Que sí, que vale, que robar está mal, es feo, caca. Y matar también está mal, y cuando es en legítima defensa no decimos nada, ¿o sí?

Leyendo las opiniones de algunos compañeros sobre el robo de Gordillo al Mercadona y al Carrefour para repartir la comida entre los pobres… os juro que jamás pensé que me vería, entre compañeros, teniendo que defender a Robin Hood mientras el Príncipe Juan y el Sherif de Nottingham condenan a la pobreza a sus súbditos, les fríen a impuestos y les quitan la ayuda de los 400 € a los parados sin prestación.

Que sí, que hay que cumplir la ley, que vale… Hasta cierto punto. Que algo sea legal no significa que sea justo, y hasta donde yo sé de historia, que no es mucho, leyes que amparaban terribles discriminaciones se cambiaron en favor de otras que promovían la igualdad de derechos gracias a la revelión cívica. De parte de la ley también estaban los que promovían el apartheid en Sudáfrica, y los que le negaban el asiento a Rosa Parks en el autobús, así que no me vale el argumento a la legalidad, porque en determinadas situaciones acatando la ley no vamos a ninguna parte.

En la leyenda de Robin Hood, yo sé de parte de quien estoy. Con los criterios que estamos utilizando para juzgar a Gordillo por su acción, Robin Hood hoy sería un paria social y no una leyenda. Nunca pensé que en la izquierda nos lo íbamos a cuestionar, o íbamos a entrar en discusiones sobre si nos poníamos de parte de Robin Hood o del Príncipe Juan. Tal vez eso explique mucho de la situación actual y la crisis de identidad que viven los partidos de izquierdas en España: nos estamos dejando abducir por el pensamiento dominante.

Visto en el blog Fino Filipino gracias a Hugo.