Institucionalización, poder y resistencia: feminismo radical, regulacionismo de la prostitución y activismo trans

Este artículo lleva escrito más de un mes, y le he estado dando vueltas a si publicarlo o no. Finalmente he decidido que sí lo voy a publicar. Es un ejercicio para la asignatura de Acción Colectiva en el marco de una reflexión sobre instituciones sociales, y los conceptos de poder y resistencia desarrollados por Foucault. No negaré que en la decisión de publicarlo finalmente ha influido que me dieron ayer la nota y lo han calificado con un sobresaliente. Eso solo significa que los conceptos utilizados son correctos, la línea argumental es válida, las fuentes seleccionadas son relevantes y las conclusiones son coherentes con la exposición de argumentos. No implica que los hechos relatados sean 100% ajustados a la realidad de lo ocurrido, porque lo que aquí relato es MI VISIÓN PERSONAL del tema, y como tal solo puede ser subjetiva.

Me comentan que algunas personas han interpretado este artículo como una criminalización del colectivo trans, o una señalación de la connivencia de intereses con el lobby proxeneta. Nada más lejos de mi intención. La idea que intento transmitir es precisamente la contraria: la instrumentalización que hace el lobby proxeneta de las demandas y del sufrimiento del colectivo trans para sus propios intereses.

Resumen: El movimiento feminista ha vivido un progresivo proceso de institucionalización, no exento de tensiones y resistencias, que ha culminado en la Comisión Estatal 8M. La perspectiva regulacionista de la prostitución ejerce hoy el liderazgo institucional del movimiento. El apoyo del equipo municipal de Ada Colau desde el ayuntamiento de Barcelona ha sido fundamental para que esta perspectiva sea normativa entre la opinión pública. La fuerte resistencia por parte del movimiento abolicionista encarnado en colectivos “radfem” (feministas adscritas a la corriente radical) ha ocasionado no pocos conflictos internos. En este trabajo analizamos el proceso de institucionalización de las propuestas regulacionistas, las dinámicas de poder, las alianzas con el activismo trans y los medios de comunicación, los procesos de categorización y exclusión y la resistencia interna dentro del movimiento feminista en dos de las ciudades más activas: Madrid y Barcelona.

Palabras clave: feminismo, prostitución, feminismo radical, radfem, abolicionismo, regulacionismo, 8M, instituciones sociales, sociedad civil, Ca la Dona, Ada Colau, Comisión Estatal 8M, activismo trans

Marco teórico

El movimiento feminista ha vivido un progresivo proceso de institucionalización, no exento de tensiones y resistencias, que ha culminado en la Comisión Estatal 8M. En Barcelona, este proceso se ha articulado entorno a Ca La Dona y el espacio Francesca Bonnemaison, mientras que en Madrid se ha forjado entorno a la Comisión Estatal 8M desplazando a la Coordinadora Feminista y a la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

La perspectiva regulacionista de la prostitución ejerce hoy el liderazgo institucional del movimiento, perspectiva que ha devenido normativa entre la opinión pública gracias al apoyo en Barcelona del equipo municipal liderado por Ada Colau y en Madrid por el control ejercido en los órganos de coordinación de la Comisión Estatal 8M, en ambos casos con una fuerte resistencia por parte del movimiento abolicionista encarnado en colectivos “radfem” (feministas adscritas a la corriente radical).

Una de las herramientas básicas de las que se ha servido el movimiento regulacionista en su lucha por alcanzar la hegemonía y el poder en las instituciones ha sido la coordinación de estrategias y objetivos con el activismo trans: la hipervigilancia y las acusaciones de “transfobia” han sido utilizadas de forma sistemática como mecanismos de control y de castigo político respectivamente, contra feministas radicales con repercusión con el fin de silenciar su discurso. Una estrategia que ha podido ser desplegada en el marco de la sociedad de control conceptualizada por Foucault[1], y que persigue alcanzar la docilidad del sector del feminismo que cuestiona de una manera más radical las bases estructurales del sistema prostitucional[2].

A su vez, el manejo de los medios de comunicación para situar el discurso regulacionista como falsamente hegemónico en el movimiento feminista ha llevado sus propuestas a una posición de poder.

Contexto sociohistórico

El movimiento feminista barcelonés, tal y como lo entendemos hoy en día, experimenta su eclosión en el año 1976, en la Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, tras más de 40 años de silencio forzoso debido a la dictadura franquista que, en su afán totalitario, solo permitía a la sección Sección Femenina como institución que abordara problemáticas sociales propias de las mujeres desde una perspectiva patriarcal.

