La denuncia por racismo del branding de Conguitos es el “Gibraltar español” de la izquierda: se repite cada verano con nulo resultado. Mi apuesta es que no le van a cambiar ni el nombre ni la iconografía hasta la próxima generación de directivos. Y menos aún ahora que hay un partido con tres millones y medio de votos de racistas organizados dándole apoyo explícito a la marca.

Intuyo que el objetivo es alcanzar los 100 años y pasar de marca a producto, que todos los cacahuetes bañados en chocolate sean “conguitos”, igual que todas las zapatillas deportivas son “bambas”, todos los pañuelos de papel son “Kleenex” o todos los recipientes para guardar comida son “tuppers”.

Te digo más: estoy convencida de que la polémica es azuzada desde la propia marca. Un producto viejuno y casi olvidado cuya posición en el mercado se revitaliza gracias a la polémica y vuelve a situarse en la mente del consumidor potencial, a quien la polémica por el racismo del nombre y del icono le importa una mierda.