Los discursos construyen nuestra realidad, le dan forma y nos ayudan a interpretarla socialmente. Esto no es una crítica a la identidad ni a las decisiones individuales de nadie. Es una crítica a un discurso concreto que, bajo mi punto de vista, refuerza todos aquellos valores de la sociedad patriarcal que desde el feminismo nos esforzamos por derribar. Como ya expliqué en el post anterior (además de haberlo dicho un millón de veces antes), prefiero adoptar un enfoque que cuestione los fenómenos sociales y sus causas, en lugar de uno que cuestione a las personas y sus decisiones.

Este corte de video es del informativo de anoche sábado 1 de junio en La Sexta, lo podéis encontrar en este enlace, del minuto 33 en adelante. Y me ha puesto de muy mala leche. Porque para visualizar la problemática de la infancia trans no han encontrado mejor forma de hacerlo que recurriendo a los estereotipos de género.

Nos dicen que Lois tiene 6 años, y desde los 3 años se visualizó como niña trans. ¿Por qué? Porque desde los 2 años ya daba «pistas» de su identidad de género: le gustaban las faldas, las muñecas y el rosa. Cuando salía a la calle con el pelo largo, muñecas y vestida de rosa y con falda, LA SOCIEDAD le decía que era una niña. Así que la conclusión lógica es que Lois es una niña trans. Porque le gustan el rosa, las faldas, las muñecas y llevar el pelo largo.

Este otro video es un documental del año 2016, se titula «niños rosados y niñas azules» y empieza explicando precisamente la historia de Kevin, de 7 años, que cuenta que su profesora sospechaba que era un niño trans porque no le gustaba jugar con muñecas, ni las faldas, «ni cosas de niñas», sino que lo que le gustaba era jugar a la pelota y llevar chándal. 7 años. Continúa con la historia de Matías, que tiene dos hermanas que vestían de rosa y con faldas pero a él le gustaba llevar pantalones militares y camisetas de Spiderman. O Selena, que era una princesa, no quería ser princesa: lo era.

No estoy cuestionando aquí la identidad ni de Louis, ni de Kevin, ni de ninguna otra criatura trans. Lo que estoy cuestionando es que esta sea la mejor forma de visibilizar el tema. Reducir el género a un conjunto de estereotipos, contra los que llevamos siglos luchando, no parece la estrategia más inteligente. Y es precisamente por este tipo de discursos reduccionistas, misóginos y reaccionarios que actualmente media un abismo entre el feminismo y el movimiento transactivista. Porque desde el feminismo ni se puede ni se debe validar este discurso basado en prejuicios y en estereotipos que nos condicionan y que tanto nos esforzamos precisamente por derribar.

Visibilizar la realidad de las personas trans es casi imperativo en la sociedad en la que vivimos. Se enfrentan a unas dificultades muy concretas, la legislación ha avanzado el 2007 durante el mandato de Rodríguez Zapatero cuando se aprobó la ley de identidad de género que les permitía cambiar su nombre en la documentación sin necesidad de someterse a una operación de reasignación genital, y que aún hay que seguir trabajando hasta la plena igualdad, es un hecho. Los niños y niñas trans pasan, estoy convencida, por una encrucijada a lo largo de su crecimiento que no me puedo ni imaginar. Es NECESARIO escuchar a un colectivo que se enfrenta a una problemática social específica. Vaya eso por delante.

Ahora bien, viendo estos discursos 100% basados en estereotipos creo, honestamente, que lo estamos haciendo por el lado equivocado. Reforzar estereotipos de género para medicalizar la vida de menores, de criaturas prácticamente bebés. ¿Qué podría salir mal? ¿Darle bloqueadores de la pubertad a una criatura tan pequeña porque le gusta el rosa? ¡Claro! ¿Por qué no? Si es una niña, que empiece cuanto antes a odiar su cuerpo.

Hace una década, si un niño decía que le gustaban las faldas y el rosa, la etiqueta era automática: marica. Hoy en día la sociedad ha avanzado. Yo no tienes un hijo gay: tienes una hija trans. Y si antes el problema era el acoso, el armario, la ridiculización… ahora creo que vamos en una dirección aún peor, la de la medicalización de los gustos y aficiones. Porque el que te gusten el rosa y las muñecas, o el azul y el fútbol, no son identidad de género: son gustos y aficiones. El considerar que los gustos y aficiones encajan con un género u otro es sexismo. Pero es peor el remedio que la enfermedad: si tus gustos y aficiones no encajan con lo que se espera de tu género, ¡cambia tu género! ¿Perdón? No tengo criaturas a mi cargo, no soy madre, no tengo ni puta idea de crianza, pero… ¿lo de decirle a una personita de dos años que no hay gustos de chico y gustos de chica, y que puede jugar con lo que le de la reputísima gana sin cambiar ni su identidad, ni su documentación, ni su apariencia, cómo lo veis? ¿Muy complicado? Si mañana te dice que le gusta la pizza y la pasta, ¿qué vas a hacer? ¿Pedirle la nacionalidad italiana?