En 1978 se funda a nivel estatal la Coordinadora Feminista en forma de federación de organizaciones, con el fin de unir y coordinar esfuerzos entre los distintos colectivos feministas a nivel estatal. Esta federación, junto a la FELGTB (Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), ambas con sede en Madrid, habían sido las interlocutoras habituales entre las entidades, la sociedad civil y los partidos políticos, trabajando activamente en propuestas que finalmente cristalizaron en leyes como el matrimonio igualitario, la Ley Integral Contra la Violencia de Género, o la ley de identidad de género.

Por su parte con motivo de la organización y coordinación de la primera huelga feminista que tuvo lugar el 8 de marzo de 2018 de forma simultánea a nivel mundial, se constituyó en España la Comisión estatal 8M. Se define a sí misma como “un espacio de trabajo, debate, organización, encuentro y construcción creado por asambleas feministas de diferentes territorios con el objetivo de compartir conocimientos para construir estrategias que generen cambios que transformen la sociedad”[3]. Se configura de forma piramidal como espacio de trabajo que aglutina a las diferentes asambleas 8M territoriales y se erige, gracias al papel que le atribuyen los medios de comunicación y a su relevancia mediática lograda a partir del éxito de las dos huelgas feministas (2018 y 2019) como portavoz oficial del movimiento, desplazando del primer plano a las federaciones anteriores. Es así como, en esa interrelación entre asambleas territoriales, Comisión Estatal y medios de comunicación, la Comisión se coloca en una posición de poder en la interlocución entre el movimiento feminista y sociedad civil, capaz de marcar el discurso oficial del feminismo en España[4], pasando por encima de los colectivos, en ocasiones de forma autónoma y no consensuada en los órganos de coordinación internos.

El papel de los edificios en la sociedad de control. El panoptismo

Los dos espacios en los que el movimiento feminista de Barcelona se organiza, coordina y produce conocimiento son ambos de titularidad pública y separados apenas por 3 minutos a pie. Son la institución Ca La Dona, cuyo local está financiado por el ayuntamiento de Barcelona desde 1988, y el Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison, popularmente conocido como La Bonne, gestionado por la Diputación de Barcelona desde 1941 y en cuyo grupo promotor está Ca La Dona[5].

Pese a la necesidad manifestada por el propio movimiento feminista de disponer, parafraseando a Virginia Woolf, de una habitación propia, estos espacios de titularidad pública se constituyen en elementos estratégicos para la producción de cuerpos dóciles (físicos y simbólicos). Controlar las reivindicaciones del movimiento feminista, domesticar a un colectivo de activistas movilizado y reivindicativo, un movimiento que actualmente supone el mayor desafío al statu quo, es una de las necesidades de quienes están en una posición poder con el fin de evitar verse cuestionados.

Estos espacios se configuran dentro del modelo panóptico propuesto por Foucault[6], concebido no tanto como un modelo de construcción arquitectónica sino como un principio organizativo: operan como espacios integrales cerrados sobre sí mismos donde tiene lugar la producción feminista institucional. La acción empieza y culmina en ellos, muy frecuentemente también se desarrolla en los propios espacios, de tal modo que son capaces, adaptando la terminología de López Gómez (2006, pág. 68), de convertir la disciplina en una tecnología de normalización, de funcionalizar los espacios para disciplinar.

De este modo, la Asamblea 8M de Barcelona, a través del fondo de Ca La Dona y de la Biblioteca Francesca Bonnemaison, funcionan conjuntamente como institución de control, producción de saber y de recopilación de información coherente con su posición de poder en el movimiento feminista: para ser efectivo, el poder tiene que tener conocimiento acerca de aquéllos a los que quiere influir.

Por su parte, el abolicionismo y la corriente radfem en tanto que movimientos sociales que convergen en multitud de espacios informales y acciones sociales, organizados en una miríada de colectivos, asociaciones y grupos de interés coordinados entre ellos en una red de relaciones interconectadas, reuniéndose en espacios públicos o privados, se configuran como extituciones que funcionan con una lógica descentralizada, extramuros, que potencian la autonomía de los sujetos.

Todos estos colectivos convergen en las Asambleas territoriales 8 de Marzo, que a su vez elevan de forma jerárquica y disciplinada las decisiones consensuadas a la Comisión Estatal 8M, que se ha erigido por la vía de la proyección en los medios de comunicación, como La Institución Feminista por excelencia a la que acudir cuando se requiere conocer el posicionamiento del feminismo español sobre algún tema concreto, pasando por encima de entidades como la Coordinadora Feminista (Federación Estatal de Organizaciones Feministas), con mayor trayectoria y que aglutina a los diferentes colectivos de una forma federada y no jerárquica. De este modo, es la Comisión la que ejerce de organismo oficial de control, recopilación y producción del conocimiento.

