Violencia de género, denuncias falsas, presunción de inocencia…

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Esta mañana me he despertado con un dato que me ha puesto de muy mal humor: de las 40 víctimas por violencia de género que llevamos en lo que va de año, 11 habían denunciado a sus maltratadores. Pero no se hizo una correcta valoración del riesgo, y eso permitió que sus agresores dieran con ellas y acabaran con sus vidas.

Siempre digo que la medida para evaluar correctamente si la Ley Integral contra la Violencia de Género está funcionando no debe ser el número de mujeres asesinadas anualmente, que si se concibió en su día como una ley integral es por una buena razón. También que la violencia de género tiene muchas más facetas y que centrarnos en las agresiones violentas, y en concreto las que tienen trágico final, es una forma de oscurecer el resto del cuadro, que es mucho más complejo.

Pero que ocurra esto me enfada. Que once mujeres denuncien a sus agresores, no se haga una correcta evaluación del peligro que corren, y sus agresores puedan dar con ellas y asesinarlas, me enfada.

En el análisis de que falló en los casos de las once mujeres asesinadas este año -de las 40 víctimas- que habían denunciado, la delegada del Gobierno ha explicado que en algunos de ellos las órdenes de protección habían finalizado, la valoración del riesgo por parte de la Policía no fue ajustado y en otros el agresor no respetó la orden de alejamiento.

Fuente: Violencia machista: el Gobierno quiere mejorar la “valoración del riesgo” y la coordinación

Veamos, por partes:

Agresores que no respetaron la orden de alejamiento: Obviamente no se puede poner a un policía detrás de cada mujer que presenta una denuncia, de acuerdo, pero no hay que olvidar que hace ya 6 años que se aprobaron las pulseras con GPS para evitar que maltratadores condenados quebrantaran las órdenes de alejamiento, pero los colectivos que trabajan activamente con mujeres maltratadas llevan mucho tiempo alertando de que habían pocos medios disponibles (el gobierno compró 3.000 dispositivos en 2010) y se estaban utilizando menos del 20% de los medios disponibles a pesar de demostrar claramente su eficacia.

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Las órdenes de protección habían finalizado: contra esto creo que poco se puede hacer, salvo el seguimiento y evaluación al finalizar el periodo para ver si se debe extender o no (que ya está contemplado en el protocolo de actuación), pero es probable que ni siquiera la propia víctima fuese consciente del peligro que corría, si durante varios meses no había tenido contacto con su agresor y él había estado larvando su venganza a fuego lento, esperando el momento oportuno.

La valoración del riesgo por parte de la Policía no fue ajustado: este es el que más me enfada de todos con diferencia. Y me enfada porque estoy hasta el coño de escuchar alaridos y espumarajos por la boca de mandefenders clamando por la injusticia que es que te cataloguen de maltratador automáticante, que no respeten su presunción de inocencia, que si denuncias falsas, que si discriminación, que si su puta madre montada a caballo paseando por el desierto, hostia puta ya. Las feminazis somos unas malhabladas, no te vas a sorprender ahora por mi lenguaje.

Vayamos por partes, que me enciendo.

Presunción de inocencia: la Ley Integral contra la Violencia de Género no cuestiona la presunción de inocencia de nadie. Esto es así te pongas como te pongas, y si no lo crees te invito a que leas la ley (aquí la tienes, te lo pongo fácil para que no tengas ni que buscarla) y luego me señales en qué punto te convierte a ti como hombre en presunto culpable de nada. Lo que sí prevee son una serie de medidas cautelares. Las medidas cautelares tienen como objeto la prevención de la víctima y deben cumplirse una serie de criterios estrictos para que puedan decretarse, no son una medida arbitraria, no es tan sencillo como pretenden haceros creer: ella te denuncia y te meten automáticamente en la cárcel hasta que salga el juicio, no, esto no va así, y quien te lo cuente de esa manera te está engañando con objeto de manipularte.

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Vamos a tomar algunos extractos de la wikipedia para que se entienda con más facilidad:

Medidas cautelares: Son todas aquellas actuaciones o decisiones que, sin prejuzgar del resultado final, de contenido positivo o negativo, que un órgano de la Administración Pública o un juez o magistrado del poder judicial, puede adoptar para que las resultas de la resolución administrativa o judicial surtan plenos efectos para los interesados o para la parte procesal.

¿Has visto? Sin prejuzgar el resultado final. Esto significa que las medidas cautelares no te convierten en presunto culpable, no cuestionan tu presunción de inocencia.

Para ello, se exige la concurrencia de dos requisitos: el fumus boni iuris o apariencia de buen Derecho y el periculum in mora o peligro/riesgo por el paso del tiempo.

¿Ves lo que te decía? Son necesarios dos requisitos, es decir, las medidas cautelares no se decretan en modo automático tan solo con poner una denuncia, y es necesario que exista un peligro o riesgo.

En España, la medida cautelar es el fiel reflejo del derecho a la tutela judicial efectiva previsto en el artículo 24 de la Constitución española de 1978, así que tampoco te creas a los que te cuenten que las medidas cautelares dictadas al amparo de la Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG) son inconstitucionales, porque es radicalmente falso.

¿Qué requisitos hacen falta para que un juez dicte medidas cautelares? Más información:

Fumus bonis Iuris: que un hecho investigado tenga carácter de delito y la probabilidad de que el imputado hubiese participado en su comisión. Es también conocido como la verosimilitud del derecho invocado.

Periculum in mora: consiste en el temor razonable y objetivamente fundado de la parte actora de que la situación jurídica sustancial, resulte seriamente dañada o perjudicada de forma grave e irreparable durante el transcurso del tiempo necesario para dictar la sentencia principal.

Cuando no existan ninguno de estos dos presupuestos, entonces no existe la necesidad ni la legalidad para aplicar una medida cautelar. Quédate tranquilo que tu presunción de inocencia como varón está salvaguardada por todas las garantías que te ofrece el sistema judicial. No tanto como a un político corrupto, pero tampoco te puedes quejar de que seas presunto culpable tan solo con ser denunciado, no exageres.

Ahora, lo que me interesa es precisamente este segundo requisito: el temor razonable y objetivamente fundado de la parte actora de que la situación jurídica sustancial, resulte seriamente dañada o perjudicada de forma grave e irreparable durante el transcurso del tiempo necesario para dictar la sentencia principal. De ahí que afirmo que las medidas cautelares que se dictan tienen como objeto proteger a las víctimas, que la LIVG ha contribuido a clarificar la situación y que por ese mismo motivo salva vidas.

Cuando una mujer da el paso, más que importante, de denunciar el maltrato, se inicia inmediatamente el protocolo de seguridad y prevención. Nada más interponer la denuncia, se establece una valoración policial del riesgo y la víctima sale de la comisaría ya con protección, si es necesario.

Son cinco los niveles de riesgo policial: no apreciado, bajo, medio, alto y extremo, y en función de cada uno se ponen en marcha unos protocolos de actuación. 

“Debe haber indicios racionales de maltrato o amenaza y una situación objetiva de riesgo para que el juez ordene esta protección. Si no se dan estas dos condiciones no se dicta la orden”, explican fuentes de un juzgado de violencia de género en Madrid

Fuente: RTVE Noticias

Y esto es lo que ha fallado en estos casos en concreto, y probablemente esté fallando en muchos más sin resultado de muerte, y por ello no nos enteramos.

