Contra el acoso digital mediante la perspectiva crítica. Una propuesta para humanizar las redes sociales

Esta entrada es un ejercicio para la asignatura de Teoría de la comunicación en el marco de la reflexión sobre el papel de los medios de comunicación de masas en las sociedades democráticas del siglo XXI desde una perspectiva crítica, y como abordar el acoso digital a través de las distintas corrientes de esta perspectiva.

1.    Introducción

Las redes sociales contribuyen a la deshumanización. No lo digo yo, son las conclusiones de un estudio llevado a cabo por la doctora Jessica Jameson y su equipo entre usuarios de Facebook con puntos de vista opuestos[1]. Ya Manuel Castells alertaba a finales del siglo pasado que la comunicación a través de medios electrónicos, lo que hoy conocemos como redes sociales, conlleva unos vínculos mucho más efímeros entre los participantes[2] .

Un colectivo especialmente expuesto es el de los periodistas, dado que la comunicación y la información cada vez tiene una mayor presencia online. Según un informe de Reporteros Sin Fronteras, casi la mitad de los y las periodistas ha sufrido episodios de acoso online durante su trabajo, pero es que en el 95% de los casos, las acosadas eran mujeres[3]. Un fenómeno que en España va en aumento según un informe elaborado por Instituto Internacional de la Prensa y la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información[4], y que tiene un impacto importante en su trabajo: autocensura, miedo, ansiedad, depresión o estrés son los más frecuentes[5].

«El ninguneo, la humillación por su aspecto físico, los insultos machistas, las amenazas de agresión sexual y los mensajes de intimidación a sus hijos y familiares son los principales rasgos característicos de las amenazas online dirigidas a las mujeres»

Público, 8 de agosto de 2018

Pero, ¿cómo es posible llegar hasta estos extremos de deshumanización de la otra persona? ¿Cómo podemos llegar a olvidar con tanta facilidad que quien está al otro lado de la pantalla es un ser humano con sentimientos y emociones? ¿Por qué somos capaces, a través de las redes sociales y muchas veces amparándonos en el anonimato, de decir cosas que jamás diríamos en persona?

2.    Bullying y ciberbullying

El bullying y el ciberbullying son dos fenómenos que están muy relacionados, y ambos parten de la premisa de la deshumanización de la víctima. Lo que diferencia al segundo del primero es su carácter público y continuado: mientras el acoso escolar finaliza una vez termina la jornada escolar, el ciberacoso digital continúa más allá de la puerta del centro, y tiene lugar en público, ante la presencia de cientos, quizá miles de personas que asisten al acoso y la humillación de la víctima a través de redes sociales como Instagram, Twitter, Facebook o grupos de whatsapp.

Maite Garaigordobil enmarca la existencia de una víctima indefensa acosada por uno o varios agresores que tienen intencionalidad de hacer daño y crueldad por hacer sufrir conscientemente, mientras que el cyberbullying consiste en utilizar las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), principalmente Internet y el teléfono móvil, para hostigar y acosar (Garaigordobil, Martínez-Valderrey, & Machimbarrena, 2017), y añade que el ciberbullying se caracteriza por provocar un daño enorme con acciones aparentemente simples dirigidas a un público masivo, como por ejemplo compartir una fotografía comprometida mediante un simple click.

Si partimos de la premisa de que estas dinámicas sociales no son innatas, sino que son aprendidas, que responden a comportamientos que se han aprendido como válidos durante el proceso de socialización, cabría preguntarnos… ¿Cómo se alcanza esa deshumanización del compañero de clase? ¿A quién le interesa fomentar esta polarización social? ¿A quién le interesa promover la violencia contra el diferente, el “friki”, el “empollón”, como un comportamiento socialmente aceptable? ¿A quién le interesa promocionar el arquetipo del malote, el gamberro, el tripitidor, el que será un fracaso en el mercado laboral… como paradigma del éxito social en el instituto[6]? Es aquí donde la teoría crítica puede ofrecer respuestas, o al menos algunas ideas que arrojen algo de luz.

3.    Perspectiva crítica de las teorías de la comunicación

«No toda la violencia resulta disfuncional al sistema y a la cohesión social. Determinados tipos de violencia resultan funcionales para el mantenimiento de los valores culturales dominantes. La violencia de la policía en un ejercicio de contención contra los manifestantes, la violencia de los hombres contra sus parejas mujeres para que no se salgan de los cánones que su género les impone en una sociedad patriarcal[7], y la violencia de los adultos perpetrada contra la infancia para educar en la docilidad[8], son algunos ejemplos de violencias funcionales al sistema.»

Poder y producción institucional del miedo (Fillol, 2019)

Miquel Rodrigo y Ana Estrada describen cómo, para la Escuela de Frankfurt, la agresividad forma parte de los valores que promueve el sistema capitalista mediante la competitividad colectiva, donde lo importante es destacarse sobre los demás, se trata de una cultura en la que el mercado absorbe todas las relaciones humanas y sociales e impone su lógica de violencia y competitividad en las interacciones sociales (Rodrigo Alsina & Estrada Alsina, 2020). Un sistema basado en la simplificación y en la superficialidad de los contenidos es un sistema en el que el malote de clase que suspende todas las asignaturas, que se comporta de forma abusiva con compañeros e incluso profesorado, que machaca al diferente, es encumbrado como el paradigma de éxito social en el ecosistema del instituto.