Proceso de institucionalización del regulacionismo

Los movimientos sociales son un cuerpo vivo, que nace, crece, en ocasiones se reproduce, y muere.

En concreto el proceso de institucionalización del movimiento regulacionista se ha visto beneficiado por el éxito de las Huelgas Feministas de 2018 y 2019, que ha abierto una ventana de oportunidad para introducirse en colectivos donde hasta entonces no tenían una presencia destacada.

Los intentos de institucionalización de los partidarios del regulacionismo como movimiento social no son nuevos. El periodista Joan Cantarero expone en su libro Amos de la Prostitución en España (2007, pág. 111) cómo “el 13 de febrero de 2001 se presenta ante la Dirección General de Trabajo del Ministerio el expediente necesario” para inscribir ANELA (Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne); cómo dos de sus fundadores se reúnen con Xavier Pomés, exconseller de Interior de la Generalitat de Catalunya durante gobierno de Jordi Pujol (CiU), para promover la regulación de la prostitución en Catalunya (pág. 106), y cómo desde su fundación se encontraba entre los  objetivos de la asociación lograr “la plena regulación administrativa del alterne y la prostitución” (pág. 108).

Siendo ANELA la patronal de la prostitución en España, desde su constitución padece la anomalía de ser la única patronal que no tiene un sindicato con el que negociar las condiciones laborales del sector. Con el fin de corregir esta anomalía, promovida por ANELA y al servicio de sus intereses en el año 2003 se intenta registrar ALMA (Asociación Libre de Mujeres de Alterne) capitaneada por Mariló Femenía[7].

Anexo 2: ALMA, sindicato vertical de prostitutas
Anexo 2: ALMA, sindicato vertical de prostitutas

Hasta tal punto el lobby proxeneta era consciente de que la postura regulacionista era minoritaria en los círculos feministas en los primeros años del siglo XXI, que la propia patronal de clubes de alterne decide que es necesario para sus intereses fundar su propia asociación “feminista” con la que contrarrestar mediáticamente la dura oposición (pág. 208) que está recibiendo por parte del abolicionismo, corriente mayoritaria en los colectivos feministas por aquel entonces.

Femenía ejerció de portavoz de la asociación de prostitutas libres ante los medios de comunicación pese a que realmente no trabajaba en ningún club, de hecho, su único trabajo y su fuente de ingresos era la representación de ALMA, cuya nómina pagaba la patronal del sector. La asociación no tenía ninguna afiliada hasta que se solicitó a los miembros de ANELA que promovieran la afiliación entre las mujeres de sus clubes (2007, pág. 214). La estela de Femenía sería seguida más tarde por Concha Borrell y Sabrina Michelle Rivera al tratar de registrar, esta vez en forma de sindicato, una asociación de trabajadoras sexuales: sus sueldos como auxiliares administrativas también proceden de la propia Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex)[8]. Que ALMA estuvo financiada por la patronal del lobby proxeneta es algo conocido, como pone de manifiesto la investigación de Cantarero. De que el sindicato OTRAS sigue el mismo patrón de financiación, hay como mínimo sospechas, a tenor de la investigación llevada a cabo por Anna Prats e Ismael López Fauste en 2018[9].

Así, el regulacionismo en tanto que movimiento social ha seguido la evolución organizacional propia de los movimientos sociales: nació con ALMA con pocos apoyos más allá de los propios interesados, posteriormente se dividió en Aprosex, Hetaira y otras asociaciones menores, logrando cierta repercusión mediática, apoyo social y financiación para sus actividades; se formalizó y profesionalizó por la vía de la comercialización de servicios de pago mediante la asociación Aprosex y el sindicato OTRAS, y finalmente se ha integrado en los órganos de coordinación movimiento feminista como la Comisión Estatal 8M y en las administraciones públicas como el Ayuntamiento de Barcelona.

Dinámica instituidos/instituyentes. Libfem/Radfem.

La huelga feminista de 2018 fue un éxito mundial sin precedentes, lo que llevó a las organizaciones feministas a reeditar la convocatoria de paro al año siguiente. Sin embargo, en 2020 la falta de acuerdo en la Comisión 8M impidió promover este último año una tercera huelga feminista estatal. El regulacionismo ya se había infiltrado en las asambleas y había puesto en marcha sus dinámicas para hacerse con el poder y romper los consensos. Mientras el manifiesto de Madrid recogía una tibia demanda de lucha contra la trata con fines de explotación sexual que dejaba fuera la abolición de la prostitución al separar ambos fenómenos (que el movimiento Radfem considera inseparables: sin prostitución no hay trata), el manifiesto de Barcelona ya en 2019 recogía demandas del colectivo de “trabajadoras sexuales”[10] que propone el feminismo liberal (Libfem) obviando las relaciones de poder que se despliegan en la interacción de la prostitución.