Sobre las medidas de prevención que tanto os preocupan, como que te metan en la cárcel tan solo por una denuncia, también os lo aclaro:

Las medidas más comunes cuando se dicta la orden de protección son la salida del agresor del domicilio, la orden de alejamiento y la prohibición de comunicación.

En casos de gravedad o de quebrantamiento de la orden de alejamiento se dicta la colocación de la pulsera GPS al matratador y en los de extrema gravedad se practica la detención e incluso puede haber prisión preventiva.

Con un nivel de riesgo bajo la policía contacta esporádicamente con la víctima y se comunica al agresor que ella dispone de protección por parte de la policía.

El riesgo medio conlleva vigilancia policial ocasional en el domicilio y lugar de trabajo de la víctima, así como en la entrada y salida de los centros escolares de los hijos. También se facilita a la víctima un terminal móvil (servicio de teleasistencia) y se comprueba si el agresor cumple con las medidas judiciales de protección.

Con un riesgo alto la vigilancia se convierte en frecuente y se insiste a la víctima para que se traslade en un centro de acogida u otro domicilio. A este nivel, la policía recomienda que se facilite dispositivos electronicos para tener controlado al maltratador.

“El riesgo extremo supone un servicio prácticamente de escolta”, aseguran a RTVE.es fuentes policiales, quienes añaden que en este supuesto la vigilancia a la víctima es “permanente” y el control de los movimientos del agresor se convierte en “intensivo”.

La policía realiza valoraciones periódicas para comprobar si se mantiene o ha aumentado el nivel de riesgo. Así, si el riesgo inicial es extremo, se revisa cada 72 horas; si es alto, cada siete días; si es medio, cada 30 días; y si es bajo, cada 60 días.

Fuente: RTVE Noticias.

¿Habéis notado que estas medidas de protección inciden en la vigilancia a la víctima, y no al agresor? ¿Habéis notado que solo en los casos en los que la valoración del peligro por parte de la policía sea de riesgo extremo es en los que puede decretarse prisión preventiva? ¿Os ha quedado claro ya el tema de la presunción de inocencia? Vale, pues sigamos.

Aclarado el tema de la presunción de inocencia y de las medidas cautelares, hablemos ahora de denuncias falsas. Desde el neomachismo y los colectivos man-defender están empeñados en incrementar artificialmente el número de denuncias falsas con el objetivo de socavar la verosimilitud de todas las denuncias por violencia de género en su conjunto. Hasta tal punto llegan en su empeño que afirman sin ruborizarse que hay incluso más denuncias falsas que denuncias totales. Bravo.

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Pero prestemos atención al tercer tweet de la captura, que es donde radica el quid de la cuestión:

¿Es lo mismo una denuncia falsa que una condena por denuncia falsa?

Es interesante esta diferenciación. Las condenas por denuncias falsas son el 0,0026% de las presentadas, aunque ellos afirman que las denuncias falsas reales son el 110% de las presentadas (de nuevo: bravo). Dejando al margen la gañanada, pongamos el foco en el interés de matizar que no es lo mismo una denuncia falsa que una condena por denuncia falsa. De acuerdo, nada que objetar. Pero entonces estaremos de acuerdo en que no es lo mismo una violación que una condena por violación. O que no es lo mismo un maltrato que una condena por maltrato. Señores, aclárense: o follamos todos, o la puta al río. No puede ser que admitamos que las denuncias falsas reales son muchas más que las condenas por denuncia falsa, y a la vez pretendamos que hay mucha menos violencia de género que las condenas por violencia de género. Si establecemos un criterio válido, lo aplicamos a todo, no solo a lo que a vosotros os interesa.

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¿Y qué es lo que ocurre cuando el meme sobre los cienes y cienes de nuncias falsas se convierte en trending topic? Que se socava la credibilidad de las víctimas. Que a las mujeres que denuncian se les hace menos caso. Que los policías no valoran adecuadamente el riesgo. Que los jueces cada vez deniegan más órdenes de protección. Que no se decretan medidas cautelares. Que las víctimas quedan desprotegidas. Que se ponen vidas en peligro. Que nos matan.

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Así que enhorabuena a todos los neomachistas y a todos los colectivos que luchan contra contra la imposición de un nuevo paradigma hembrista promovido por el matriarcado opresor… Para defender una falsa presunción de inocencia que nunca fue puesta en cuestión habéis extendido el bulo de las denuncias falsas presentadas por miles de brujas frías y calculadoras para hundiros la vida, con la connivencia de jueces y policías acojonados por el malvado lobbie feminazi… con el resultado de once mujeres muertas.

En nombre de todas las mujeres maltratadas: gracias, grandísimos hijos de puta.

 

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Identificar patrones de maltrato

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En la entrada anterior ya apuntaba un tema que me preocupa especialmente: la dificultad que encontramos quienes no tenemos formación en psicología o psiquiatría para identificar patrones de conducta que indican una relación de abuso, de agresión sexual o de maltrato, cito con frecuencia un artículo que me parece muy revelador sobre este aspecto: “Yo quería sexo pero no así“. En un contexto donde la persistencia se considera algo natural, ¿dónde está la línea que separa la insistencia del abuso? La línea entre la persistencia y la coacción parece difusa, inmersos como estamos en una cultura en la que la mujer no es libre de dar su consentimiento sin hacerse de rogar antes para no ser considerada una “chica fácil”, y el hombre no debe desistir al primer intento y debe seguir intentándolo porque “quien la sigue la consigue”.BwRdbe5IAAAex_J

Me preocupa. Me preocupa mucho la dificultad para identificar agresiones sexuales, y también me preocupa mucho la dificultad para identificar patrones de conducta propios de relaciones de maltrato o abuso. Cuando hablamos de violencia de género, con frecuencia aludimos al número de mujeres asesinadas y nos limitamos a ese único dato para valorar la efectividad o no de las políticas de igualdad o de la Ley Integral contra la violencia de género. Si hay 5 mujeres más que el año pasado asesinadas por sus parejas o ex-parejas, automáticamente decidimos que la Ley Integral no funciona, y si hay 5 muertes menos por violencia de género corren a ponerse medallas alegando que vamos por el buen camino. Y no: las muertes por violencia de género son un dato llamativo, pero no sirven para medir la efectividad de la ley.

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También suele darse otra paradoja, y es que cuanto más intensas son las campañas de concienciación sobre igualdad y violencia de género, más aumentan las denuncias y la percepción de maltrato se incrementa en las encuestas. ¿Qué ocurre? ¿Es que los hombres se vuelven más violentos y controladores a medida que aumentan las campañas de sensibilización? No: lo que ocurre es que patrones de conducta que estaban normalizados, se revelan como lo que son: patrones inadecuados, relaciones de abuso, de codependencia, de malos tratos, de violencia de género, de tortura psicológica y violencia física. Mientras frases como “mi marido me pega sólo lo normal” forman parte del imaginario colectivo, ese tipo de relaciones no sale a la luz ni en denuncias ni en encuestas porque ese comportamiento está normalizado. Cuando las campañas de sensibilización llevan a las mujeres a tomar conciencia de que no es normal que tu marido te pegue, ni mucho ni poco, esas conductas que antes estaban circunscritas a la intimidad del hogar, esa violencia doméstica, sale a la luz y las cifras aumentan. Lógico.

