Desfile de la máscara de gas en Tokyo (finales de la década de 1930)
Desfile de la máscara de gas en Tokyo (finales de la década de 1930)

Destacaba Lluis Orriols, doctor en ciencias políticas, la importancia del frame en el contexto comunicativo de la crisis del coronavirus, y creo que vale la pena que traigamos sus palabras a este diario de confinamiento, porque encaja con las consecuencias que manejo como hipótesis y que comenté ayer, y el paradigma construccionista según el cual el lenguaje, y en particular los discursos promovidos desde los valores culturales dominantes, condicionan las ideas, las actitudes y las acciones, y determinan cual es el comportamiento normativo en el nuevo contexto social.

El frame bélico que intenta establecer el gobierno (de hecho es una estrategia común internacional), y que los medios de comunicación han comprado con alegría, no es casual. Que sean militares quienes estén dando ruedas de prensa como si dieran el parte de guerra, junto a los mandos técnicos especialistas del comité de gestión de la crisis, no es casual.

Así, lo peor no es tanto observar hacia dónde vamos, sino cómo nos están llevando hacia ahí de manera premeditada. Me explico.

En el marco del interaccionismo simbólico y en especial en la perspectiva dramatúrgica desarrollados por George H. Mead y por Erving Goffman, un concepto toma especial relevancia aportado por este último: el framing, un concepto popularizado por George Lakoff desde 2004 tras la publicación de su libro No pienses en un elefante. El concepto de framing resulta útil para analizar la construcción social de los agravios y de las injusticias, que obedecen a un proceso de interacción social. Se enmarcan de tres formas distintas:

  1. Mediante el diagnóstico de los agravios, se identifican las causas, se hace la atribuciones de causalidad y se señala a los responsables, que serán el blanco de la acción colectiva.
  2. Durante el pronóstico emergen posibles soluciones, tácticas y estrategias contra los blancos identificados. Consiguen una movilización consensuada, al crear el contexto para que la ciudadanía que se sienta interpelada participe en la acción colectiva.
  3. Por último, la motivación es la que permite la llamada a la acción. Proporciona un vocabulario de motivos para actuar, para movilizarse en una acción colectiva puntual o en un movimiento social de más largo recorrido que tenga por objeto promover el cambio social y revertir los agravios o injusticias detectados.

Ahora volvamos ahora al tuit de Lluis Orriols:

Un “frame” bélico a esta crisis conecta la incertidumbre y el miedo con la dimensión de ley y orden

Un “frame” de emergencia sanitaria conecta la incertidumbre y el miedo con la dimensión social.

La forma en que se presente esta crisis sanitaria tendrá importantes consecuencias

¿Veis ahora lo que quiero decir cuando afirmo que la retórica belicista escenificada por el gobierno no es casual, y nos enmarca en un contexto represivo? Si nos situamos en un frame de emergencia sanitaria, el diagnóstico de la injusticia estará relacionado con la gestión política, con los recortes en sanidad, con la precariedad laboral del personal sanitario, con la falta de recursos en los hospitales; y los culpables de estos recortes no están tan perfectamente identificados como podríamos pensar: la ciudadanía podría señalar directamente al PP y su modelo de gestión privada que detrae recursos a la sanidad pública, o podría hacer un análisis más de brocha gorda y culpar a toda la clase política. Las soluciones, tácticas, estrategias y acciones que se lleven a cabo dependerán del diagnóstico, de la atribución de responsabilidades del culpable identificado. Aquí el gobierno, y particularmente el PSOE, se la juega.

Pero si el frame es bélico, el enemigo común es «el bicho», el llamamiento a luchar contra el virus «unidos» nos moviliza contra un enemigo invisible, al que no podemos exigirle responsabilidades. Las causas son imponderables, o en caso de identificarse alguna causa y algún responsable, no es el gestor político que decidió recortar el gasto sanitario con mayor población y más envejecida: el culpable es el vecino que sale a comprar el pan cada día o el que pasea al perro 5 veces, y la movilización lograda consiste en insultar desde los balcones, porque el agravio acabará cuando pase la pandemia y decaiga el estado de alarma.

El proceso de construcción de la identidad colectiva también se ve afectado en función del frame elegido. En un frame de emergencia sanitaria, el endogrupo (nosotros) somos la ciudadanía y el exogrupo (ellos, el enemigo), el responsable del problema es la clase política, o un partido político determinado en el mejor de los casos para el Gobierno; mientras que en un frame bélico, el endogrupo es la ciudadanía y la clase política unida y el exogrupo lo componen aquellos que se saltan el confinamiento y salen a la calle, cualquiera que sea el motivo que tengan para ello. Esta distinción entre nosotros/ellos, o entre buenos y malos, ayuda a mantener la cohesión de grupo y la solidaridad dentro del movimiento social.

