Hay dos tipos de influencia social:

  • Influencia directa: podemos medirla en función del % de personas en cada momento que se declaran o se autodefinen como feministas.
  • Influencia indirecta: no se consigue mediante el acuerdo literal con las afirmaciones del movimiento feminista, pero en cambio sí se muestran de acuerdo con algunas posturas que sostiene el movimiento feminista. Por ejemplo, quienes no se declaran feministas pero si les preguntan si están de acuerdo con la igualdad entre hombres y mujeres responden que sí, o más aún si les preguntan si cree que las mujeres deben tener plena autonomía sobre sus vidas, sus cuerpos y sus finanzas personales, se muestran de acuerdo.

Un colectivo puede ser numéricamente minoritario, y aún así ejercer una notable influencia social, contribuyendo a que la sociedad avance. Si bien el 8 de marzo del año pasado supuso un punto de inflexión, la marea feminista venía de tiempo atrás: hace años que viene lanzando un desafío al consenso mayoritario.

No obstante, pese a que el feminismo está creciendo en apoyo y capacidad de influencia para el cambio social, el patriarcado (sí, lo he dicho) tiene mecanismos para perpetuar los valores dominantes y bloquear el cambio social promovido por una minoría social activa. Algunas estrategias generales que utilizan las mayorías sociales para bloquear la influencia social de las minorías, aplicadas en este caso para dinamitar la influencia del movimiento feminista que seguro que reconoceréis:

1. Invisibilización del conflicto: hasta hace unos años, no existían medios de comunicación donde la visión de género fuese transversal al tratamiento informativo y el feminismo uno de los valores editoriales, ni mucho menos ministras que se declararan abiertamente feminsitas (con todas las pegas que se le puedan poner por la utilización de la camiseta la noche electoral). Recordaréis que hasta hace unos años, los medios de comunicación se limitaban básicamente a hacer alguna reseña menor para el 25 de noviembre, con suerte el 8 de marzo, y el resto del año vas que te estrellas.

2. Consistencia: la consistencia del discurso es fundamental para que un colectivo minoritario logre con tiempo y esfuerzo alcanzar influencia social. Poner de relevancia los debates internos del movimiento, como si tuviera que ser un bloque monolítico cuando precisamente lo que caracteriza al movimiento feminista es su capacidad para cuestionarse hasta los principios más sólidamente asentados en nuestro contexto cultural. O aún peor: infiltrar en el movimiento a activistas muy visibles que reciben mucha atención mediática y son capaces de dinamitar los consensos. Un ejemplo es la infiltración del lobby putero y proxeneta en las asambleas feministas con la intención de partir en dos el movimiento, pero no es el único. El «feminismo liberal» de Ciudadanos, las activistas defensoras de los vientres de alquiler, el feminismo 100tefico y las feministas «disidentes» son otros ejemplos que se me ocurren.

3. Intereses espúreos externos al movimiento: difundir los bulos que ya todas conocéis, que si chiringuitos, que si el negocio de las denuncias falsas, que si intereses personales para que te den la paguita de feminazi, o para obtener privilegios para el propio grupo como una ley que discrimina al hombre y gracias a la que puedes meter en la cárcel a cualquier hombre que se te cruce solo con tu palabra poniéndole una denuncia falsa… Ya sabéis cómo funciona la posverdad, y si no lo sabéis aquí Tico os lo explica.

4. Estilo de negociación rígido e inflexible: el propio concepto de «feminazis» ya va en esa línea. Que si con nosotras no se puede debatir por el mero hecho de que en ocasiones no tengamos ni putas ganas de volver a explicar una vez más lo obvio, utilizar a Femen como ejemplo de todo el movimiento…

5. Defecciones: la estrategia de las feministas disidentes, o las «yo antes era feminista pero ahora ya no porque están todas locas«, «yo soy feminista de verdad y no esas feminazis«… ya es un clásico.

6. Psicologización: o utilizar argumentos ad-hominem destinados no a restar credibilidad a los argumentos de la minoría o del colectivo que se pretende desactivar, sino al colectivo mismo, a las personas que lo componen. Cuentas FAKE en twitter, capturas de tuits descontextualizados para reírse, cuentas falsas fingiendo ser feministas y diciendo chorradas… O bien intentos de desacreditación de todo el movimiento basados en estereotipos del tipo «las feminsitas son todas feas, gordas, amargadas, nadie las quiere, la única compañía que tienen es media docena de gatos…»

Estas estrategias no son particulares de los ataques al feminismo: son comunes a cualquier mayoría social que intenta desactivar un movimiento minoritario con incipiente capacidad de influencia que cuestiona los valores dominantes.

Conociendo cuales son las estrategias que utilizan para intentar desactivar la creciente influencia social del feminismo, estaremos preparadas para confrontarlas

 

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