Activistas feministas de todo el estado expresan las mismas técnicas desplegadas en las diferentes asambleas territoriales por parte del movimiento regulacionista, en coordinación con activistas trans[11]:

  1. Entrar en las coordinadoras de las comisiones y promover vías de comunicación alternativas donde tomar decisiones no consensuadas de espaldas a las asambleas, y aislando a las activistas abolicionistas de los órganos de decisión y de las reuniones.
  2. Manipular el orden del día y las actas de las asambleas para eliminar los puntos relacionados con el abolicionismo.
  3. Evitar temas relacionados con la agenda regulacionista con argumentos como “hoy no toca”, “eso no está en el orden del día”, “la asamblea no puede durar 5 horas” o “ya es muy tarde, ese tema lo trataremos en otra ocasión”.
  4. Impedir votar para determinar el grado de adhesión a las propuestas abolicionistas bajo el pretexto de que se rompe el consenso. Un consenso inexistente.
  5. Ejercer intimidación física por parte de mujeres trans, de una envergadura física notablemente superior a la media del resto de mujeres asistentes, contra las activistas abolicionistas en su turno de palabra.
  6. Quitar el micro en mitad de su intervención mientras están argumentando la indisoluble relación entre los fenómenos de trata y prostitución (“sin recurrir a la trata no hay suficiente oferta de mujeres libres para cubrir la demanda de prostitución”) con el argumento de que se está faltando al respeto a las compañeras “trabajadoras sexuales”.
  7. Excluir y directamente expulsar de los espacios a las compañeras abolicionistas como ocurrió en la asamblea de Valencia en 2019.
  8. Promover en redes sociales campañas de boicot, silenciamiento y desprestigio contra referentes abolicionistas como Gemma Bravo[12], Anna Prats[13] o Amelia Valcárcel[14], con el argumento de que a autoras tránsfobas no se les debe dar altavoz en espacios de participación política
Anexo 3: Cartel de la manifestación convocada el 17 de noviembre de 2018 contra la presencia de Gemma Bravo y Anna Prats en una charla sobre vientres de alquiler. El argumento para silenciar la charla es la supuesta transfobia de las ponentes.
Anexo 3: Cartel de la manifestación convocada el 17 de noviembre de 2018 contra la presencia de Gemma Bravo y Anna Prats en una charla sobre vientres de alquiler. El argumento para silenciar la charla es la supuesta transfobia de las ponentes.
Anexo 4: Señalamiento de una de las promotoras del boicot a Anna Prats con el argumento de “transfobia”, con el objetivo de silenciarla y que el PSC cancele su charla.
Anexo 4: Señalamiento de una de las promotoras del boicot a Anna Prats con el argumento de “transfobia”, con el objetivo de silenciarla y que el PSC cancele su charla.
Anexo 5: Cartel de la manifestación convocada el 19 de marzo de 2020 contra la presencia de Amelia Valcárcel en Santa Cruz de Tenerife, de nuevo con la acusación de TERF (tránsfoba) como argumento para el silenciamiento de una representante de la corriente feminista radical.
Anexo 5: Cartel de la manifestación convocada el 19 de marzo de 2020 contra la presencia de Amelia Valcárcel en Santa Cruz de Tenerife, de nuevo con la acusación de TERF (tránsfoba) como argumento para el silenciamiento de una representante de la corriente feminista radical.

El hecho de que las activistas más destacadas del regulacionismo, como como por ejemplo Shirley McLaren, sean trans no es casual. El argumento es que el colectivo trans está atravesado por múltiples discriminaciones, sus expectativas laborales son peores que las de la media de la población, y por ello se ve abocado al ejercicio de la prostitución como salida económica a la pobreza. La estrategia es utilizar el sentimiento de culpa junto a la ley de cuidados forjados a fuego en la socialización femenina, como arma para categorizar de “tránsfoba” y “putófoba” a quien disienta de los postulados regulacionistas. Tratan de realizar una identificación entre argumentos y personas mediante la cual estar en contra de unos determinados argumentos es estar en contra de esas personas, y por lo tanto estar en contra de regular la prostitución equivale a estar “en contra de que puedan ganarse la vida” y eso es ser “putófoba” y “tránsfoba”. La intersección de las categorías mujer, prostituta, trans y pobre otorga una legitimidad social para que su discurso sea escuchado sin objeciones paternalistas, y por ello es instrumentalizado sin rubor alguno por parte de quienes se mueven para tejer relaciones que les garanticen el poder interno como vía para acallar la crítica, pues la viabilidad de sus negocios depende de que se imponga la agenda regulacionista.