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De ahí que los países con mayores tasas de igualdad y mayor concienciación sobre violencia machista, sean también los que mayores tasas de violencia física o sexual detecten y denuncien. No porque en los países más igualitatarios los hombres tiendan a ser más agresivos, sino porque las mujeres tienen mayor conciencia de lo que representa una agresión sexual y la toleran con menor facilidad. Mientras que en España que te toquen el culo en el autobús se considera algo que no tiene importancia, en países de nuestro entorno no se le resta importancia a que alguien toque tu cuerpo con intenciones sexuales sin tu consentimiento y no te llaman exagerada por denunciarlo públicamente, nadie acusaría a una mujer de montar un espectáculo por decirle a alguien que deje de manosearla sin permiso. Y de ahí, en grado ascendente. Cuando las agresiones sexuales se minimizan, se les resta importancia o incluso se normalizan, desaparecen de las encuestas y la percepción ciudadana de violencia machista cae en picado. Pero es importante remarcar que eso no implica que los hombres sean más sensibles a las demandas de respeto de las mujeres, sino todo lo contrario. Es lo que identificamos con ese término que tanto te molesta: “Cultura de la Violación

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Es un problema de educación, qué duda cabe, pero no es un problema que se solucione ni en una generación ni en dos. Para por interiorizar una serie de cuestiones que todavía nos quedan un poco grandes:

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Esto tiene que quedar muy claro: Una mujer maltratada no elige voluntariamente tener una relación con un maltratador, ni es algo que ella se haya buscado por salir con “el malote de turno. En la mayor parte de las ocasiones, por no decir todas, ella no sabe cómo escapar de ese tipo de relación. O lo que es peor: ni siquiera identifican los malos tratos y los normalizan.

El matiz es importante que no identifiquen el maltrato no significa que no exista maltrato. Es curioso que seamos capaces de señalar con tanta facilidad a las “feminazis” o el supuesto “hembrismo“, y en cambio el machismo sea tan difícil de detectar aunque sea algo palpable en nuestro día a día.

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Aprende sobre machismo con el voluntario del día. Sección patrocinada por Miranda

No conozco a nadie que se considere “machista”, a lo sumo “defensores de los derechos de los hombres frente a las agresiones feminazis que quieren imponer el matriarcado y ser superiores a los hombres“, pero incluso así ellos te dirán que son “los auténticos defensores de la igualdad real”, lo que particularmente identifico como “neomachistas”. Si a mi ex, por ejemplo, le preguntas si es machista, te dirá que no. Él nunca, no, para nada, ¿qué dices?

No soy celoso: es que te quiero.

No te controlo: me preocupo por ti.

En ti confío, es de tus amigos de los que no me fío.

No me gusta que salgas con tus amigas, son demasiado feministas y te meten cosas raras en la cabeza.

Eres tú quien no confías en mí: si no tuvieras nada que ocultar no te importaría darme la contraseña de tu facebook.

Que salgas de casa con minifalda me deja mal a mí, porque significa que vas pidiendo guerra y que yo no te doy lo suficiente.

Y así hasta el infinito. Todo un rosario de justificaciones. “Es que mi mujer se empeña en llevarme la contraria” como forma de justificar que es ella quien está buscando la confrontación y no él quien no tolera una relación de igualdad.

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Es importante recalcar que cuando hablamos de violencia de género no estamos haciendo referencia *únicamente* a palizas, asesinatos y brutales violaciones con violencia. Eso es sólo la punta del iceberg. Cito de este artículo de Europa Press. ¿Soy una mujer maltratada?

Como explica el médico forense y primer delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, el asesinato de una mujer es el final de una cadena que empieza poco a poco, con el control cotidiano del hombre sobre su vida y su aislamiento de los demás.

No es un asunto menor: el asesinato es el final de una cadena. Y todos los eslabones de esa cadena son dolorosos, aunque sólo el último sea definitivo. Vivir acorralada, con todos tus movimientos sometidos a control, tener que dar explicaciones sobre dónde vas y con quien, que te limiten cómo vestir y a quien ver, tener peleas hasta las tantas de la madrugada cada vez que tienes algo importante al día siguiente, vivir aislada de tus amigos y de tu familia, verte presionada a tener sexo incluso cuando no te apetece lo más mínimo, que te obliguen a realizar prácticas sexuales que te repelen bajo coacciones de diferentes tipos, sentir tu autoestima destruida… no son asuntos menores y también constituyen diferentes grados en una relación caracterizada por el maltrato y los abusos aunque no incluyan ojos morados. Y puede que acabe en asesinato, puede que degenere en palizas. O puede que no, y eso no lo hace más tolerable.

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Que un hombre vaya a terapia por haber agredido físicamente a su pareja puede ser un buen paso. Pero hasta llegar a la agresión que te deja secuelas físicas, ese hombre ha transitado por un camino de maltrato mucho más sutil del maltrato psicológico. Estoy bastante harta de esta falsa dicotomía:

  • Maltrato físico = hombres
  • Maltrato psicológico = mujeres

No. Esto es radicalmente falso. Para llegar al maltrato físico, los hombres maltratadores se han trabajado previamente el maltrato psicológico de sus parejas durante años. El maltrato físico es indisoluble del maltrato psicológico. Puede haber maltrato psicológico sin violencia física, pero no a la inversa. Es lo que se conoce como el síndrome de la rana hervida:

Si metes una rana en un cazo de agua hirviendo, la rana reacciona automáticamente dando un salto, escapa del agua y se salva. En cambio, si metes una rana en el mismo cazo, con agua fresquita y lo pones a fuego muy lento, la rana al principio chapotea y no nota nada. Si vas subiendo la temperatura poco a poco, la rana empieza a sentir incomodidad pero no sabe por qué. Si sigues subiendo la temperatura, para cuando esta alcance el grado de ebullición la rana está ya tan atontada que no puede escapar y muere hervida.

Este fenómeno es el que suele darse en las relaciones de maltrato. Es frecuente que cuando una mujer denuncia que está sufriendo violencia de género, las primeras preguntas que le haga su entorno vayan en la línea de:

  • ¿Pero, por qué aguantaste tanto tiempo?
  • ¿Por qué no le abandonaste?
  • ¿Por qué no te marchaste la primera vez que te puso la mano encima?
  • ¿Por qué no le paraste los pies?

Y la respuesta no es fácil, porque una mujer que denuncia que está siendo víctima de maltrato ha pasado por muchas situaciones que internamente ha justificado hasta llegar a pensar incluso que se lo merece, que fue ella quien lo provocó (cuando no son directamente los demás quienes te dicen que la culpa de haber sufrido una paliza brutal es tuya por tener comportamientos poco adecuados, que él no pudo evitarlo y tú lo provocaste, o que tú te lo has buscado porque sabías dónde te metías,que esa es otra). Y muchas veces no tenemos respuesta para esas preguntas. Simplemente no sabemos cómo hemos llegado a esta situación, no somos capaces de identificar el momento en que se jodió todo. Y no hay momento clave: simplemente hay hombres que no saben cómo funciona una pareja sin dominación, no conciben una relación en igualdad aunque disimulen “de cara a la galería”.

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Porque la violencia de género no es una cuestión de un día se me cruzaron los cables y ya está: es algo que está arraigado en lo más profundo, en una concepción particular de las relaciones, que además encuentra en el relato cotidiano multitud de elementos que profundizan en ella.

