La economía de los eufemismos: La precariedad laboral que se oculta tras el discurso de la “economía colaborativa”

Resumen

El discurso de la economía colaborativa se nos presenta como una optimización de recursos el pasar de una economía industrial a una de servicios, donde el “consumo” ya no recae en el “tener” sino en el “usar”, en el que dos ciudadanos particulares e iguales confían mutuamente, cuidando así además del medio ambiente al no producir más de lo que se necesita.

Lo que oculta el discurso que defiende este modelo es la precariedad y la ausencia de derechos. En ausencia de contratos y de leyes, no nos encontramos en un contexto de confianza entre iguales como pretenden, sino en uno en el que emergen las relaciones de poder de quien ostenta la titularidad de los medios de producción, en una posición de poder de negociación desigual tanto con el consumidor como sobre todo con la plantilla que, mediante su fuerza de trabajo, presta un servicio por cuenta ajena.

La economía de los eufemismos

Según el modelo tridimensional de las actitudes, estas están conformadas por tres componentes: cognitivo, evaluativo y conductual. El éxito de las grandes empresas de la “economía colaborativa” radica en haber eliminado una parte importantísima de información, desde la figura del empresario hasta el propio carácter lucrativo de las mismas, para lograr que en el componente evaluativo forjar una opinión favorable de una mayoría social que se conduce en el componente conductual consumiendo sus servicios sin dilema ético alguno.

El éxito de empresas con un modelo de negocio asentado en la denominada “economía colaborativa” es el éxito de los eufemismos: consiste en haber logrado situar a sus empleados en la mente del consumidor en las categorías de “jóvenes deportistas sin cargas económicas ni responsabilidades familiares” en el caso de los “riders” de Glovo, Deliberoo o Uber Eats, y “particulares que comparten su casa o su coche y prestan un servicio en su tiempo libre” en el caso de Airbnb, Uber o Cabify.

Bajo el discurso de la libertad, la flexibilidad, el deporte y el respeto al medio ambiente, se esconden (o se pretende esconder) una relación de poder clásica entre empleado y empleador donde la precariedad, la explotación laboral y la economía sumergida son la norma.

Bajo el discurso de la confianza entre personas desconocidas que no requiere leyes y normas (Tamayo, 2014), se oculta la ausencia de derechos, la inseguridad jurídica y política, la capacidad del actor dominante de la relación de imponer sus condiciones y el debilitamiento de la capacidad de negociación del actor más vulnerable de la ecuación.

Tras la fachada de “compartir el uso de una propiedad durante el tiempo en que su legítimo dueño no se está utilizando” se ocultan poderosas empresas que imponen sus condiciones a grupos económicamente vulnerables: jóvenes sin experiencia laboral en un país con una tasa de paro juvenil del 32,4% con largos periodos en las que se situaba por encima del 50% según la Encuesta de Población Activa (Instituto Nacional de Estadística, EPA 1er trimestre 2019), parados de larga duración a casi una década de la jubilación y desahuciados anticipadamente del mercado laboral, e inmigrantes muchas veces recién llegados y con dificultades de inserción laboral (INE, s.f.).

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de la Encuesta de Población Activa (INE, 2019)

El eufemismo para “contrato mercantil en fraude de ley entre empresa y falso autónomo” (Tena, 2018) es renombrado como “contrato de colaboración voluntaria” (Martín Corral, 2018) recalcando de este modo la libertad de elección de quien parte de una situación de vulnerabilidad; de igual modo, el eufemismo para “capitalismo salvaje desregulado que pulveriza derechos laborales conquistados mediante la lucha sindical de los siglos XIX y XX” se denomina en el siglo XXI “economía sin explotación”.

El abandono de la terminología marxista y su progresiva sustitución por un discurso de corte neoliberal hace que no veamos impreso prácticamente nunca al hablar de los dueños de las aplicaciones de la mal llamada “economía colaborativa” términos como “propietarios de los medios de producción”, ni siquiera “empresarios”, y estos términos hayan sido sustituido por otros con connotaciones positivas como “emprendedores” o incluso su innecesario equivalente en inglés, “entrepreneurs”. La figura del empresario no es que desaparezca: es que es deliberadamente ocultada en un modelo de negocio que pasa por la ausencia de una figura que, según recoge el Estatuto de los Trabajadores son quienes contratan, dirigen y organizan la producción o la prestación del servicio, determinan los horarios y las condiciones laborales de aquellas personas empleadas por cuenta ajena.