Por su parte, las activistas de la corriente feminista radical, además de la abolición de la prostitución, también propugnan una sociedad libre de pornografía, sin mujeres que alquilen sus cuerpos para gestar para terceros, y sin las jerarquías sexuales simbolizadas por el género. El abolicionismo de género, por su parte, es estigmatizado como tránsfobo por parte del activismo trans y por el feminismo liberal, de ahí las posturas irreconciliables de ambas corrientes.

Estos comportamientos tienen lugar en el contexto de la sociedad de control conceptualizada por Foucault, donde el poder está disperso (tanto personal como territorialmente), y gracias a los mecanismos técnicos que permiten un nivel de hipervigilancia de las activistas y sus discursos en redes sociales nunca antes visto.

Particularmente la hipervigilancia, el acoso a través de redes sociales, el silenciamiento y la exclusión de grupos y espacios al que someten a las activistas de la corriente radical con el argumento de la transfobia genera un ambiente hostil hacia las participantes que se adscriben a esa corriente de pensamiento, que reaccionan por un lado con retraimiento y miedo a expresar sus puntos de vida ante la posibilidad de ser señaladas, estigmatizadas y expulsadas, retroalimentando así la espiral del silencio (Noelle-Neumann, 1992); y por otro tratando de defender sus posiciones en una posición cada vez más debilitada.

De este modo funcionan bajo la lógica del panoptismo que hemos comentado anteriormente y logran alcanzar sus objetivos:

  1. Visibilidad: observan, registran el comportamiento de las participantes en las asambleas, las categorizan entre partidarias (regulacionistas) y detractoras (abolicionistas) y producen conocimiento sobre ello.
  2. Aislamiento de lo no normativo: desde el momento en que el movimiento regulacionista controla las asambleas mediante las técnicas reseñadas, esta corriente se convierte en normativa y despliega campañas de boicot, aislamiento, ostracismo y silenciamiento político a líderes abolicionistas.

El castigo infligido a quienes disienten de la corriente regulacionista es el aislamiento social dentro del movimiento, posible gracias a técnicas de vigilancia y control permanentes. Una vez etiquetada como “TERF”[15], no hay vuelta atrás: quien es situada en esta categoría es políticamente silenciada por el resto del grupo. Las redes sociales facilitan por un lado amplificar el discurso hegemónico, y por otro promover el acoso y la estigmatización de quienes se posicionan en la corriente alternativa.

Institucionalización, poder y resistencia. El abolicionismo se planta

La crisis en el movimiento feminista se evidencia públicamente el 8 de febrero de 2020 en Madrid cuando se convoca a los medios a la lectura del manifiesto de la “revuelta puteril”, no consensuado en los espacios de trabajo, pero promovido como la postura oficial del feminismo español. La Asamblea Abolicionista se planta[16].

La falta de consenso interno, y el hecho de que la perspectiva regulacionista no es ni mucho menos mayoritaria aunque su discurso sea hegemónico, se ven reflejados en la cadena de más de 7km en la que participan alrededor de 6.000 mujeres feministas por la abolición de la prostitución[17], como pistoletazo de salida a un mes de movilizaciones que desembocarían en la manifestación masiva del 8 de marzo de 2020, que este año no iría acompañada de una huelga estatal de 24 horas por la falta de consenso interno al respecto.

El 8 de marzo de 2020, se escenificó la ruptura total en el activismo feminista. Colectivos transinclusivos hicieron un llamamiento a acudir a la marcha con un pañuelo rosa[18] para visibilizar que protegerían a las mujeres trans de los ataques tránsfobos de feministas radfem abolicionistas y “cis” y que no permitirían corear consignas tránsfobas. Una suerte de equipo de seguridad paralelo y alternativo al de la propia organización de la marcha.

Anexo 6: Llamamiento a utilizar el pañuelo rosa como símbolo de protección a las mujeres trans en la marcha del 8 de marzo de 2020. Fotografía de la activista trans Lara Santaella.
Anexo 6: Llamamiento a utilizar el pañuelo rosa como símbolo de protección a las mujeres trans en la marcha del 8 de marzo de 2020. Fotografía de la activista trans Lara Santaella.

Por primera vez en 45 años, el abolicionismo de Madrid no marchó en la cabecera de la manifestación. Un grupo de manifestantes abolicionistas, con una pancarta propia al margen de la consensuada, se colocó cerca del escenario una hora antes de que llegara la cabecera oficial de la manifestación, mientras manifestantes con pañuelos rosas les hacían frente. Intentaron invisibilizar el mensaje de la pancarta abolicionista mediante un muro humano, la organización subió el volumen de la música para que no se escucharan sus consignas, rompieron y pisotearon pancartas, sacaron a abolicionistas a empujones de la manifestación[19]… Y se las acusó de tránsfobas y de saltarse los consensos.