Cuando salí de la cárcel y llegué a casa, la gente me trataba como si la víctima fuera yo. Diciéndome: la ley está fatal, esto es una vergüenza… Pero ¿cómo es posible? Incluso mis amigos decían: es que las mujeres te buscan… (…) Antes de esa noche me mentía a mí mismo, te dices: ‘Qué pesada mi mujer, me está haciendo la vida imposible'; te engañas a ti mismo tanto, que ves la vida al revés. Hasta su madre le dijo: ‘Es que eres muy pesada con tu marido’. Tremendo”.

(…) Incluso ahora mismo, un año después de la terapia, el 50% de las personas con las que comparto la terapia siguen excusándose por lo que hicieron. ¡El 50%! Imagínate… Cambiar es una cosa de mucho trabajo, mucho tiempo, mucho esfuerzo. No hay nada mágico que te haga cambiar y decir: ya, ya no soy violento. (…) Es la putada de la violencia de género de, por decirlo de alguna manera, de baja intensidad, que ellas tienen menos apoyo, que la sociedad asume que el hombre sea violento…”.

Fuente: el testimonio de un maltratador condenado por agredir a su pareja que asisitó a rehabilitación.

Y no vale excusarse en una mala relación anterior, que es la trampa en la que caemos con frecuencia las mujeres que nos vemos envueltas en este tipo de relaciones: la trampa de la redención. Pobrecito, lo ha pasado mal, voy a cambiar mi comportamiento para no hacerle sufrir. Y poco a poco vas entrando de cabeza en una dinámica de la que es muy difícil salir.

En el tema de las violaciones, las agresiones y los abusos sexuales, existen numerosas pautas destinadas a que las víctimas potenciales puedan evitar una posible violación (pautas completamente erróneas, por otra parte, pues se centran en evitar una posible violación por parte de un extraño en un callejón oscuro, cuando hay 3 veces más posibilidades de que la agresión sexual se de en el propio entorno de la víctima, en su casa o en la casa de algún conocido), pero las únicas pautas destinadas a que los hombres entiendan lo que es el consentimiento y lo que no, por desgracia no proceden de las administraciones públicas sino de colectivos feministas (o, al menos, las únicas que yo he visto: si existen de otro tipo, agradeceré links en los comentarios).

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Ocurre igual cuando hablamos de violencia de género: existen numerosos artículos orientados a la mujer, a detectar cuándo están siendo víctimas de violencia de género (en mi opinión, bastante incompletos), a concienciarlas de que “mi marido me pega solo lo normal” no es normal y que deben denunciar a sus agresores. Pero no hay decálogos que enseñen a los hombres a respetar a sus parejas, no hay campañas públicas promoviendo que los hombres deban respetar que “no” significa “no”, no hay campañas de sensibilización para enseñar a discutir con asertividad y sin violencia ni chantaje emocional. Mientras el Ministerio del Interior prepara listas de medidas para protegerte de la violación por parte de un desconocido, no elabora ningún tipo de lista que enseñe a los hombres a refrenar sus instintos desbordados cuando una mujer dice “NO”. Mientras que se elaboran artículos y listas orientadas a las mujeres para identificar si están siendo víctimas de maltrato, no conozco ningún artículo promovido desde la administración pública, ni siquiera desde el Ministerio de Igualdad (si es que tiene algún significado en la administración del Partido Popular) orientado a los hombres, para detectar si están ejerciendo abuso de su posición dominante, o maltrato sobre sus parejas. Y repito, que si existen estos materiales me gustaría verlos, me vendría muy bien. Pero lo que detecto es que este es un tema en el que los hombres no se sienten concernidos, no va conmigo, para demasiados hombres (ni siquiera me atrevo a decir “la mayoría” aunque ciertamente lo pienso) la violencia de género no merece ni medio segundo de reflexión, y si lo propones automáticamente se activa un mecanismo reflejo de protección grupal: “¡Estás diciendo que todos los hombres somos unos violadores/maltratadores en potencia!” y se desata a continuación toda una catarata de insultos.

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Y eso cuando no te hablan directamente de denuncias falsas, lo que me genera una contradicción interesante: los hombres merecen la presunción de inocencia pero la mujer que denuncia es automáticamente culpable de denunciar en falso. Aham. Bien.

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Hombre, pues igual sí que habría que darle una pensada a todo este asunto, ¿no crees?

Porque el problema no es solo la violencia. La violencia es fácilmente identificable. El problema radica en la dominación, en el control, en esos mecanismos que hacen que te sometas incluso sin llegar a necesitar violencia física. Y eso es mucho más sutil de lo que parecería. Y puede ser (o no) la antesala de la violencia física.

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Que los hombres se sientan concernidos (y no atacados) como parte del problema y contribuyan e eliminar estos roles es importante. No debería ser una preocupación exclusiva de las mujeres: los hombres deberían sentirse concernidos por este problema, también los que nunca le han puesto la mano encima a una mujer. Erradicar esta lacra social nos implica a todos, y el primer paso es ser conscientes del problema, no reducirlo al número anual de mujeres asesinadas, y evitar cualquier actitud que pueda contribuir de alguna forma a justificar conductas que deriven en violencia de género, evitar minimizar el problema o culpabilizar a las víctimas. Cuando el 80% de las mujeres asesinadas por violencia de género no había puesto denuncia antes, trata de imaginarte todo lo que está ocurriendo sin que llegue a las cifras oficiales. ¿No crees que minimizar el problema es condenar a todas esas mujeres que vivien aterrorizadas a continuar inmersas en la misma espiral del silencio, aunque no veas sus ojos morados ni sus costillas rotas?

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Violaciones, violencia de género, feminismo… Vamos a intentar hacer un ejercicio de empatía

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Sé que no es fácil, que hay muchas sensibilidades que entran en juego y que es muy fácil sentirse herido y personalimente atacado cuando hablamos de estos temas. Os propongo que hagamos un pequeño intento de concordia. Sin prejuicios, sin apriorismos, sin juzgar. Sin pretender tener razón. Tan sólo intentar entender cómo pueden sentirse las demás personas.

Para no hacernos daño, que esto no es un combate de lucha libre, propongo algunas reglas de entrada que me gustaría que respetárais en los comentarios. Porque si no empezamos por establecer límites y reglas, es probable que esto degenere rápidamente en “¡eres un cerdo machista, cabrón insensible!” y/o “¡pues tú eres una zorra malnacida, puta!”. Y no queremos eso.