Al ocultar la figura del empresario, las empresas bajo el paraguas de la economía colaborativa se esconden tras sus respectivas aplicaciones y pretenden simular un intercambio de servicios entre particulares que no es real (Serra, 2019).

El discurso de la libertad, de huir del paternalismo proteccionista de papá Estado, nos habla de confianza y desregulación, para ocultar tras esta fachada la desprotección y la ausencia de derechos laborales conquistados mediante la lucha sindical durante los siglos XIX y XX: salario mínimo, jornada laboral máxima, vacaciones, seguridad social, protección frente a accidentes, enfermedad o desempleo, etc. De hecho, Glovo ha llegado a afirmar, tras la sentencia del juzgado de lo social que obliga a la empresa a dar de alta a sus riders en el régimen general de la seguridad social como empleados por cuenta ajena, que contratar y pagar a la seguridad social “no está en su modelo de negocio (Olías & Ponce de León, ElDiario.es, 2019).

Sin embargo, nada de esto sería posible sin la colaboración de consumidores que miran para otro lado cuando de explotación laboral se trata. En palabras de Héctor G. Barnés, los riders son nuestras mal pagadas sombras que hacen todo aquello que podríamos hacer, pero no nos apetece (…) la industria más boyante en el siglo XXI es la que nos ayuda a encasquetar nuestros marrones a otros, que cobrarán poco por aquello que haríamos si tuviéramos tiempo libre (Barnés, 2018). No nos apetece debido a la falta de tiempo y energía que este modelo de sociedad que estamos construyendo, donde el trabajo productivo es incompatible con el modelo reproductivo. Lo cual conecta directamente con la externalización y precarización del trabajo reproductivo. La pensadora feminista Silvia Federici reivindica que el trabajo reproductivo y de cuidados que hacen gratis las mujeres es la base sobre la que se sostiene el capitalismo, y lo relaciona con el amor y el altruismo en el que se nos socializa a las mujeres resumido en la frase “lo que ellos llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado” (Aguilar, 2014). A lo que estamos asistiendo gracias a la emergencia de la economía colaborativa es a la capitalización y tercerización de muchas de esas tareas de cuidados, como la comida, el cuidado de criaturas y personas mayores o la limpieza del hogar, en los cuerpos de mujeres, jóvenes, inmigrantes y mayores precarizando aún más su situación socioeconómica.

Disonancia cognitiva

Algunas posibles vías para reducir la disonancia cognitiva que nos atrapa al confrontar este discurso con la realidad social de nuestro entorno cotidiano que sugiero son las siguientes:

  1. Directamente, ignorar cualquier información relacionada con el tema. No quieres saber que pagas para que otros vivan peor que tú en unas condiciones laborales que no aceptarías mientras tengas donde elegir.
  2. Adoptar el mismo enfoque facilón que tan útil resulta cuando abordamos temas como la prostitución por ejemplo: liquidar el asunto con una referencia a la libertad de elección, y listos. Ignorar u omitir que cuando tu abanico de opciones es limitado, la libertad de elegir es relativa ayuda a sostener este enfoque.
  3. Creer en la imagen mental que los gabinetes de comunicación y relaciones públicas de estas empresas intentan vendernos: fingir que todos los riders se llaman Javi(Soto Ivars, 2018), y si el repartidor concreto que acaba de llegar no se corresponde con el estereotipo del repartidor en abstracto que nos habíamos construido mentalmente, si esa imagen en la que un joven deportista nos traía la cena para pagarse sus caprichos no coincide con la realidad que estamos confrontando, no permitamos que el estereotipo se nos desmonte.
  4. Aferrarnos a que no tenemos tiempo ni tiempo ni energía porque tenemos trabajos con horarios incompatibles con el descanso y la mayor parte de las tareas del hogar. Pedimos comida a domicilio en Glovo y hacemos la compra en Amazon Prime porque estamos cansados y no tenemos tiempo, pese a que conocemos política laboral antiderechos que practican ambas(Mcloughlin, 2018).