El papel del equipo de Ada Colau. Aprosex y OTRAS

Nada de lo anterior habría sido posible sin el apoyo entusiasta de las instituciones públicas como el Ayuntamiento de Barcelona liderado por Ada Colau y su equipo, que han situado a líderes trans y regulacionistas como portavoces oficiales del movimiento, han financiado a organizaciones como Aprosex mediante subvenciones públicas[20] y han legitimado públicamente el discurso del sindicato ilegalizado OTRAS.

La asociación Aprosex (Asociación de Profesionales del Sexo), liderada por Concha Borrell (también conocida como Paula VIP) y en nómina a Sabrina Michelle Rivera (más conocida como Shirley McLaren), recibió en concepto de subvenciones, solo entre 2016 y 2018, un total de 25.000€ tanto desde el Ayuntamiento de Barcelona como desde la Diputación de Barcelona, a la vez que cobraba 90€ en concepto de inscripción a cursos de introducción a la prostitución[21], que en agosto del año 2019 iba ya por su edición número 16 según su propia página web[22] y que en la práctica funcionan como organismo de reclutamiento.

En el año 2018 fueron un paso más allá al pasar de asociación de profesionales a la constitución y legalización de un sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS, con las mencionadas Paula VIP y Shirley McLaren como portavoces, y envuelto en polémica desde su fundación[23]. Mientras las dos representantes decían hablar en nombre del colectivo de prostitutas libres (tanto por cuenta propia como ajena), los estatutos de la asociación suponían la legalización de facto del proxenetismo, motivo por el cual fueron anulados por la Audiencia Nacional[24], si bien lograron el objetivo principal: situar la regulación de la prostitución en el debate mediático, y someter esa opción a debate entre la opinión pública, captando el interés de los medios de comunicación.

Hasta tal punto fue público y notorio el apoyo del ayuntamiento liderado por Ada Colau a las líderes regulacionistas que, en el año 2019, la propia Sabrina estuvo en el balcón del ayuntamiento, adornado con una bandera LGBT, a la derecha de la alcaldesa[25].

Anexo 8: La activista trans y pro-regulación de la prostitución, Shirley McLaren, portavoz mediática del sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS, en el balcón del ayuntamiento de Barcelona con motivo del Orgullo Gay 2019: tercera por la izquierda, entre Ada Colau (con chaqueta verde) y Ernest Maragall (con chaqueta azul)
Anexo 8: La activista trans y pro-regulación de la prostitución, Shirley McLaren, portavoz mediática del sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS, en el balcón del ayuntamiento de Barcelona con motivo del Orgullo Gay 2019: tercera por la izquierda, entre Ada Colau (con chaqueta verde) y Ernest Maragall (con chaqueta azul). Fuente: Europa Press (Guasch Rafael, 2019)

Si conceptualizamos el poder como relación siguiendo la estela de Foucault, resulta evidente que pocas relaciones te colocan en una mejor posición de poder que estar situado junto al poder institucional, político y mediático.

Conclusiones

El movimiento feminista en general, y el abolicionismo en particular, se encuentra en un momento crucial en su historia. Perdida la hegemonía social de su discurso tanto internamente como de cara a la sociedad, controlado mediante la hipervigilancia de sus acciones gracias a los dispositivos técnicos propios de una sociedad de control, sometido una fuerte disciplina en sus actuaciones, exponiéndose sus activistas a la expulsión de los espacios y al silenciamiento político, es crucial en estos momentos la reorganización del movimiento. Su supervivencia política pasa por la reorientación de sus estrategias y la redefinición de objetivos a corto plazo que permitan recuperar el liderazgo social y la hegemonía del discurso.

Este 8 de marzo el movimiento abolicionista reivindicó una actitud de resistencia frente al control y el poder del lobby proxeneta infiltrado en sus filas, un trabajo que se lleva haciendo en las asambleas territoriales desde hace dos años. Ha dado ejemplo de capacidad de organización y de masa crítica suficiente dentro del movimiento como para organizar sus propias acciones colectivas y llevar su discurso a la ciudadanía sin mediación de interlocutores autonombrados. Queda mucho trabajo por hacer para recuperar el terreno perdido.

Anexo 1: Definiciones

Para poder abordar la historia del movimiento feminista, se hace preciso establecer una serie de definiciones de consenso con el fin de delimitar los conceptos teóricos utilizados.

