Estos días en que se reivindica el orgullo LGBT, no dejo de leer a gente alegando un supuesto derecho a ser homófobos y exigiendo «respeto» por su forma de pensar, victimizándose porque, según su particular visión del mundo, son los colectivos LGTB quienes no respetan opiniones diferentes.

Algunos ejemplos:

VAMOS A VER:

Tienes derecho a sentir miedo. Incluso tienes derecho a odiar. Por mucho que me entristezca, tampoco tendría forma de impedírtelo. A lo que no tienes derecho, ni tú ni nadie, es a estar exento de crítica. Si, tienes derecho a la libre expresión, pero los demás también, con el único límite que establece la ley.

Un tema que conviene dejar claro desde el principio es que las personas son respetables, pero las opiniones no, Es igual que cuando hablamos del delito de blasfemia y de respeto a los sentimientos religiosos: las personas merecen respeto, las creencias no, y por supuesto todas las instituciones sociales empezando por la iglesia están sujetas a crítica. ¿Que no te gusta? Te jodes. O fundas un partido que promueva un modelo de corte autoritario que coincida con tus ideas y tratáis de alcanzar el poder. Lo que tú veas.

Pero este post es una defensa de tu derecho a ser homófobo, xenófobo, tránsfobo y a coleccionar todas las fobias que te de la gana como si fueran pokemons. A lo que NO tienes derecho es a:

  1. Que respetemos tus fobias. Lidia tú con ellas, pero cuando afectan a terceras personas, no pretenderás que encima te aplaudan.
  2.  Que no se te critique por ser homófobo, xenófobo o lo que sea. Porque si tú tienes derecho a la libertad de expresión, los demás también. Y si criticas públicamente a determinados colectivos, no puedes reclamar censura para que esos colectivos no te respondan. El respeto que tú exiges para ti no está por encima del derecho a la libertad de expresión que también para ti reclamas. LLORÓN.
  3. Y por último, lo más importante: no tienes derecho a que tus miedos y tu odio se transformen en acción política dirigida a la lograr la discriminación políitca y económica y la marginación social de aquellos colectivos cuyas opiniones, origen o forma de vivir no te guste. Tienes derecho a tener prejuicios, a lo que no tienes derecho es a que tus prejuicios condicionen la vida de otros.

No te voy a hablar de colectivos oprimidos ni de minorías en situación de vulnerabilidad, porque sé que cada vez que te hablan de grupos sociales colapsas y saltas como un resorte que «cada persona es un mundo» (SPOILER: NO) y me hablarás del lobby gay, así que te hablaré de personas; no, no tienes derecho a que tus miedos, tu odio y tus prejuicios se transformen mediante la acción política en fuente de discriminación hacia terceras personas.

Algunas de las iniciativas políticas de VOX van encaminadas precisamente a promover la discriminación del colectivo LGBT. Pretenden eliminar de la legislación aquellos artículos que sancionan a una persona por su orientación s exual o su identidad de género. Es decir: quieren permitir legalmente que se pueda despedir a un empleado o empleada con el único motivo de que te has enterado de que es gay, lesbiana, transexual o bisexual. Esto, además de ser inconstitucional, es la legitimación política de la discriminación económica y social. Y a eso no tienes derecho. Puedes pensar lo que te de la gana, pero no puedes llevar a cabo iniciativas políticas encaminadas a promover la discriminación de aquellas personas que tienen una forma de vivir, sentir y pensar que no te gusten.

Otro de los artículos que quieren eliminar es el relativo a las agresiones en el contexto de los delitos de odio. Es decir, que agredir a una pareja de hombres que van cogidos de la mano por la calle, o a una pareja de lesbianas porque se niegan a hacer un show erótico para una panda de homófobos, tenga la misma pena que una agresión cualquiera sin motivación política.

Y podrías alegar que todas las agresiones son iguales, que toda violencia es violencia (hablaremos de ese mantra en otro vídeo) y que por lo tanto todos los tipos de violencia deberían tener la misma consideración. Pero es que las premisas son incorrectas: no todas las violencias tienen las mismas causas por parte de los victimarios, ni tienen la misma repercusión en la vida de las víctimas, y es por eso que tratarlas todas por igual implica realmente no luchar de forma activa por erradicar ninguna.

Una característica de la violencia que tiene su origen en el odio racial, tránsfobo u homófobo, igual que ocurre con la violencia de género, es que tiene implicaciones en la vida de las víctimas más allá de la agresión puntual, tanto antes como después. Una mujer que vive en una relación marcada por la violencia de género sabe que en cualquier momento puede sufrir una agresión sin que dependa de ella el comportamiento que la motive; del mismo modo, un gay, una lesbiana, una persona trans (particularmente mujeres trans) saben que están expuestos a sufrir violencia en cualquier momento de sus vidas por el mero hecho de existir y visualizarse en el espacio público. Y tú podrás decirme que si te metes de noche en un barrio conflictivo también estás expuesto a que te atraquen. Y he ahí la diferencia: tú puedes establecer un patrón de conducta que te haga susceptible de convertirte en víctima de violencia, y por lo tanto evitarlo; una persona trans, gay, lesbiana o racializada no puede hacer nada por evitarlo: es susceptible de convertirse en víctima de violencia por lo que es, no por lo que hace o podría evitar hacer.

Es por eso que los crímenes de odio se persiguen de forma diferenciada: porque las implicaciones sobre las vidas de las víctimas se extienden más allá de la agresión puntual. Son lo que motivan los armarios para evitarlas, por ejemplo. Limitan la libertad de las víctimas potenciales de este tipo de violencia, incluso si nunca han sufrido una agresión de este tipo. Cuando agreden a un gay o a una lesbiana, la víctima no es únicamente la persona agredida, sino todo el colectivo que ve atacadas sus libertades y se sabe víctima potencial del siguiente ataque. Por eso se tratan de forma distinta a un robo con violencia, por ejemplo, que no condiciona la vida y la libertad de quienes jamás han sido asaltados.

Solo quien considera legítimo agredir a personas que manifiestan en público su orientación sexoafectiva con señales que en una pareja hetero nos pasarían inadvertidas, como un beso o cogerse de la mano; solo quien considere que es legítimo agredir a personas trans o racializadas, consideraría legítimo sacar del articulado de la ley las penalizaciones por promover delitos de odio. Pero es que no son propuestas políticas legítimas. Tú puedes pensar lo que te de la gana, pero lo que no puedes es llevar a cabo iniciativas legislativas que supongan un recorte a los derechos y libertades de los demás.

Por todo esto, tienes derecho a ser homófobo, tránsfobo, xenófobo y lo que te de la gana. Pero mientras vivamos en un Estado democrático y no en uno de tipo autoritario o totalitario, no tienes derecho a que tus prejuicios y tus fobias condicionen la vida de los demás.

Si queréis ser homófobos, nadie os lo impide. Pero sedlo en privado.

 

 

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