Un modelo exitoso que más tarde, en la edad adulta, hará patente su fracaso pues el fracaso escolar correlaciona con tasas elevadas de paro y salarios bajos en el mercado laboral. De este modo, se perpetúa la ideología de la clase dominante y se mantiene a potenciales líderes bajo control.

La corriente de la economía política pone el acento en la propiedad de los medios, y en este caso de las redes sociales. Son conocidos los tibios intentos de twitter de atajar el acoso, y cómo su algoritmo promueve discursos de odio cada vez más polarizados[9] favoreciendo la interacción de los discursos más tóxicos, lo que se traduce en un fomento del ciber-acoso. ¿Por qué no hay un esfuerzo real por parte de Twitter, ni tampoco de Facebook, Whatsapp o Instagram, de atajar el ciberacoso en sus redes y todo se limita a meros cambios cosméticos que no solucionan nada? Porque las dinámicas de acoso favorecen que sus usuarios pasen más tiempo consultando la aplicación, y eso se traduce en más atención y por lo tanto más dinero de los anunciantes.

Por su parte, la corriente de los estudios culturales nos aportaría respuestas acerca de cómo los diferentes ejes de opresión (en este caso, la construcción social de la masculinidad como violenta y dominante, y a su vez la clase social atendiendo a las consideraciones realizadas en el párrafo anterior) afectarían a la decodificación de los productos culturales y los valores que transmite. La clase social no es determinante a la hora de ejercer el bullying, pero sí hay una fuerte relación entre la precariedad económica, el fracaso escolar, las bajas expectativas de futuro y las dinámicas sociales que favorecen convertirse en victimario.

4.    Propuestas de abordaje

Sin entrar en el determinismo tecnológico más propio de la Escuela de Toronto, sí podemos decir que el medio en este caso influye en el comportamiento: el anonimato percibido en las redes sociales y la distancia que establece la comunicación online respecto a los propios actos favorece la sensación de impunidad, y con ello la desinhibición y la relajación de las normas sociales. Tras una pantalla nos atrevemos a hacer cosas que jamás haríamos en una interacción cara a cara, y encontramos menos trabas psicológicas para participar de dinámicas sociales que rehuiríamos en otros contextos. La mediación de una pantalla favorece la deshumanización de la persona que se encuentra al otro lado, que la despojemos de sentimientos y emociones y que, por lo tanto, no nos conmuevan las repercusiones que sobre ella pueda tener nuestro comportamiento. En cierto modo, se produce una cierta des-sensibilización.

Creemos que la prevención del bullying y del ciberbullying exige trabajar en dos áreas:

  1. Por un lado, la empatía hacia la víctima, que los agresores sean capaces de re-humanizarla, de devolverle su estatus de ser humano en un plano de igualdad, de tal modo que los victimarios puedan conectar con las emociones de sus víctimas, darse cuenta de que también es un ser humano con sentimientos, con emociones, que sufre ante las vejaciones que se le infringen, que no un objeto del que puedan abusar por diversión.
  2. Por otro, responsabilizarse de los propios actos, ser conscientes de que las acciones tienen consecuencias[10], que lo que ellos interpretan como una broma es en realidad un abuso que provoca daños a largo plazo.

Se trata por un lado de conectar las emociones de la víctima y por otro responsabilizarse de las propias acciones de tal modo que los abusadores perciban que los actos que llevan a cabo tienen consecuencias directas sobre las emociones de las personas acosadas.

5.    Bibliografía

Castells, M. (1997). La era de la información. Sociedad, Economía y Cultura. Madrid: Alianza Editorial.

Europa Press. (7 de diciembre de 2017). El 66% de los casos de acoso a mujeres periodistas en redes sociales son por motivo de género, según un encuesta. Obtenido de Europa Press: https://www.europapress.es/epsocial/igualdad/noticia-66-casos-acoso-mujeres-periodistas-redes-sociales-son-motivo-genero-encuesta-20181207190242.html

Fillol, J. (1 de diciembre de 2019). Poder y producción institucional del miedo. https://www.jessicafillol.es/2019/12/poder-y-produccion-institucional-del-miedo/

Garaigordobil, M., Martínez-Valderrey, V., & Machimbarrena, J. M. (2017). Intervención en el bullying y cyberbullying: Evaluación del caso Martín. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescente. Vol. 4. Nº. 1, 25-32.

Lorente Acosta, M. (2001). Mi marido me pega lo normal. Agresión a la mujer: realidades y mitos. Barcelona: Editorial Planeta.

Marín López, I. C. (2020). Ciberconducta y emotividad: emociones socio-morales, riesgos sociales y ciberespacio. Córdoba: UCOPress.

