Autora: Sally Storch
Autora: Sally Storch

Los medios de comunicación en esta crisis son los que están redefiniendo la conducta normativa, y encabronarnos con el vecino y gritarle por irresponsable es una conducta que está siendo jaleada y socialmente premiada. La proliferación de estos discursos alimenta la espiral represiva.

 

No puedo dejar de pensar en el experimento de la cárcel de Stanford, y en cómo nos están llevando a todos a convertirnos en carceleros.

Y es que el marco de pensamiento que se ha instaurado para gestionar esta crisis no es el de responsabilidad y colaboración, es de represión y envidia. «Si yo no salgo, que no salga ese tampoco«. Y «ese» a lo mejor es un tipo que trabaja en un hospital, o en un servicio de limpieza, o es transportista, pero no lo sabemos y automáticamente nos ponemos en modo poli y nos entran las ganas de detener, juzgar, condenar y disparar.

Sí, también proliferan iniciativas vecinales de ayuda mutua, pero no es el comportamiento que se está alentando desde los medios de comunicación. Habrá que analizarlo cuantitativamente, pero percibo que no se les está dando el mismo espacio ni de lejos. Desde las redes sociales es otra cosa, pero ahí tampoco puedo jugármela porque mi burbuja no es representativa. Lo que veo es un interés nada disimulado por abrir aún más la brecha entre «nosotros» y «ellos». Los «buenos» contra «los malos». Y los malos son esos que salen por cualquier motivo que desconocemos y que tampoco nos interesa conocer, porque si yo estoy jodida tú también te jodes.

Pero no solo nos están animando a increpar y ejercer un control coactivo sobre la conducta de nuestros vecinos, literalmente hablando. También están alimentando la guerra entre comunidades. Cronológicamente hablando: primero fueron los madrileños, que se desperdigaron por España de vacaciones en cuanto cerraron los colegios; inmediatamente después, los catalanes que se fueron a la Cerdanya y a la Costa Brava; unos días después, los vascos que se fueron a Cantabria de puente; y ahora, valencianos que se van de fin de semana. Este timing no es para nada casual. Y probablemente tampoco sea 100% real. Empiezan a aparecer voces que cuestionan los llamamientos a la furia y la rabia entre comunidades, cuestionando el discurso de la irresponsabilidad colectiva promovido por los medios de comunicación. Y con la cantidad de bulos que están circulando estos días, da como mínimo para poner la información que nos llega también en cuarentena.

¿Qué está ocurriendo aquí? Y más importante aún: ¿por qué?

Hablemos del análisis de contenido como técnica de investigación sociológica, cualitativa y cuantitativa. Se trata de una técnica para leer e interpretar el contenido de cualquier clase de documentos o mensajes comunicativos, y en especial de los textos escritos. También de los mensajes emitidos en redes sociales, que los partidos políticos llevan realizando desde hace años a partir de técnicas como el sentiment analysis para cuantificar sentimientos positivos o negativos de la opinión pública. Seguid a Carlos Guadian en twitter, que de estas cosas sabe un puñao.

O a Barri, que ha analizado el juego sucio de VOX para promover una campaña contra Podemos en redes sociales a cuenta del coronavirus.

Para realizar correctamente un análisis de contenido, es necesario tener en cuenta cinco aspectos:

  • El contenido
  • El emisor del texto
  • El destinatario
  • La codificación utilizada
  • Los canales de transmisión o de soporte del texto

A partir de la lectura se pueden extraer inferencias entre el texto y los contextos. El texto normalmente tiene un doble sentido que se puede sacar de una doble lectura: directa, es decir, al pie de la letra, o semántica, que le da un sentido latente a partir de la primera lectura directa.

La investigación cualitativa es esencial cuando queremos comprender, interpretar y sentir la voz de los actores implicados en un determinado fenómeno. Los métodos cualitativos son útiles cuando se quiere captar el significado, el proceso y el contexto de los procesos políticos sociales. Por ejemplo, probablemente denotaría un comportamiento psicopático diseñar una encuesta partiendo de un planteamiento del tipo: «¿Con usted, cual es el mecanismo de control social que resulta más efectivo para lograr que se quede en casa?»

  1. Las fotos de los ataúdes alineados en Italia.
  2. Por su culpa hay empresas cerrando, gente perdiendo el empleo.
  3. Por su culpa, mi abuela se va a morir si usted sale a la calle.
  4. Su abuela se va a morir si usted sale a la calle.
  5. Usted puede morir si sale a la calle.
  6. Los sanitarios están desbordados, los hospitales no dan a basto.
  7. Si usted sale a la calle, el confinamiento se va a alargar unas semanas más.
  8. Si usted sale a la calle, se expone a que alguien lo grabe, lo suba a redes sociales, el vídeo empiece a circular de whatsapp en whatsapp, y acabe saliendo en los informativos de toda España.
  9. Si usted sale a la calle, se expone a que los vecinos le vean y le increpen a gritos.
  10. Si usted sale a la calle, la policía le multará.
Cuando en los medios de comunicación se da espacio a determinados discursos, no es porque digan «verdades como puños»: es porque son funcionales al sistema.

