Lo escribí en este blog hace 3 años. Hoy, el Tribunal Supremo me da la razón, en una sentencia que crea jurisprudencia:

Negar que puede existir violación dentro de una pareja equivale, según el Tribunal Supremo, a “afirmar que el matrimonio es la tumba de la libertad sexual de los contrayentes”.

Estamos en 2019 y aún hay que explicarlo porque hay quien no lo entiende. Otro día hablamos de la violación en la pareja, en cita, de cómo el 44% de los españoles consideran que si una mujer no quiere sexo no debería coquetear (del % que interpreta ser amable como coqueteo no tenemos datos), de que el 30% CONFIESA que violaría a una mujer si no tuviera consecuencias penales (y si no utilizamos esa palabra tan fea), de que 1 de cada 3 considera que las mujeres tienen «una parte» de responsabilidad cuando son violadas por «mandar mensajes confusos», de cómo el 80% de las violaciones no son cometidas por desconocidos, de cómo profesores de ciencias políticas justifican las violaciones porque testosterona, del calvario corporativista que te harán pasar entre policías, abogados, fiscales y jueces si te atreves a denunciar; cómo medios de comunicación dicen que es lícito que si a un tío se le baja la sangre a la polla y le dices que no quieres nada, se ponga violento.

Pero hoy no me veo capaz. Porque se me ha revuelto el estómago.

 

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