  1. No quiero convencer a nadie. No pretendo tener razón en nada. Me conformo con que intentes comprenderme. Solo aspiro a que intentes ponerte en mi piel, como yo voy a tratar de ponerme en la tuya sin juzgarte personalmente.
  2. No soy portavoz de nada ni de nadie, tan solo tengo mi experiencia personal, no soy responsable de lo que hagan otros u otras, no soy responsable de que las cosas sean como son, así que no me exijas explicaciones por cosas que no están bajo mi control.
  3. Yo voy a evitar llamarte machirulo. Evita tú llamarme hembrista o feminazi. Desde el respeto mutuo seguro que nos resultará más fácil entendernos.
  4. Por el mismo precio, espero que no intentes convencerme a mí de nada. Estamos hablando de subjetividades personales, de experiencias personales y de reacciones personales. No vas a poder encontrar una ley universal que te permita establecer lo que está bien y lo que está mal. Por favor, te agradeceré que evites consejos, por muy bienintencionados que sean, sobre cómo tengo que manejar mi vida. Gracias.
  5. También te agradeceré que evites minusvalorar mi experiencia personal con estadísticas, y más abajo explico por qué. Sí, ya sé que el plural de anécdota no es datos, y eso aplica para todo, pero recuerda que este es mi blog personal y aquí hablo de mi experiencia personal. No me digas cómo se sienten *todas* o *la mayoría de”  las personas que pasan por una situación que yo misma he sufrido. Recuerda que estamos intentando hacer un ejercicio de empatía. Evita frases que puedan sustituirse por “¿A quien vas a creer, a tus ojos o a mí?”.
  6. Esto no es un ejercicio dialéctico, para entretenerme tengo otros hobbies. Estoy intentando acercar mi realidad a la de otras personas que estén interesadas en conocerla de primera mano. Si tu intención es vencer, es demostrar que tienes razón y los demás estamos equivocados, si crees que tú sabes mucho más sobre esto que los jueces, fiscales, abogados, institutos de la mujer, asociaciones, etc. y que todo corresponde a presiones del lobbie feminista, si vas a entrar en debates estériles sobre semántica en lugar de sobre las realidades que estoy intentando describir, si pretendes arriconarme con trampas retóricas… Por favor: ahórratelo. No empecemos con argumentos del tipo “¿por qué cuando un hombre hace…? ¿Y entonces por qué cuando una mujer hace…?”. Hay suficiente evidencia empírica como para explicarte por qué comportamientos que en la superficie te parecen iguales, cuando rascas un poco la realidad resulta ser mucho más compleja que ese reduccionismo que manejas, y se tratan de forma diferente realidades que son diferentes. Yo no soy quien para hacerlo, ni tengo ganas de entrar en ese tipo de discusiones.

tocando los huevos

Para ti esto tal vez sea un combate de esgrima dialéctica, pero para mí se parece más al relato de los años en que fui a la guerra, me dejé la piel en el frente y volví con heridas que aún sangran. No te pido que me des la razón: solo te pido un poquito de respeto. Quiero que entiendas que en ningún caso estoy utilizando mi situación como víctima o la experiencia que he sufrido durante años para cortar ningún debate: lo que quiero que entiendas es que hay cosas que duelen y por eso mi tolerancia hacia ciertos temas es cero, y te pido que lo respetes. Si no te ves capaz, es mejor que ni lo intentes.

Cuando en un debate sobre violencia de género con otra persona, le adviertes que está hablando con una víctima de la violencia de género, no lo haces para que te de automáticamente la razón. Lo haces para que intente tener cuidado con sus palabras porque hay afirmaciones tajantes que duelen.

Para que me entendáis, voy a intentar explicarlo con una analogía en la que espero que nadie se sienta agredido en lo personal: hablemos de ascensores.

Imagínate una persona a la que le disgustan los espacios cerrados. No es algo que le limite su vida diaria, ni una psicosis o una paranoia: simplemente no le gustan. Es lógico. A muchas mujeres nos han dicho desde adolescentes que tengamos cuidado con los callejones oscuros, que una mujer joven a las 6 de la mañana tiene que tener cuidado por dónde va. Esto no quiere decir que nos quedemos en casa, pero sí que de tantas veces que nos han repetido que tengamos cuidado, es normal que en determinas situaciones sintamos un pellizco de incomodidad en el estómago. A la persona de mi ejemplo le ocurre igual: no sufre de claustrofobia, pero no le hacen mucha gracia los espacios cerrados.

Imaginemos que esta persona de mi ejemplo una vez se queda encerrada en un ascensor. Puedes imaginar diferentes grados en los que se resuelva esta situación:

  • 5 minutos con la cabina paralizada que  vuelva a ponerse en marcha
  • Que se vaya la luz y se quede media hora encerrada a oscuras en el ascensor hasta que el portero pueda reactivar la electricidad
  • Que pase varias horas ahí metida, con un grave ataque de ansiedad, tengan que sacarla los bomberos y suministrarle ansiolíticos

Ahora, imaginaos a esa misma persona, después de sufrir esa experiencia. ¿Creéis que le resultará fácil volver a subir en ascensor? Ante una persona que ha vivido esta experiencia, hay varias formas de reaccionar.

El que te dice que eres gilipollas por tener miedo de un inofensivo ascensor.

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El que se ofende de que esa persona tenga miedo de un ascensor, porque considera (por supuesto, faltaría más) que no todos los ascensores son iguales y entiende que estás limitando *su* derecho a usar el ascensor (?), y como es empático en grado sumo, llama a esa persona anormal, gilipollas y zorra malnacida.

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Está el gilipollas que, después de haber explicado tu experiencia en el ascensor, te dice que se ríe de tus procesos lógicos y te obliga a entrar en un ascensor de un empujón..

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Gente que se toma fatal, como algo personal, el que no estés de acuerdo con sus argumentos por tu experiencia personal única, propia y subjetiva. Que te dice que por haber vivido una experiencia que te ha marcado como es el hecho de quedarte encerrada en un ascensor, ya por eso quieres tener razón y lo utilizas para cortar cualquier debate. Como si en lugar de intentar explicar por qué no subes en ascensor, hubieras pretendido ser portavoz de un lobbie antiascensores, o algo.

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Está quien te dice que por haberte quedado una vez encerrada en un ascensor ya quieres tener razón sobre que los ascensores fallen siempre, y eso no puede ser, que los que os habéis quedado encerrados en ascensores merecéis empatía (al menos es un avance respecto a todo lo anterior, ¿qué duda cabe?), pero no tenéis que tener ni voz ni voto.

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También está el que te dice que no es culpa de los ascensores así, en general, que no deberías juzgarlos a todos, que no todos los ascensores que fallan es por un mal funcionamiento intrínseco de los ascensores: en algunos casos puede ser culpa de la instalación eléctrica del edificio y el ascensor no tiene ninguna culpa, hacen falta más datos y hay que mirar caso por caso.

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Y está también quien pretende convencerte de que no debes temer a los ascensores seputándote bajo datos y estadísticas sobre lo seguros que son los ascensores, y cómo los departamentos de mantenimiento tienen interés en falsear las estadísticas sobre fallos técnicos para que les sigas pagando la cuota de asistencia mensual.

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Quería intentar sacar algo bueno de todo esto y parece que solo me quede en acusaciones y en señalar con el dedo. No es lo que pretendía, y aunque esto me está quedando más largo que un lunes sin tabaco, me niego a acabarlo así y a dividir esto en partes. Bien, como ejemplo de lo que *no* deberías decirle a alguien que tiene miedo a los ascensores porque una vez se quedó encerrada en un ascensor, yo creo que podría valer. Porque esa persona no pretende convencer a nadie de lo horribles que son los ascensores, de las ventajas de subir siempre por las escaleras, ni prohibir los ascensores por decreto, ni limitar tu derecho a usar un ascensor cuando te salga de los cojones: esa persona lo único que intenta es que comprendas por qué tiene un miedo atroz a los ascensores, esa persona lo único que está intentando es que te pongas en su pellejo. Nada más.