Parece obvio que no se puede plantear una encuesta en estos términos, y menos aún a posteriori. Tampoco parece muy adecuado, dado el trabajo de introspección que requiere para quienes participen en la encuesta, preguntarles por sus emociones ante la gente que ven saltándose la cuarentena sin conocer sus motivos:

  1. Enfado
  2. Rabia
  3. Furia
  4. Miedo
  5. Pánico
  6. Tristeza
  7. Alegría
  8. Envidia
  9. Impotencia
  10. Indiferencia

Parto de la premisa de que los comportamientos más antisociales no están al alcance del equipo de investigadores en una observación participante por haberse producido en la intimidad, y en una entrevista o encuesta a posteriori mentiríamos como bellacos. ¿Cuántos admitirán abiertamente, cuando todo esto pase, que se han lavado los dientes como máximo 5 veces desde el lunes, o que van intercambiando dos pijamas desde el inicio del confinamiento y los dos están a punto de echar a andar y meterse solos en la lavadora? ¿Cuántas personas conoces que admitan haber comprado papel higiénico para los próximos 5 años?

Pero hay otros métodos para recopilar información. La comparecencia de Pedro Sánchez anoche fue para verla con papel y boli, por la gran cantidad de datos que lanzó. Treinta y pico mil denunciados por saltarse la cuarentena, cruzado con la cantidad de efectivos de policía movilizados y la población que abarcan, nos permitiría extrapolar una cifra bastante aproximada de gente que está incumpliendo las normas de confinamiento. Una bajada del 50% de los delitos también da bastantes pistas.

Y además podemos recoger datos también de redes sociales y medios de comunicación y analizarlos con herramientas de sentiment analysis: tenemos la metodología, tenemos las aplicaciones para hacerlo, experiencia sobrada y tiempo para analizar los datos. Simplemente no me creo que a estas alturas no haya un equipo ya haciendo trabajo de campo.

La transparencia de todo el proceso de recogida de datos es clave. Así que espero, POR FAVOR, que alguien en el CIS, o en el CNI, se esté encargando de coordinar un equipo que esté recogiendo datos de todo esto, porque lo que está ocurriendo estos días, la respuesta social y los efectos a medio/largo plazo se tienen que estudiar en las facultades de sociología del mundo entero.

En días como los que nos ha tocado vivir, conviene recordar más que nunca las palabras de Orwell. No solo es un buen momento para releer «1984» al calor de los acontecimientos, sino también recordar que lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano.

Autora: Deborah DeWit
Autora: Deborah DeWit

Serie completa:

Una socióloga confinada. DÍA 1 (domingo). Incertidumbre

Una socióloga confinada. DÍA 2 (lunes). Control social

Una socióloga confinada. DÍA 3 (martes). Performance espontáneas

Una socióloga confinada. DÍA 4 (miércoles). Seguridad y sensación de control

Una socióloga confinada. DÍA 5 (jueves). Legitimidad democrática

Una socióloga confinada. DÍA 6 (viernes). Capital social y religión

Una socióloga confinada. DÍA 7 (sábado). Disciplina y otras áreas de análisis

Una socióloga confinada. DÍA 8 (domingo). Metodología

Una socióloga confinada. DÍA 9 (lunes). Tolerancia social a la violencia

Una socióloga confinada. DÍA 10 (martes). La importancia de la comunidad

Una socióloga confinada. DÍA 11 (miércoles). La Gestapillo de balcón desde un punto de vista sociológico

Una socióloga confinada. DÍA 12 (jueves). Recolección de datos sociológicos

Una socióloga confinada. DÍA 13 (viernes). Una sociedad sin ritos

Una socióloga confinada. DÍA 14 (sábado). La dimensión económica

Una socióloga confinada. DÍA 15 (domingo). Un brazalete azul para distinguir a «los buenos» de «los malos»

Una socióloga confinada. DÍA 16 (lunes). Hipótesis de trabajo y marco teórico

Una socióloga confinada. DÍA 17 (martes). La importancia del frame

Una socióloga confinada. DÍA 18 (miércoles). Propuestas encaminadas a una renta básica universal

Una socióloga confinada. DÍA 19 (jueves). Coronavirus y clase social

Una socióloga confinada. DÍA 20 (viernes). El tratamiento a la tercera edad

Una socióloga confinada. DÍA 21 (sábado). El miedo como mecanismo de control social

Una socióloga confinada. DÍA 22 (domingo). Todos somos héroes

Una socióloga confinada. DÍA 23 (lunes). ¿Por qué lo llaman «renta básica» cuando quieren decir «subsidio temporal»?

Una socióloga confinada. DÍA 24 (martes). La mascarilla como burka laico

Una socióloga confinada. DÍA 25 (miércoles). Sobre la estadística de prevalencia epidemiológica

Una socióloga confinada. DÍA 26 (jueves). Datos estandarizados

Una socióloga confinada. DÍA 31 (martes). Obediencia o protección. La estrategia del pie en la puerta

Una socióloga confinada. DÍA 34 (viernes). «Gracias por tu labor en el hospital/súper, pero no queremos que vivas aquí mientras dure la pandemia»

Una socióloga confinada. DÍA 37 (lunes). Cómo combatir los bulos

Una socióloga confinada. DÍA 40 (jueves). La chaqueta de Zara de Pablo Iglesias y el poder transformador de las emociones