Publico.es. (8 de agosto de 2018). Aumenta el acoso digital contra los periodistas, una situación «de mayor crudeza» en el caso de las mujeres. Obtenido de Publico.es: https://www.publico.es/sociedad/aumenta-acoso-digital-periodistas-situacion-mayor-crudeza-caso-mujeres.html

Rodrigo Alsina, M., & Estrada Alsina, A. (2020). La perspectiva crítica de las teorías de la comunicación. Barcelona: UOC.

Rubio Hancock, J. (18 de junio de 2020). Acoso, insultos, trols… ¿Es posible arreglar Twitter? Obtenido de Verne: https://verne.elpais.com/verne/2020/06/09/articulo/1591711639_497882.html

Sánchez Lacasa, C., & Fuensanta, C. R. (2011). Estatus social de los sujetos implicados en el bullying. Elementos para la mejora de la convivencia en el aula. Revista Española de Orientación y Psicopedagogía, 137-149.

Sanmartín Esplugues, J., Gutiérrez Lombardo, R., Martínez Contreras, J., & Vera Cortés, J. (2010). Reflexiones sobre la violencia. Buenos Aires (Argentina): Instituto Centro Reina Sofía.

Soma Comunicación. (diciembre de 7 de 2017). El 95% de los periodistas que sufre acoso cibernético son mujeres. Obtenido de Soma Comunicación: https://somacomunicacion.com/periodistas-acoso-cibernetico-mujeres/

Szczuka, J. M., & Krämer, N. C. (2019). There’s More to Humanity Than Meets the Eye: Differences in Gaze Behavior Toward Women and Gynoid Robots. Frontiers in Psychology (Vol. 10). Obtenido de https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.00693

Notas


[1] There’s More to Humanity Than Meets the Eye: Differences in Gaze Behavior Toward Women and Gynoid Robots. (Szczuka & Krämer, 2019)

[2] «Aún no está claro cuánta sociabilidad está habiendo en esas redes electrónicas y cuáles son los efectos electrónicos de una forma de sociabilidad tan nueva. No obstante, cabe destacar un rasgo: estas redes son efímeras en lo que respecta a los participantes» (Castells, 1997, pág. 35)

[3] El 95% de los periodistas que sufre acoso cibernético son mujeres (Soma Comunicación, 2017)

[4] Aumenta el acoso digital contra los periodistas, una situación «de mayor crudeza» en el caso de las mujeres (Publico.es, 2018)

[5] El 66% de los casos de acoso a mujeres periodistas en redes sociales son por motivo de género, según una encuesta (Europa Press, 2017)

[6] Consuelo Sánchez Lacasa y Fuensanta Cerezo Ramírez en su artículo “Estatus social de los sujetos implicados en el bullying. Elementos para la mejora de la convivencia en el aula” revelan que los alumnos agresores tienen cierto estatus social y son mejor considerados por al menos una parte de los compañeros, gozan de mejor valoración global y todo ello se traduce en un mayor sentimiento de afiliación y una mayor ascendencia social de los éstos dentro del aula (Sánchez Lacasa & Fuensanta, 2011).

[7] El exdelegado para la prevención de la violencia de género durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y uno de los principales ponentes de la Ley Integral contra la Violencia de Género aprobada durante su primer mandato, Miguel Lorente, tiene un libro cuyo título es una frase que era de uso corriente incluso en las últimas décadas del siglo pasado, “mi marido me pega lo normal” (Lorente Acosta, 2001). Pensemos por ejemplo que el asesinato de Ana Orantes a manos de su marido, que la había estado maltratando durante décadas y que conmocionó a la sociedad española, ocurrió en diciembre de 1997.

[8] En “Reflexiones sobre la violencia”, varios autores reflexionan sobre la funcionalidad de la violencia en la educación, y cómo los menores reproducen los patrones de conducta aprendidos a través de la violencia (Sanmartín Esplugues, Gutiérrez Lombardo, Martínez Contreras, & Vera Cortés, 2010).

[9] Jaime Rubio Hancock lo resumía en la frase con la que empezaba su artículo para Verne de 2020: “Hablar del odio en Twitter se ha convertido desde hace un tiempo en casi un tópico” (Rubio Hancock, 2020)

[10] La doctora Inmaculada Concepción Marín López estudió en su tesis doctoral la desconexión moral a través de la tecnología, llegando a la conclusión de que la incapacidad de ver las consecuencias favorece el acoso digital (Marín López, 2020).

Me llamo Jéssica, nací en el 81 y vivo en Barcelona. He estudiado Marketing y Ciencias Sociales. Meto la pata con frecuencia y no me duele cambiar de opinión. Un poco demasiado feminista según casi todos los hombres que conozco. Me ponen de mal humor los lunes sin café, los que comparten su música del móvil con todo el mundo por no usar unos malditos auriculares, los hombres machistas, las mujeres machistas, la gente que fuma sin preguntar si molesta, y las personas que creen que la ignorancia y la estupidez son cualidades admirables.

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