Y ahora intentemos volver al principio de todo: el miedo. ¿Por qué? En cuanto a las relaciones personales con el sexo opuesto, a hombres y mujeres nos educan de forma distinta: a nosotras nos enseñan a teneros miedo, y a vosotros os enseñan a acosar hasta vencer. Antes de que te eches las manos a la cabeza, dame un minuto que me explique.

A nosotras desde la pubertad nos dicen que los chicos solo quieren una cosa de nosotras, que todos van a lo que van, que tengamos cuidado, que una vez que obtienen lo que buscan ya no quieren saber nada más de nosotras. Ya sé que esto como hombre te ofende, pero piénsalo bien y observa a tu alrededor, a tus hermanas, a tus hijas, a las hijas de tus amigos, a tus amigas. No me creas a mí, ya he dicho que no quiero tener razón: pregúntales a ellas y a ellos si estoy en lo cierto, escucha lo que tienen que decir. Con el tiempo eso se convierte en que la que se va a la cama con un tío la primera noche es una fresca. Por suerte con la edad también nos hacemos adultas y tomamos nuestras propias decisiones sin el miedo al qué dirán de nosotras, pero en la adolescencia, cuando no tienes ni puñetera idea de hombres ni de relaciones, estos pensamientos te condicionan.

En cambio, a los chicos les enseñan a luchar hasta la victoria, a no rendirse, a perseverar, a no aceptar un no por respuesta, el que la sigue la consigue. Cuando hablamos de relaciones, esto se traduce en que cuando una mujer dice “no”, en realidad quiere decir “sí”, pero no puede decir “sí” tan pronto porque sería considerada una frasca, una facilona, y no queremos eso, así que tienen que hacerse las estrechas porque les gusta que les insistan.

Este “meme” circulaba hace una semanas por las páginas de humor de facebook, tenía cientos de “Me gusta” en cada imagen y miles de veces compartido de muro en muro.

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¿Hace falta que os explique lo peligroso de este razonamiento? Tal vez sí requiera algo de explicación y desarrollo. Lo voy a intentar.

En discotecas, en bares, en fiestas, en cualquier entorno lúdico-festivo en el que haya una interacción social entre hombres y mujeres, nosotras recibimos proposiciones con relativa frecuencia. Incluso, a veces, en la biblioteca de invitan a un café (chiste fácil). En webs de dating también, mayoritariamente son los chicos quienes “entran” y las mujeres quien criban. Sí, también hay mujeres proactivas que toman la iniciativa, desde luego, y a mí también me han hecho la cobra alguna vez por malinterpretar las señales. Estamos todos de acuerdo. Estas proposiciones son de todo tipo, unas más educadas y otras groseras, unas más insistentes y otras menos, unas mejor recibidas que otras. Algunos reciben calabazas y otros no. Bien. Lo importante aquí es la actitud del chico cuando te dicen que no. ¿Qué ocurre cuando a un hombre le dicen que no por primera vez? Depende del hombre, por supuesto, hay quien ante la primera negativa recula y adiós. Y eso está BIEN. Si te dicen que no, es que no y punto. Pero no es lo normal, no es lo frecuente, no es lo habitual. Porque no es lo que os han enseñado. Os han enseñado que cuando una mujer dice “no”, en realidad quiere que le insistas. Así que muchos insisten. Algunos cruzan la línea y se ponen realmente pesados, y eso degenera en una situación realmente incómoda. No todos, por supuesto, faltaría más. La mayoría de los hombres saben perfectamente cuando tienen que retirarse. Pero insisto: estamos hablando de un entorno de fiesta, con alcohol, con minifaldas, con abierta predisposición al ligue… Hay muy pocas de nosotras que no se hayan encontrado jamás en una situación como esta:

- Hola guapa, ¿vamos ahí detrás y nos damos un homenaje?
+ NO
- Venga, si te he visto mirarme
+ NO
- Si te va a gustar, tonta
+ NO
- Te estás haciendo la dura
+ NO
- Me encanta cuando te haces de rogar
+ NO
– Mira como me pones de cachondo
+ NO
– No me digas que no quieres, con esa falda se nota que has salido pidiendo guerra
+ NO
– Va, no me vas a dejar así
+ NO
– Pues ahora acabas lo que has empezado, zorra
+ NO
– ¡¡¡CALIENTAPOLLAS!!!

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Tal vez tú no seas de estos, y de verdad que me alegro mucho, esto no va por ti. Pero estas situaciones son mucho más frecuente de lo que crees, y nos pone en una situación realmente incómoda. Tú no tienes la culpa: os han enseñado a insistir, a que tenéis que ser perseverantes para lograr vuestros objetivos y a que no os tenéis que quedar con el primer “no” porque tal vez ella se está haciendo la dura y lo que quiere es ver que te lo curras. Trata de pensarlo un poco y de ponerte en nuestro lugar.

O piensa por ejemplo en las webs de datings. No me digas que no conoces Badoo, Tindr o similares porque no te creo. Bien, pues ahí también es frecuente que, cuando hay un cierto interés y ya habéis intercambiado los teléfonos, la insistencia está a la orden del día.

- ¿Por qué no me invitas a tu casa?
+ NO
- Va, invítame a tu casa y te hago un masaje
+ NO
- Si soy inofensivo
+ NO
- Venga, no te arrepentirás
+ NO
- ¿Qué te cuesta?
+ NO
– ¿Pero por qué no quieres?
+ NO
– No tiene que pasar nada que tú no quieras

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Todo esto tiene un nombre horroroso: se llama coacción.

Ya, ya sé que tú no eres de estos. No te estoy acusando de nada. Sólo te pido que no niegues que esto existe, que es muy frecuente, y que nos hace sentir incómodas y expuestas.

¿Sabes qué es para mí lo más grave de una violación o de una agresión sexual? Que hay muchísimos hombres que no saben que lo son. Lo siento por las dureza de mis palabras, pero si has llegado hasta aquí te invito a reflexionar conmigo sobre este tema. El artículo de ElDiario.es titulado “Yo quería sexo pero no así” tal vez nos ayude a contextualizar. ¿Qué ocurre cuando un hombre y una mujer tienen su primera cita? Para mí (no estoy diciendo “para todas las mujeres en general”, hablo por mí misma), repito: *para mí* una primera cita implica conocer un poco más a la otra persona, ver si hay química. Es un veamos cómo va. Puede ser que me encante y me acueste con el tío en la primera cita, puede ser que me repela y no quiera volver a saber nunca más de él, pueda ser que me guste lo bastante como para volver a quedar pero, por el motivo que sea, en ese momento no me apetezca llevármelo a la cama. A priori no lo sé.

Bien, si estás leyendo esto y eres hombre, probablemente pertenezcas a uno de estos dos grupos:

  • Grupo A: hombres que opinan como yo, que una primera cita es un ya vamos viendo, una manera de conocernos mejor y que no hay ninguna obligación de acabar la noche con un revolcón.
  • Grupo B: hombres que están pensando “¿pero qué dice esta idiota? ¿para qué voy a pagar una cena si no es para follar, cacho puta? A ver si te crees que me interesa algo más de ti que no sea meterme entre tus piernas.

