Historia real publicada por Carol Ein el 15 de febrero de 2016. Publicado con su autorización expresa.

Carmen tiene 21 años cuatro hijos y lleva desde los quince sufriendo violencia de género. Si le preguntaran quien es la persona que mas quiere en el mundo, diría que Ramón. Si le preguntaran quien es la persona que mas daño le ha hecho en el mundo diría que Ramón.

Soy la psicóloga de un Centro de Acogida para mujeres víctimas de violencia. Conocí a Carmen hace cuatro años cuando ingresó en el Centro, después de que Ramón le diera una paliza y le dejara en la calle en ropa interior durante varias horas. Era la tercera vez que Carmen intentaba escapar de su casa y rehacer su vida.

Hace una semana fui a declarar en el Juicio de Violencia por aquella denuncia que Carmen puso cuatro años atrás.

En estos cuatro años Carmen ha vuelto con Ramón y ha tenido otro hijo. Cuatro años dan para mucho.

Siete mujeres asesinadas a día de hoy en el 2016.

María, una mujer encantadora del juzgado con la que me he comunicado por diversos trámites me comentó, “perdóname que vaya a decirte esto, pero hija, ¡cómo sigue viviendo con él, luego dicen que las matan!”, María no es ni mala, ni inculta, ni probablemente sea una persona desinformada, todo lo contrario, María, representa un gran pensamiento de esta sociedad. “Pero cómo siguen viviendo con ellos, pero cómo lo aguantan, pero si es que al final se lo buscan….

Cinco míseros minutos para explicarle a María que Carmen, no tiene ningún tipo de apoyo social ni familiar, que no tiene estudios, ni ha trabajado jamás, que tiene cuatro hijos y que está completamente anulada y por supuesto convencida de que nunca podrá valerse por sí misma ni mantener a sus hijos de forma independiente. Y que por tanto… dónde va a ir ella… si en el fondo, esa es la vida que le espera y la que ha tenido su madre, y sus hermanas, y sus cuñadas, y tampoco tiene derecho ni posibilidades de mucho más. Carmen es gitana.

Cinco minutos que quizás al juez le habrían venido bien. Cinco minutos que no deberían ser necesarios porque los jueces de violencia contra la mujer deberían de conocer, estar formados y especializados en violencia de género. Sin embargo en este país, las instituciones que se dedican a proteger y llevar a cabo todo lo concerniente a la violencia de género (por ejemplo fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado) no reciben ninguna formación específica al respecto. Ninguna.

En el juicio de Carmen, ella se negó a declarar, él también. Declaré yo, Psicóloga que acreditó que existía un maltrato habitual y unas graves secuelas psicológicas. Declaró la trabajadora social, que vino a decir lo mismo, hubo un parte de lesiones y una médico forense (que en contra de lo anterior afirma que “Carmen no expresa sufrir consecuencias del maltrato habitual”).

Carmen después de tres años compartiendo domicilio habitual con alguien que le pega, insulta y viola de forma reiterada, decide no declarar.

Pero yo sí lo hice, y lo hizo la trabajadora social. En aquella sala se escucharon auténticas barbaridades que Ramón le había hecho a Carmen.

Acabó el juicio y Carmen tuvo su merecido. Incluido echarla de casa lejos de sus tres hijos mayores a casa de su madre quien le recordará de nuevo “que se lo tiene merecido”.

Ramón salió absuelto.

Ningún tipo de cargo, retirada la orden de protección y tres días de celebración en el poblado.

Conclusión del Juez: «no puedo hacer nada si ella no declara.»

Conclusión de Carmen: «no vuelvas a abrir la boca.»

Conclusión de Ramón: “puedo hacer lo que me dé la gana, y en unos mesecillos me vuelvo a por Carmen a ver si esta vez ha escarmentado.

Mi conclusión: “claro…. luego las matan…. y por favor… que ella no sea un número más porque no lo resistiría.

Y mientras tanto, María, el juez, mi vecino, el futuro presidente del gobierno, y el/la del supermercado seguiremos escandalizados porque las mujeres *mueren*.

La sociedad sigue manteniendo y contribuyendo a que la violencia de género exista, sin darnos cuenta de que hombres y mujeres seguimos asumiendo comportamientos machistas integrados y adquiridos desde que hemos nacido que no nos paramos a revisar, nosotras seguimos siendo las buenas, las pacientes, las dulces y aunque nos pese, las sometidas. Y ellos los malos, los fuertes, los valientes y aunque les cueste admitirlo los que tienen el poder. Nuestros hijos e hijas… aprenderán lo mismo.

Las instituciones siguen sin estar preparadas y formadas para llevar bien a cabo su trabajo.

Los maltratadores siguen pensando que no pasa nada y teniendo carta blanca.

Y las víctimas y sus hijos e hijas… siguen intentando, como diría la gran Ana Bella, dejar de ser víctimas y convertirse en supervivientes cada día que pasa, pese tenerlo todo en contra.
Once mujeres asesinadas el día que decido publicar este escrito, una semana después.

 

Autora: Lita Cabellut
Autora: Lita Cabellut