Contribuyamos así entre todos a sostener una industria del falso tiempo libre, como denuncia el corto “¡Hola, buenas noches!” (Rodilla, 2018) sin pararnos a pensar ni por un momento en el modelo de sociedad que estamos contribuyendo a construir entre todos. Porque en el momento en que dejemos de dar crédito a este discurso neoliberal y actuemos en consecuencia, el telón se caerá como en el final de El Mago de Oz, dejando al descubierto la gran mentira de la economía colaborativa.

Bibliografía

Aguilar, A. R. (24 de 05 de 2014). «Es un engaño que el trabajo asalariado sea la clave para liberar a las mujeres». Obtenido de Eldiario.es: https://www.eldiario.es/economia/engano-trabajo-asalariado-liberar-mujeres_0_262823964.html

Barnés, H. G. (27 de enero de 2018). El Confidencial. Obtenido de Pedir un cubata por Amazon o por qué pagas para que alguien viva aún peor que tú: https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2018-01-27/cubata-amazon-negocio-vivir-peor_1511933/

Instituto Nacional de Estadística. (EPA 1er trimestre 2019). Tasas de paro por distintos grupos de edad, sexo y comunidad autónoma. Obtenido de http://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=4247

Instituto Nacional de Estadística. (s.f.). Población en riesgo de pobreza relativa según situación laboral y en las personas con trabajo. Obtenido de http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925455948&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout

Martín Corral, D. (20 de marzo de 2018). Economía Colaborativa. Obtenido de El Salto Diario: https://www.elsaltodiario.com/alkimia/economia-colaborativa

Mcloughlin, M. (17 de julio de 2018). El Confidencial. Obtenido de Cómo Amazon ha reventado la huelga y otras claves para entender el conflicto: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2018-07-17/amazon-prime-day-huelga-claves_1593332/

Olías, L., & Ponce de León, R. (14 de febrero de 2019). ElDiario.es. Obtenido de Glovo sugiere a sus repartidores que recurran el alta de la Seguridad Social tras una actuación de la Inspección de Trabajo en Barcelona: https://www.eldiario.es/economia/Seguridad-Social-Inspeccion-Trabajo-Barcelona_0_867914069.html

Rodilla, P. (Dirección). (2018). ¡Hola, buenas noches! [Corto]. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=zdT63v2DAhE

Serra, G. (Dirección). (2019). Equipo de Investigación: pisos turísticos bajo presión [Documental]. Obtenido de https://www.atresplayer.com/lasexta/programas/equipo-de-investigacion/temporada-1/pisos-turisticos-bajo-presion_5c9d099f7ed1a885bb36b789/

Soto Ivars, J. (2 de marzo de 2018). El Confidencial. Obtenido de Por qué todos los ‘riders’ de Glovo se llaman Javi: https://blogs.elconfidencial.com/sociedad/espana-is-not-spain/2018-03-02/riders-glovo-javi_1529460/

Tamayo, L. (30 de septiembre de 2014). 5 claves para entender la economía colaborativa. (Idealista/News, Entrevistador) Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=K7zjQ1xWVXM

Tena, A. (4 de junio de 2018). Publico.es. Obtenido de Nuevo revés para Deliveroo: la Justicia condena a la empresa y considera que los ‘riders’ son falsos autónomos: https://www.publico.es/economia/repartidores-nuevo-reves-deliveroo-justicia-condena-empresa-considera-riders-son-falsos-autonomos.html

Venezolanos en Madrid, D. (18 de marzo de 2019). Glovo Deliveroo Uber Eats, Repartidores cuentan cuanto Ganan y la REALIDAD. Venozolanos en Madrid.

 

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Jessica Fillol

Me llamo Jéssica, nací en el 81 y vivo en Barcelona. He estudiado Marketing y Ciencias Sociales. Meto la pata con frecuencia y no me duele cambiar de opinión. Un poco demasiado feminista según casi todos los hombres que conozco. Me ponen de mal humor los lunes sin café, los que comparten su música del móvil con todo el mundo por no usar unos malditos auriculares, los hombres machistas, las mujeres machistas, la gente que fuma sin preguntar si molesta, y las personas que creen que la ignorancia y la estupidez son cualidades admirables.

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