  • Libfem: Feminismo liberal. Se caracteriza por un abordaje de las problemáticas de tipo individualista, centrada en la capacidad de las mujeres para alcanzar la igualdad individual a través de sus propias acciones y decisiones obviando el contexto sociocultural y las relaciones patriarcales de poder de la sociedad en la que se desenvuelven, y por su énfasis en el libre mercado: es feminista lo que a mí me empodera. Conceptualiza el género como identidad. Es partidario (entre otras cosas) de la regulación de la prostitución, de la legalización de la gestación subrogada, de la libertad de expresión en la pornografía y de la teoría queer. Entre las autoras de esta corriente, su máximo referente es Camile Paglia, mientras que Emma Watson a través de su papel como embajadora de buena voluntad de la ONU Mujeres es su cara más visible. En España se adhiere a esta corriente la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas.
  • Radfem: Feminismo radical. Se caracteriza por abordar las problemáticas desde la raíz, centrándose en las relaciones de poder y en la jerarquía sexual. Conceptualiza el género como opresión y jerarquía. Promueve (entre otras cosas) la abolición de la prostitución, de la pornografía, del género y de los vientres de alquiler. Entre las autoras españolas contemporáneas más destacadas de este movimiento se encuentran Ana de Miguel o Rosa Cobo, y entre las autoras internacionales de referencia cabe mencionar a Sheila Jeffreys o Catharine MacKinnon.
  • Abolicionismo: postura que promueve la abolición de la prostitución, el aparato estatal prostituyente y todo el andamiaje del sistema prostitucional. Considera que la trata es indisociable del fenómeno de la prostitución, pues en condiciones de libertad no hay suficientes mujeres dispuestas a ejercerla para cubrir la demanda.
  • Abolicionismo de género: corriente feminista que aboga por la abolición de los roles y estereotipos asociados al género, y de la jerarquía sexual. Es una terminología utilizada por el feminismo radical
  • Regulacionismo: postura que promueve la regulación de la prostitución tanto por cuenta propia como ajena, y su encaje en el marco del mercado laboral. Con ese fin, en agosto de 2018 fue inscrito en el registro el sindicato OTRAS, previa solicitud aprobada al Ministerio de Trabajo[1], registro que fue posteriormente anulado por constituir un fraude de ley, al rechazar la Audiencia Nacional que la prostitución pueda ser un trabajo[2].
  • Cis: persona que se identifica con el género que le fue asignado al nacer en función de su genitalidad externa. En Testo Yonki, Preciado utiliza la terminología «biomujeres» y «biohombres»[3]. El término “cis” es rechazado por el abolicionismo de género y por el feminismo radical, por considerar que ninguna mujer se identifica con el género, y por lo tanto con su posición en la jerarquía sexual que le fue impuesta al nacer.
  • Trans: persona que no se identifica con el género que le fue asignado al nacer en función de su genitalidad externa. Esto es completamente independiente de cómo la sociedad les lee, de si han decidido hormonarse, de si han tomado la decisión de operarse para modificar su apariencia física y/o sus genitales, de si padecen disforia o no.
  • Teoría queer: Se basa en la teoría de la performatividad del género[4], reniega del binarismo de género y tiene su máximo exponente académico en la filósofa estadounidense Judith Butler.
  • Binarismo de género: creencia de que, en el contexto sociocultural occidental, la sociedad únicamente reconoce dos géneros (masculino y femenino).
  • TERF: Acrónimo de Trans Exclusionary Radical Feminist. Es el concepto que unifica “radfem” y “transfobia”, y por lo tanto se utiliza para acusar a las activistas radfem de ser tránsfobas y así expulsarlas de los espacios, de las instituciones, y lograr así silenciarlas.

Anexo 7: Recopilación de videos del 8M2020 (Madrid)

Video: El grupo abolicionista llega al final de la manifestación una hora antes que la cabecera oficial, mientras el grupo contrario se posiciona delante del escenario para impedirles el paso. Mientras las manifestantes corean consignas abolicionistas, la organización sube la música con objeto de silenciarlas.

Video: la organización sube la música para impedir que se oigan las consignas abolicionistas mientras un grupo de activistas trans hace de barrera humana para tratar de ocultar el mensaje de la pancarta que portan.

Video: Pancartas abolicionistas rotas y pisoteadas por activistas con pañuelos rosas.

Video: manifestantes con pañuelo rosa sacan de la marcha a un grupo de abolicionistas.

Notas al pie

[1]Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión“ (Foucault, 1976).

[2]Elementos para una crítica del sistema prostitucional” (Nuño Gómez, De Miguel Álvarez [dirs.], & Fernández Montes [coord.], 2017).