¿Cómo sé de entrada a qué grupo perteneces? No lo sé, no tengo forma de pasarte tu test (y si tú la conoces, dímelo). Tampoco te pido que te identifiques con un grupo o con otro, me basta con que admitas que el segundo grupo existe, y no son una minoría. Son esos hombres que nos enseñaron de pequeñas que van a lo que van. Y contrariamente a lo que puedas pensar, no son cuatro gatos. Son muy numerosos. Tanto que no conozco a una sola mujer que no se haya encontrado con varios de estos elementos, no te voy a decir a lo largo de su vida, sino en lo que va de año. El razonamiento es algo como “Si la voy a recoger, pago la cena, pago las copas, la acompaño a su casa… pues lo mínimo que espero es un polvo a cambio“. Sí, si este intercambio de cenas por sexo te suena a *eso* es porque es exactamente *eso* en lo que estás pensando. No hace falta que te lo traduzca.

Quiero que esto quede bien claro: una mujer no te debe sexo. Nunca. No importa lo que hagas. No importa a cuántas copas la hayas invitado, no importa cuántas veces la hayas llevado a cenar o al cine. No hay ninguna situación en la que una mujer esté obligada a tener sexo contigo. Ninguna.

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A estas alturas probablemente tengas la equivocada idea de que pienso que todos los hombres son unos agresores en potencia. Nada más lejos de la realidad. Los agresores sexuales son un número pequeño de hombres. Lo que quiero que entiendas es que una violación o una agresión sexual no es algo que ocurre (no siempre) en un callejón oscuro, con un empujón para meterte en un portal y poniéndote una navaja al cuello, como parece que está arraigado en el imaginario colectivo. Es mucho más probable vernos arrastradas a hacer algo que no queremos simplemente porque una negativa no se contempla como válida, por no ser una zorras calientapolla, porque el chico en realidad nos gusta y pensamos que son paranoias nuestras.

Cito del artículo que mencionaba antes:

(…)  alerta la psicóloga especialista en violencia de género, Norma Vázquez. El ‘ligoteo’ es uno de los contextos en los que más agresiones sexuales se dan, apunta, pero a las mujeres les cuesta identificarlas como tales, puesto que ellas querían en un primer momento trabar relación o mantener un intercambio sexual.

(…) uno de los casos más habituales: una mujer conoce a un hombre con el que le apetece tener un encuentro, en un momento se siente a disgusto o no le gusta el rumbo que toma la situación, y él la presiona o fuerza a seguir.

(…)  la actitud masculina tan extendida y normalizada de insistir y presionar para tener sexo, hace que las mujeres acepten esa conducta “como algo consustancial a salir de fiesta”.

Norma Vázquez responde que el límite es “la coacción: si hay presiones, si el hombre no ha respetado el ‘no’ de la mujer”. Pero reconoce que, a menudo, cuando el agresor es conocido, la línea que separa una relación consentida de una forzada es difusa. “Hay mujeres que empiezan diciendo que no, pero que ceden por la presión, el chantaje, o por evitar males menores, como el miedo a la violencia física. Esas mismas mujeres a menudo no lo consideran violencia, porque se quedan con que finalmente aceptaron o con que ellas lo buscaron”.

La psicóloga lamenta que la sociedad no entienda por qué una mujer no se opone con firmeza a una relación sexual no deseada, y que la pregunta sea esa en vez de cuestionar por qué muchos hombres siguen sin aceptar la primera negativa. “Decir que no, mantenerlo y defenderlo cuesta”, recuerda.

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Por si todo esto fuera poco, es frecuente que nos encontremos con que, al comentar este tipo de situaciones en nuestro entorno, se tiende a relativizar, a minimizar el impacto que pueden tener sobre nosotras estas vivencias, a decir que no es para tanto. ¿A quien no le han tocado el culo en el autobús o en el metro alguna vez? Comentarlo y que te digan “¡Anda, exagerada! Hay que ver cómo te pones“.

Podríamos hablar incluso de la culpa o la corresponsabilidad que se nos asigna en casos de agresión:

- ¿Pero dónde vas con esa ropa? ¿No ves que vas provocando? Luego te quejarás si te violan…

Yo cada vez que oigo una frase parecida me acuerdo de Santiago Segura en Torrente: La culpa es de los padres, que las visten como putas.

Seguro que habéis oído muchas veces frases del tipo ¡Es que vas provocando! infinidad de veces. De hecho incluso hay sentencias alguna sentencia absolutoria totalmente deleznable en casos de violación porque la víctima llevaba falda. ¿En serio, como hombres no os resulta indignante? Esta idea de que no podéis conteneros, de que vuestros impulsos sexuales os dominan, de que veis un escote o una minifalda y perdéis el norte… Si yo fuera hombre, me indignaría la idea de que se me puede provocar tan fácilmente hasta llegar a torcer al voluntad de otra persona para satisfacer mis impulsos. Pero lo que veo es que los hombres no se revelan ante este tipo de afirmaciones (al menos no de manera visible y mayoritaria: no digo que no lo hagan, digo que *yo* no los veo indignarse por afirmaciones como esta). Más bien al contrario, lo que veo es que son los mismos hombres (el caso de las mujeres machistas merecería capítulo aparte) los que contribuyen a fomentar esa idea de machos dominados por sus impulsos, que no se pueden contener. Es que así vestida vas provocando. Así que me pregunto: ¿A quien beneficia esta idea? ¿Quien es el principal beneficiado de la idea de que los hombres tienen menos autocontrol que los perros? A mi perra le pongo su comida preferida delante, y aunque se esté muriendo de hambre: no la toca hasta que no le doy permiso. ¿Por qué tanto empeño en promover la idea de que los hombres tienen menos autocontrol que un perro? Es que con esa ropa vas provocando. La palabra que me viene a la cabeza es impunidad.

Al margen de lo gañán de la frase y de la situación tipo Torrente, no debería sorprendernos tanto puesto que un tercio de la sociedad considera corresponsable a la víctima de una violación cuando se dan algunos factores: sensación de promiscuidad, haber bebido, llevar ropa sexy, coquetear…

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Un 30%. Una de cada tres personas piensa que una víctima de violación es responsable de lo que ha pasado por coquetear, beber o llevar ropa sexy. Piénsalo. Ella es responsable, ella se lo buscó. Impunidad.

Por eso decía antes que muchos hombres no son conscientes de lo que es una agresión sexual y lo que no. Piensan que ella está disfrutando, que “hacerse la dura” forma parte del juego de la seducción, o que a ella simplemente “le va la marcha”. Una agresión sexual no siempre es el resultado de una acción premeditada por parte de una persona que decide llevar a cabo una acción execrable: en más casos de los que pensamos, una agresión sexual puede ser el resultado de una horrorosa confusión. De no haber entendido que NO significa NO.

Hace unos días me preguntaban también en twitter qué ocurre cuando hay alcohol de por medio. ¿Qué ocurre con el consentimiento de una persona borracha? La persona que me lo preguntaba estaba genuinamente preocupado por irse a la cama con una mujer que ha tomado unas copas de más y se mostraba dispuesta. Me preguntaba

¿Y si a la mañana siguiente cambia de opinión? ¿Me convierte eso en un violador?