No es ajena a esta retórica de guerra la dicotomía «héroes vs. villanos», donde los héroes empezaron siendo todo el personal de hospitales, posteriormente se extendió a trabajadores y trabajadoras de todas las áreas esenciales (transportistas, personal de supermercados, de limpieza, farmacias, etc.) y finalmente la categoría se ha hecho extensible a todo aquel que aporte algo a la lucha contra la pandemia, desde quienes cosen mascarillas en casa a quienes fabrican kits de protección o respiradores con impresoras 3D… hasta quienes gritan e insultan desde los balcones a «los villanos», los que salen de sus casas porque «por culpa de los que siguen saliendo a la calle muere gente«, o en su versión más soft «por culpa de los que siguen saliendo a la calle el confinamiento se va a alargar por tiempo indefinido«.

De ahí también el interés que ponen los medios de comunicación en que no decaiga el aplauso de las 8 a los sanitarios, cuando tras dos semanas de confinamiento algunas personas empiezan a manifestar su cansancio por una acción que tiene una repercusión práctica tan escasa en la situación del personal en los hospitales. Si «nos mantenemos unidos» y seguimos aplaudiendo como acción colectiva, cuando decaiga el estado de alarma ya estará, ya no hará falta hacer nada más. Si el culpable de esta situación es el virus y no los responsables políticos; si la estrategia de movilización consiste en quedarnos en casa, increpar a quien veamos por la calle, y aplaudir a las 8; entonces cuando todo esto pase ya estaría, ya no hará falta hacer nada más, podremos concentrarnos en recuperar nuestro trabajo, reactivar la economía y seguir con nuestras vidas. Posible reedición del 15M desactivada. Como dice Altair, si lo que queremos son más medios y condiciones laborales dignas, la estrategia de aplaudir al personal sanitario desde un balcón es quemar la pólvora en salvas.

Y a todo esto es lo que me refería cuando decía más arriba que lo peor no es tanto observar hacia dónde vamos, sino ver cómo nos están llevando hacia ahí de manera premeditada por intereses políticos a los que la derecha en la oposición no es ni mucho menos ajena. Estamos abonando el terreno para una deriva autoritaria, y en ese contexto la ultraderecha se mueve como pez en el agua.

Niños y niñas jugando en la calle con máscaras de gas (1940)
Niños y niñas jugando en la calle con máscaras de gas (1940)

 

Serie completa:

Una socióloga confinada. DÍA 1 (domingo). Incertidumbre

Una socióloga confinada. DÍA 2 (lunes). Control social

Una socióloga confinada. DÍA 3 (martes). Performance espontáneas

Una socióloga confinada. DÍA 4 (miércoles). Seguridad y sensación de control

Una socióloga confinada. DÍA 5 (jueves). Legitimidad democrática

Una socióloga confinada. DÍA 6 (viernes). Capital social y religión

Una socióloga confinada. DÍA 7 (sábado). Disciplina y otras áreas de análisis

Una socióloga confinada. DÍA 8 (domingo). Metodología

Una socióloga confinada. DÍA 9 (lunes). Tolerancia social a la violencia

Una socióloga confinada. DÍA 10 (martes). La importancia de la comunidad

Una socióloga confinada. DÍA 11 (miércoles). La Gestapillo de balcón desde un punto de vista sociológico

Una socióloga confinada. DÍA 12 (jueves). Recolección de datos sociológicos

Una socióloga confinada. DÍA 13 (viernes). Una sociedad sin ritos

Una socióloga confinada. DÍA 14 (sábado). La dimensión económica

Una socióloga confinada. DÍA 15 (domingo). Un brazalete azul para distinguir a «los buenos» de «los malos»

Una socióloga confinada. DÍA 16 (lunes). Hipótesis de trabajo y marco teórico

Una socióloga confinada. DÍA 17 (martes). La importancia del frame

Una socióloga confinada. DÍA 18 (miércoles). Propuestas encaminadas a una renta básica universal

Una socióloga confinada. DÍA 19 (jueves). Coronavirus y clase social

Una socióloga confinada. DÍA 20 (viernes). El tratamiento a la tercera edad

Una socióloga confinada. DÍA 21 (sábado). El miedo como mecanismo de control social

Una socióloga confinada. DÍA 22 (domingo). Todos somos héroes

Una socióloga confinada. DÍA 23 (lunes). ¿Por qué lo llaman «renta básica» cuando quieren decir «subsidio temporal»?

Una socióloga confinada. DÍA 24 (martes). La mascarilla como burka laico

Una socióloga confinada. DÍA 25 (miércoles). Sobre la estadística de prevalencia epidemiológica

Una socióloga confinada. DÍA 26 (jueves). Datos estandarizados

Una socióloga confinada. DÍA 31 (martes). Obediencia o protección. La estrategia del pie en la puerta

Una socióloga confinada. DÍA 34 (viernes). «Gracias por tu labor en el hospital/súper, pero no queremos que vivas aquí mientras dure la pandemia»

Una socióloga confinada. DÍA 37 (lunes). Cómo combatir los bulos

Una socióloga confinada. DÍA 40 (jueves). La chaqueta de Zara de Pablo Iglesias y el poder transformador de las emociones