[3] (Comisión 8M, 2018)

[4]La Comisión 8M de Madrid: manipulación, antifeminismo y revuelta puteril” (Asamblea Abolicionista, 2020).

[5]Història de Ca la Dona: Som hereves d’una llarga tradició” (Ca la Dona, 2020)

[6] (Foucault, 1976) Op. Cit.

[7] Ver Anexo 2: ALMA, el sindicato vertical de prostitutas

[8]Las promotoras del sindicato de prostitutas: ‘auxiliares administrativas’ con el salario mínimo” – El Plural 15/11/2018 (Hidalgo, 2018)

[9]Empresas millonarias, tras los representantes de OTRAS, el sindicato de prostitutas que metió el gol a la ministra Valerio” – Diario16 9/9/2018 (Prats & López Fauste, 2018)

[10]¿Quién quiere romper el movimiento feminista?” La hipótesis de Nuria Alabao y Marisa Pérez es que los partidos políticos están detrás de los conflictos en las asambleas del 8M en Madrid y Barcelona, en un intento por debilitar y controlar el movimiento (Alabao & Pérez Colina, 2019).

[11] Notas recogidas en el III Foro de Ciudades Abolicionistas que tuvo lugar en Barcelona el 29 de febrero de 2020, durante la ponencia “La prostitución en el territorio”, durante la cual distintas activistas de diferentes puntos de España explicaron sus experiencias en las asambleas territoriales.

[12] En noviembre de 2018, Gemma Bravo dio una conferencia en la sede del Partido Comunista de Carabanchel sobre abolición de los vientres de alquiler, la práctica también conocida como gestación subrogada por quienes promueven su legalización. La campaña de boicot, silenciamiento y desprestigio se puso en marcha contra todas las ponentes con el argumento de “transfobia”, aunque el tema de la charla nada tenía que ver con identidades trans, y desembocó un mes después en un expediente de expulsión de Bravo del PCE (Aparicio, 2018). Ver Anexo 3.

[13] Anna Prats fue invitada por el PSC a participar en una charla sobre abolición de la prostitución en la agrupación de Les Corts, y también recibió una campaña de acoso y boicot tendente a que el PSC cancelara su colaboración con Prats, también con la supuesta transfobia de la ponente como argumento, sin lograr su objetivo (Prats, 2019). Ver Anexo 4.

[14] Ver Anexo 5: Cartel de la manifestación convocada contra la presencia de Amelia Valcárcel en Santa Cruz de Tenerife. En este caso el activismo trans no logró su objetivo, pero la charla acabó suspendiéndose debido a la epidemia por coronavirus.

[15] TERF: Acrónimo de Trans Exclusionary Radical Feminist. Ver Anexo 1: Definiciones.

[16] (Asamblea Abolicionista, 2020) Op. Cit

[17]Miles de mujeres en la cadena feminista de Madrid por la abolición de la prostitución y por la huelga general feminista” (Libres y combativas, 2020)

[18] Ver Anexo 6, cartel llamamiento a un 8M2020 transinclusivo.

[19] Ver Anexo 7, recopilación de videos de la marcha del 8 de marzo 2020 en Madrid y el conflicto con activistas abolicionistas.

[20] (Prats & López Fauste, 2018) Op. Cit.

[21] Colau apoya el sindicato de prostitutas: «La prostitución es legal porque no es ilegal, es una hipocresía lo de Sánchez» (Al Rojo Vivo, 2018)

[22] 16 edición del curso de empoderamiento y profesionalización para trabajadoras sexuales (Paula VIP, 2019)

[23]Trabajo busca cómo anular un sindicato de prostitutas” (Martín & Lambertucci, 2018)

[24]Las claves de la sentencia que anula el sindicato OTRAS: la prostitución no es un trabajo, la «incitación al consumo mediante el deseo sexual» (Requena, 2018)

[25] Ver Anexo 8: Fotografía del balcón del ayuntamiento de Barcelona, donde Sabrina Michelle Rivera posa entre Ada Colau y Ernest Maragall con motivo del despliegue de la pancarta del Orgullo Gay en junio de 2019 (Guasch Rafael, 2019).

Bibliografía

 

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Jessica Fillol

Me llamo Jéssica, nací en el 81 y vivo en Barcelona. He estudiado Marketing y Ciencias Sociales. Meto la pata con frecuencia y no me duele cambiar de opinión. Un poco demasiado feminista según casi todos los hombres que conozco. Me ponen de mal humor los lunes sin café, los que comparten su música del móvil con todo el mundo por no usar unos malditos auriculares, los hombres machistas, las mujeres machistas, la gente que fuma sin preguntar si molesta, y las personas que creen que la ignorancia y la estupidez son cualidades admirables.

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