¿Por qué una persona podría “cambiar de opinión” sobre una relación sexual consentida? Si crees que quiere llamar la atención, acusarte en falso de violador para joderte la vida o cualquier otra explicación en esta línea, vuelve a leer desde el principio esta entrada, o déjalo si te supone un esfuerzo muy grande, tampoco voy a obligar a nadie. Pero si realmente tienes interés por la respuesta, piénsalo, ¿qué lleva a una persona a cambiar de opinión? ¿Qué te hace plantearte esta duda? ¿La idea de que todas las mujeres son unas zorras frías y calculadoras? ¿O más bien la idea de que estando serena no se acostaría contigo? Si crees que serena la respuesta sería NO, o si tienes dudas de que a la mañana siguiente pueda “cambiar de opinión”, mi consejo es que no lo hagas. El consentimiento o es explícito, o no es válido. Así de sencillo. Si tienes dudas de que a la mañana siguiente pueda acusarte de violador, ¿por qué arriesgarse? ¿Es que no puedes contener la bragueta en el pantalón? A nosotras nos dicen que no caminemos por callejones oscuros y que no esperemos el autobús en paradas solitarias y poco iluminadas. Tal vez a vosotros deberían explicaros que no deberíais acostaros con mujeres borrachas si tenéis dudas de que realmente quieran hacerlo. ¿Por qué te la juegas? ¡No vale la pena, tío!

El cúmulo de estas vivencias cotidianas por las que casi todas hemos pasado alguna vez, y el hecho de que cada vez más estemos perdiendo el miedo a contar nuestras experiencias particulares, la suma de todas estas pequeñas historias, es lo que está llevando a la situación actual, en la que los hombres se sienten agredidos, sienten que les estamos llamando violadores en potencia, y algunos se indignan, patalean e insultan porque no van a consentir que por tener pene les consideremos violadores. No es eso. No soy yo quien lo piensa, es el Ministerio del Interior quien me aconseja que no me fíe de desconocidos, y mi experiencia personal me dicta que de conocidos tampoco me fíe del todo.

Siento si te ofende porque no es mi intención: si alguna intención tiene todo esto es que me comprendas, que identifiques estas situaciones por las que pasamos las mujeres y que luches conmigo para que no se produzcan. No te estoy haciendo culpable por el mero hecho de ser hombre: estoy intentando encontrar en ti un aliado. Ya sé que todo eso de la cultura de la violación te pone los pelos de punta, y es normal: te horroriza formar parte de algo así. Pero minimizarlo o negarlo no es la solución. No te estoy echando la culpa a ti: sólo quiero que seas consciente y que nos ayudes a cambiarlo.

Por ahora creo que mejor dejarlo aquí. Prefiero no tocar más temas, que esto ya es demasiado largo.

 

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Derecho de cita

Otra novedad de la ley es que los agregadores de noticias en internet deberán compensar a los editores de prensa cuando usen fragmentos ya sea de noticias o de columnas de opinión.

Fuente: El Periódico.

Disculpe, señor ministro, ¿a cuanto dice que sale el kilo del derecho de cita? Pues póngame cuarto y mitad de solomillo de libertad de expresión. Total, entre la multa de 30.000 euros por ofender a España (la pobre aún está en tratamiento psicológico del disgusto), la multa por hacerme eco de una manifestación convocada a través de Twitter y a la que ni siquiera fui, y ahora la compensación a los editores de prensa cada vez que citó un fragmento de una noticia, al final voy a tener que prostituirme para seguir manteniendo el blog, me va a salir más caro que una hipoteca en plena burbuja inmobiliaria.

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Por esos días en que te apetece desaparecer

Bullying_galeriaBigParen el mundo, que me bajo.

Quien nunca ha sufrido acoso, no sabe lo que es que se te aceleren las pulsaciones cuando alguien te dice que te va a perseguir allá donde estés.

Quien nunca se ha encontrado con su cara y su nombre en 5.000 panfletos repartidos por todos los buzones de su pueblo, no sabe lo que se siente.

Quien nunca ha sentido el miedo, quien nunca ha tenido que mirar atrás y acelerar el paso no sabe lo que es que se te corte la respiración.

Quien cree que todo es blanco o negro, nunca ha tenido que lidiar con matices.

Quien esté a salvo de maldad, que organice la cacería contra el más débil.

Quien carece de empatía no va a entender ni una palabra de esto.

 

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Cuando google te ama…

Ocurren cosas como esta:

Estadísticas google analytics: subidón subidón!!

Queeeee?!?!?!

Las estadísticas son de hoy a las 6 de la tarde. ¡Qué preciosidad!

¿Qué ha ocurrido? Un evento determinado que acapara gran atención mediática. Una web preparada desde meses antes en previsión de ese evento. Y de repente google hace su magia: un subidón en las visitas y aunque no pueda ver las keywords exactas utilizadas por los dichosos “not provided” en analytics y porque en las webmaster tools hay un retraso de varios días, observando la landing page que acapara el 75% del nuevo tráfico puedo ver que la estrategia ha funcionado.

Y es que muchas veces nos centramos en el SEO on-page, en el SEO off-page, nos obsesionamos con el link-building, con la estrategia de contenidos… Y nos olvidamos con demasiada frecuencia del público al que nos dirigimos y del contexto: planificiar y anticipar es básico. Me gustaría saber, a modo de ejemplo, cuantas empresas se dieron cuenta la semana pasada de que ¡oh cielos, en febrero está San Valentín! #MarcaEspaña. Y han esperado a última hora para decidir qué hacer. Os lo digo siempre: no se puede empezar a preparar la campaña de Navidad en diciembre, ni el San Valentin en febrero. No vamos a fiarlo todo a los cambios de algoritmo de google: si sabemos que existe un patrón y tenemos las herramientas para anticiparnos a los picos de búsqueda, esperar al último momento para trabajar esos picos es permitir que la competencia nos pase la mano por la cara.

En realidad esto no pasa de ser una mera curiosidad, porque lo cierto es que no sé qué cojones ha pasado, no me esperaba esta subida ni de broma, y os puedo asegurar que no saber lo que has hecho bien es casi tan frustrante como no saber qué has hecho mal.

Probablemente esta luna de miel tampoco dure mucho: lo que dure el buzz de este evento en particular, y lo que tarde la competencia más grande y con más autoridad en posicionarse también si es que les interesa (que igual no). Mientras tanto a disfrutar de la nube, y cuando San Google me baje de nuevo, como dicen en mi barrio, ¡que me quiten lo bailao!

 

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Separación de poderes, independencia del poder judicial, libertad de expresión y otras cosas de rojos peligrosos

Cuando gobernaba Aznar, los manifestantes eran pancarteros que ladraban su rencor por las esquinas.

Cuando gobernaba Zapatero y todos los meses había manifa en Madrid, había que escuchar “la voz de la calle”.

Y ahora que gobierna Rajoy los manifestantes quieren ganar en la calle lo que no ganaron en las urnas, hay que atender a la mayoría silenciosa y eso de escuchar a la calle es propio de rojos y gabachos. Joder con el doble rasero, ¡es que ni disimulan!

¿Y todo por qué? Porque la Audiencia de Madrid ha dictaminado que los escraches no son delito: forman parte del ejercicio de la libertad de expresión. Pues ahí lo tienen: Ana Botella diciendo a los jueces que mudos y sordos están más guapos, y Esperanza Aguirre ciscándose en la separación de poderes y enviándole un recadito a su “amigo” Gallardón, ahora que es Ministro de Justicia, para que no consienta que los jueces se le despendolen y dicten sentencias, ¡oh cielos!, ateniéndose al derecho constitucional.

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