¿Qué tienen en común Logan Paul, Peluchín Entertainment, Mr. Gran Bomba y Reset?

Que todos pertenecen a esa categoría de youtubers gilipollas con millones de seguidores, que en su día se unieron a la moda de las bromas pesadas, y en un momento dado les salió el tiro por la culata.

Son cuatro ejemplos de youtubers muy conocidos en la comunidad, que se ganaban la vida haciendo videos de bromas pesadas, que tenían videos con millones de visualizaciones, marcas que pagaban expresamente por anunciarse en esos videos, por ser promocionadas por estos personajes… a los que un buen día se les fue la mano, y de ser conocidos por la comunidad de youtube pasaron a ser conocidos por la sociedad en general.

Mr. Gran Bomba era un niñato imbécil que se grababa insultando a gente random por la calle, hasta que pasó lo que tenía que pasar tarde o temprano: que alguien le calzó una hostia. El youtuber tuvo el cuajo de denunciar al repartidor al que estaba troleando durante su jornada laboral. ¿El resultado? 30€ de multa para el repartidor que le cruzó la cara. Que te dan ganas de decirle al juez: toma 90€ que en la salida le meto otras dos.

A raíz de este incidente, el youtuber vendió su canal, supuestamente por 15.000€, a la marca de gafas de sol surgida de Forocoches, y fue a Espejo Público a llorar por lo mucho que le acosaban por la calle.

Peluchín es otro niñato que se hizo viral por videos maltratando a sus gatos. No merece más comentarios.

El caso de Logan Paul ha dado la vuelta al mundo. Tuvo la brillante idea de ir a Japón, al conocido como bosque de los suicidios, y grabarse haciendo el gilipollas con un cadáver. Gilipollas se queda corto.

Y el caso de Reset es el que comentaremos hoy. Otro niñato, al que sus suscriptores le retaban a hacer bromas pesadas, grabarlas y subirlas a youtube para el cachondeo generalizado de sus millones de suscriptores. La última brillante idea que tuvieron fue pedirle a Reset que pusiera pasta de dientes en unas galletas y se las diera a un vagabundo. Tronchante. De su propia cosecha añadió además comentarios burlándose del indigente al que acababa de trollear. Este video causó un impacto negativo tremendo, el observatorio de odio contra las personas sin hogar puso el video a disposición de la fiscalía. Y hoy ha saltado a los medios la noticia del juicio al que se enfrenta: el fiscal le pide dos años de cárcel.

Reset no solo no se arrepiente, sino que acusa al juez de no tener sentido del humor y se considera a sí mismo una víctima. Dejó el instituto siendo prácticamente un crío para dedicarse a ser youtuber como profesional, y ahora ha perdido su canal, que era su modo de vida. No se da cuenta de la gravedad de lo que hizo, no se arrepiente y sigue sosteniendo que fue una broma. Que ya hay que tener la cabeza metida en el culo para no darse cuenta de lo humillante que fue lo que hizo.

Algunas de las frases que ha dicho en el juicio y que recoge la noticia de El País dan una idea de lo fuerísima de la realidad que está este chaval:

Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”.

«Esto me ha hundido bastante. Mis vídeos generaban publicidad y con eso ganaba dinero. Mi cuenta ahora no vale nada. Mi canal cayó en picado«.

Y ese es el tema. Ahí quería yo llegar. 120 millones de visualizaciones a bromas humillantes como dar mierda de gato a niños y ancianos “por las risas”. Y por los euros.

Que el zoquete es un cacho carne absolutamente carente de humanidad, cierto. No es el primero. Mr. Gran Bomba también fue a Espejo Público a intentar victimizarse.

Quienes les seguían y se descojonaban con sus bromas humillantes hasta que se desató la polémica y entonces pasaron de moda… no son mucho mejores que ellos.

La falta de humanidad de estos tarados es escalofriante. Pero no lo es menos la de quienes se reían con sus bromas.

Y la de quienes lo promovían publicitándose en su canal porque generaba audiencia.

Focalizar el problema en el niñato que hace lo que sea por la pasta es un error. El problema no está solo en ellos: estos youtubers son la manifestación más evidente del problema. Los youtubers de este estilo han entrado en una competición absurda por ver quien la hace más gorda, genera más audiencia, más ruido, más polémica, y más dinero.

Lo preocupante es cuantísimas personas consideran un entretenimiento divertido la vejación al más débil: al mendigo, al niño, al anciano, al trabajador durante su jornada laboral. Cómo de muerto por dentro hay que estar para que no te conmuevan las humillaciones a personas vulnerables. Cómo de entumecido emocionalmente para disfrutar viendo, y proponiendo incluso lo que va más allá de bromas pesadas, cruzar la línea de lo que es abuso.

En el fondo Reset, Mr. Gran Bomba, Peluchín, Logan Paul y todos los de su categoría, son solo una panda de gilipollas que no ven los límites, solo piensan en ir un paso más allá para capturar la atención de la audiencia. Es la audiencia, y con ella la inversión publicitaria, la que alienta estos comportamientos.

Disfrutan humillando al débil. Un disfrute vicario viendo cómo otro lo hace sin mancharse las manos, pero igualmente cruel..

 

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