Asumo que a estas alturas cualquier persona que llegue a esta entrada estará al tanto del doble crimen de Cuenca. Un muy breve resumen: Marina Okarynska, de 24 años, mantenía una relación con Sergio Morate, quien tenía antecedentes por violencia de género, en concreto una condena (con estancia en prisión incluida, pena que solo cumplen un 14% de los maltratadores condenados por violencia de género) por haber secuestrado a su anterior pareja. Una vez terminada la relación con Sergio, Marina fue a recoger sus pertenencias, acompañada por si acaso de una amiga Laura del Hoyo, de 26 años. A partir de ese momento se desencadena el drama: Laura y Marina no dan señales de vida durante varios días, Sergio está también desaparecido, y todo el que los conoce se teme lo peor. Y efectivamente, lo peor acaba sucediendo: los cadáveres de las dos mujeres son encontrados enterrados en cal viva, y Sergio es localizado en Rumanía alojado por un antiguo compañero de prisión, a quien le confesó el doble crimen.

sergio morate

Dejando al margen el tema probatorio a nivel policial y judicial, vale la pena detenerse en un aspecto que algunas voces ya han empezado a comentar: ¿por qué Marina compartía su vida con un maltratador condenado? ¿Por qué no se alejó de él si sabía que tenía antecedentes por violencia de género?

consintió relacionarse

 

Os voy a dar una pista de por qué hay mujeres que «consienten relacionarse con hombres así pese a su historial de maltratador«: EL POR CULO QUE DÁIS CON LAS DENUNCIAS FALSAS.

Nos contáis que hay miles de denuncias falsas. Nos repetís que la Ley Integral Contra la Violencia de Género (LIVG) destruye la vida de miles de hombres inocentes. Nos decís que solo basta una denuncia sin pruebas para que a un pobre hombre le metan en la cárcel sin haber hecho nada. Incluso nos intentáis convencer de que la justicia es hembrista, de que los hombres no tienen presunción de inocencia, de que todos son culpables por defecto, de que son ellos quienes tienen que demostrar que son inocentes, de que las denuncias falsas destruyen la vida de muchos padres porque las mujeres son malas malísimas y se quieren quedar con la custodia de los hijos que es un chollo. Y después de todo este rollo, ¿cómo pretendéis que nos alejemos también de un tipo que nos dice que es víctima de una denuncia falsa, que acabó en la cárcel siendo inocente porque la malvada de su ex le puso una denuncia falsa sin pruebas y esta ley condena a todos los hombres que no tienen ni presunción de inocencia?

instrumentos

 

¿Cómo queréis que las mujeres se protejan de los hombres con historial de maltrato, si a la vez les repetís constantemente que esos hombres son pobres víctimas inocentes de las miles de denuncias falsas que se ponen todos los días para destruirles la vida sin que tengan posibilidad de defenderse?

Cuando escribí la carta abierta a las segundas esposas de parte de una primera mujer que denunció violencia de género, comenté varios casos de segundas parejas de hombres con antecedentes de maltrato que también creyeron el discurso de las denuncias falsas: mi ex pareja me puso una denuncia falsa porque es una loca resentida, y como los hombres no tienen presunción de inocencia por culpa de esta nefasta ley, me metieron en la cárcel. Y ellas creyeron ese discurso. Tiempo después lo pagaron caro. Marina y Laura han llegado a pagar con su vida. Cuando me contéis que dais la matraca con las denuncias falsas porque «estáis a favor de todas las víctimas», pensad un poquito en esto.

Cuando decís que defendéis a todas las víctimas y por eso os preocupáis IGUAL de las víctimas de violencia de género que de las «víctimas» de denuncias falsas, estáis comparando magnitudes completamente diferentes, no solo en número de casos, sino que también pretendéis equiparar el sufrimiento de un hombre que tiene a su favor todo el sistema judicial garantista (in dubio pro reo) para que una denuncia falsa no prospere, y que en el peor de los casos con una valoración de riesgo extrema (que cada vez se producen menos) tendrá que soportar el «sufrimiento» de pasar entre 24 y 48 horas en prisión preventiva, con el sufrimiento que padece una víctima de violencia de género que de media aguanta 8 años de maltrato antes de decidirse a poner fin a la relación (que no significa necesariamente denunciar), que está completamente sola y aislada de su familia y de amigos, y que en caso de que se decida a denunciar será automáticamente puesta en duda. Ya solo esto os tendría que hacer daros cuenta de que equiparar los dos tipos de «víctimas» es obsceno.

Pero no es únicamente el grado de sufrimiento ni el número de víctimas lo que os debería mover a recapacitar cada vez que magnificáis la importancia de las denuncias falsas y las equiparáis al sufrimiento causado por la violencia de género. Es que cuando os subís al carro de ese discurso, estáis provocando que muchas víctimas no lleguen nunca a denunciar por miedo a no ser creías (según la macroencuesta 2015, un 10% nada menos), y además estáis provocando que muchas víctimas potenciales bajen la guardia ante maltratadores con antecedentes que les repiten el mismo rollo: mi ex me puso una denuncia falsa y como los hombres no tenemos presunción de inocencia, me condenaron. Son muchas las que acaban pagando las consecuencias de creer ese discurso y «consentir relacionarse con hombres así pese a sus historiales de maltratadores«, en este caso dos jóvenes lo han pagado con su vida.

Si eres de esos que dicen que están «a favor de todas las víctimas» y repites la matraca de los miles y miles de denuncias falsas, plantéate qué parte de responsabilidad tienes en que víctimas potenciales de maltratadores con antecedentes bajen la guardia, se crean que fueron pobres víctimas de denuncias falsas, y acaben pagándolo con su vida.