No soy yo nadie para decirle a los demás cómo tienen que educar a su descendencia, pero como este es mi blog y me lo follo cuando quiero, ahí va un consejo gratuito y no solicitado: si los gustos o aficiones de vuestras criaturas no encajan con los estereotipos de género que se les presuponen, que les jodan a los estereotipos de género. NO PASA NADA por ser chico y que te guste el rosa, NO PASA NADA por ser chica y que te guste el fútbol. No tienes que cambiar ni tu género ni tus gustos, porque no eres tú quien tiene que cambiar, es la sociedad quien tiene que dinamitar esos absurdos estereotipos que nos encasillan, nos limitan y lo que es peor, establecen una jerarquía basada en la división sexual del trabajo.

¿Podemos por un momento volver a lo más básico? ¿Qué es el género? ¿Qué es el sexo? ¿Qué es la identidad de género? ¿Qué son los estereotipos de género? ¿Qué es la orientación sexual? Porque si no tenemos claro lo más básico, no vamos a entender una puta mierda de los debates actualmente abiertos en el seno del feminismo, y el abolicionismo de género es uno de los debates que a mí personalmente me tiene en carne viva.

¿Cual es la diferencia entre sexo y género?

El sexo  hace referencia a las características fisiológicas y sexuales con las que nacemos. Los caracteres sexuales primarios son los que distinguen los dos sexos desde el nacimiento y están relacionados con la reproducción, es decir, tener pene te identifica como de sexo masculino, mientras que tener vagina te sitúa en el sexo femenino.

El género, en cambio, es algo intangible, no hace referencia a ningún atributo físico, sino al conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres, y las relaciones de poder que se construyen a partir de estas características. El problema es que muchas de estas características no son innatas, son aprendidas y por lo tanto se nos presuponen.

Identidad de género

El género sentido. Un sentimiento íntimo de lo que eres. Algo que, obviamente, solo sabes tú. Nadie puede discriminarte por tu identidad de género, porque no es algo que se aprecie a simple vista. Sí pueden discriminarte por tu género, porque es la posición que la sociedad te asigna en relación con el resto de los actores independientemente de cómo te identifiques tú, porque el género es jerarquía, no identidad. También pueden discriminarte por tu expresión de género, del mismo modo que pueden discriminarte por gorda, por llevar cresta, por ser mayor, o por no encajar en el molde de lo socialmente aceptable en definitiva.

Expresión de género

Cómo te ven los demás, y esto va asociado a la imagen, a la ropa, a los complementos, y a todos los elementos típicamente asociados al género masculino o femenino. La expresión de género puede coincidir con la identidad de género de la persona, o puede que no. Si yo mañana me rapo el pelo y me visto con las camisetas de mi novio, mi identidad de género seguirá siendo la misma pero mi expresión de género será más bien masculina. Cross-dressing, travestismo, transformismo, draq-queens y draq-kings… no suponen un cuestionamiento de la identidad de género de nadie: son juegos con la expresión de género.

Estereotipos de género

La idea de que a las niñas les gusta el rosa, las faldas, las muñecas y el pelo largo; mientras que a los niños les gusta el color azul, el fútbol, los coches y los deportes violentos. De las niñas se espera que en un momento dado de sus vidas se les despierte el instinto maternal y la afición por la crianza; de los niños se espera que desarrollen una competitividad insana. Es lo que se espera de cada cual, pero no es algo innato sino inculcado socialmente. Forma parte de nuestra socialización de género.

Los estereotipos de género son aquellos gustos, aficiones y comportamientos que se esperan de cada cual en función de su género, porque repetimos: el género es la posición jerárquica en la que la sociedad te coloca en relación al resto de actores. Del hombre se espera que sea exitoso y mantenga a su familia; de la mujer se espera que relegue su carrera profesional para dedicarle al cuidado de su pareja y de sus hijos e hijas. El hombre proveedor, la mujer recolectora. Eso son estereotipos de género, .

Me parece fenomenal que no impongamos a las criaturas desde su nacimiento un género basado únicamente en la genitalidad. Oye, perfecto que no les condicionemos desde que nacen, y esperemos a que sean capaces de expresar su género sentido. Pero confundir su género sentido con los gustos y aficiones es un error de primero de feminismo. Nos hemos esforzado tanto por que el género no condicione nuestra vida como para que ahora sean nuestras aficiones y nuestros gustos los que determinen nuestro género. ¡Lo estáis haciendo al revés!

Más info:

Feminismo radical (Radfem) y transfeminismo (Transfem) explicado fácil. O casi

Transactivismo y feminismo radical (radfem): guerra abierta

 

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