Mientras los repartidores de Glovo y Deliveroo no han parado su actividad ni un solo día en lo que llevamos de cuarentena, la Guardia Urbana ha multado POR SEGUNDA VEZ a miembros de una red de cuidados antiracista en Barcelona, que se dedica a repartir comida a colectivos vulnerables, a personas que sobrevivían en la economía sumergida explotados por empresarios que no cumplen la ley, que se han quedado sin ingresos y sin poder comer. La diferencia entre un repartidor de Glovo y un repartidor de una red de cuidados a personas vulnerables como puede ser Cruz Roja no es el peligro de contagio: lo que los diferencia es que uno es útil al sistema y el otro no.

Por ese mismo motivo, en las ruedas de prensa de los mandos técnicos del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, cada día nos hablan de las personas multadas o detenidas por salir a la calle, pero en más de un mes que llevamos ya de estado de alarma aún no nos han dicho nada de ninguna empresa en la que hayan intervenido por obligar a sus empleados a trabajar saltándose el decreto o incumpliendo las medidas de protección. ¿Es que no hay ninguna? No. Es que unas son útiles al sistema, y los otros no.

La estrategia del pie en la puerta es una técnica de Marketing que consiste en hacer una petición pequeña, que la mayoría de la gente aceptará, y eso abre un hueco a que venga a continuación el objetivo real. Hay consenso en que tenemos que quedarnos en casa mientras dure la pandemia para frenar el coronavirus, es relativamente fácil de aceptar que el Gobierno utilice las medidas a su alcance para controlar que no nos saltamos el confinamiento. Y así, poniendo un pie en la puerta, es como Marlaska ya tiene preparada la posibilidad que le permite utilizar «con amparo legal» la geolocalización de móviles para fines policiales. Porque frenar la pandemia es la excusa, controlarnos es el objetivo.

La cuenta de Twitter de la policía de Puente Genil publica este mensaje, que ya había visto circulando por ahí antes pero me parece significativo por ser una cuenta oficial de un organismo de policía.

Este tipo de mensajes me llevan a pensar que lo que se busca no es evitar el contagio sino promover la obediencia. El peligro no está en la calle vacía con el virus flotando al acecho: el peligro está en las interacciones. Esto solo justifica dar el alto a personas solas, como a la mujer a la que le dieron el susto de su vida cuando se le descolgaron guardiciviles en helicóptero para pedirle la documentación mientras estaba paseando sola a su perro en un prado junto a su casa en a tomar por culo del camino, un pueblo de 400 habitantes.

En cierto modo, estos mensajes que parecen incidir en que el virus se encuentra flotando en el aire y podemos pillarlo solo con salir de casa y por eso debemos cumplir obedientemente la ley, me recuerdan al discurso sobre el violador agazapado de madrugada en un callejón oscuro, cuando lo más probable es que sea un hombre conocido, pareja, amigo o familiar. Porque tras el concepto de «disciplina social», lo que se busca al inculcarnos ese miedo no es nuestra protección: es nuestra obediencia.

Poder y producción institucional del miedo

Representación de la crucifixión por Christoph Bockstorfer
Representación de la crucifixión por Christoph Bockstorfer

Serie completa:

Una socióloga confinada. DÍA 1 (domingo). Incertidumbre

Una socióloga confinada. DÍA 2 (lunes). Control social

Una socióloga confinada. DÍA 3 (martes). Performance espontáneas

Una socióloga confinada. DÍA 4 (miércoles). Seguridad y sensación de control

Una socióloga confinada. DÍA 5 (jueves). Legitimidad democrática

Una socióloga confinada. DÍA 6 (viernes). Capital social y religión

Una socióloga confinada. DÍA 7 (sábado). Disciplina y otras áreas de análisis

Una socióloga confinada. DÍA 8 (domingo). Metodología

Una socióloga confinada. DÍA 9 (lunes). Tolerancia social a la violencia

Una socióloga confinada. DÍA 10 (martes). La importancia de la comunidad

Una socióloga confinada. DÍA 11 (miércoles). La Gestapillo de balcón desde un punto de vista sociológico

Una socióloga confinada. DÍA 12 (jueves). Recolección de datos sociológicos

Una socióloga confinada. DÍA 13 (viernes). Una sociedad sin ritos

Una socióloga confinada. DÍA 14 (sábado). La dimensión económica

Una socióloga confinada. DÍA 15 (domingo). Un brazalete azul para distinguir a «los buenos» de «los malos»

Una socióloga confinada. DÍA 16 (lunes). Hipótesis de trabajo y marco teórico

Una socióloga confinada. DÍA 17 (martes). La importancia del frame

Una socióloga confinada. DÍA 18 (miércoles). Propuestas encaminadas a una renta básica universal

Una socióloga confinada. DÍA 19 (jueves). Coronavirus y clase social

Una socióloga confinada. DÍA 20 (viernes). El tratamiento a la tercera edad

Una socióloga confinada. DÍA 21 (sábado). El miedo como mecanismo de control social

Una socióloga confinada. DÍA 22 (domingo). Todos somos héroes

Una socióloga confinada. DÍA 23 (lunes). ¿Por qué lo llaman «renta básica» cuando quieren decir «subsidio temporal»?

Una socióloga confinada. DÍA 24 (martes). La mascarilla como burka laico

Una socióloga confinada. DÍA 25 (miércoles). Sobre la estadística de prevalencia epidemiológica

Una socióloga confinada. DÍA 26 (jueves). Datos estandarizados

Una socióloga confinada. DÍA 31 (martes). Obediencia o protección. La estrategia del pie en la puerta

Una socióloga confinada. DÍA 34 (viernes). «Gracias por tu labor en el hospital/súper, pero no queremos que vivas aquí mientras dure la pandemia»

Una socióloga confinada. DÍA 37 (lunes). Cómo combatir los bulos

Una socióloga confinada. DÍA 40 (jueves). La chaqueta de Zara de Pablo Iglesias y el poder transformador de las emociones