy distinta para hombres y para mujeres. Para ellos es motivo de orgullo, para nosotras de vergüenza. El hombre que enseña fotos o videos íntimos, está traicionando la confianza que la otra persona ha depositado en él. Sin embargo, no recibe de forma generalizada el reproche social de su grupo de iguales (otros hombres), sino todo lo contrario: su estatus social dentro del grupo se eleva con ese acto de traición a una mujer.

Cuando les dices a las mujeres que deben cuidarse de los hombres, no grabar esa clase de vídeos y enviarlos, lo que les estás diciendo es que los hombres no son de fiar. Si yo dijera algo así, me llamaríais misándrica feminazi. Las feministas tenemos bastante más respeto por los hombres: sí creemos que son capaces de controlarse, sí creemos que son capaces de respetar la intimidad compartida con una mujer. Lo que denunciamos no es que sean incapaces de controlarse: denunciamos que no les hace falta, porque existe un sistema social que legitima estos comportamientos.

Si un hombre difunde un video íntimo, quien va a recibir las críticas será ella, quien será culpabilizada por imprudente será ella; si un hombre se pone violento porque la mujer con la que ha tonteado no quiere mantener relaciones con él, quien será criticada por calientapollas será ella, quien será culpabilizada por imprudente será ella; si una mujer es violada, ya sea por un conocido o por un desconocido, quien será criticada por provocar será ella, quien será culpabilizada por imprudente, de nuevo, será ella.

Las feministas no decimos que los hombres no puedan controlarse: decimos que no les hace falta. Y esto es lo que significa que los hombres son violadores en potencia: que, cuando cruzan la línea que atenta contra la libertad sexual de las mujeres, la sociedad nos culpa a nosotras y les absuelve a ellos.

 

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