Amor romántico y violencia de género. Entrevista a Marisol Rojas

Marisol Rojas es psicóloga especializada en violencia de género, feminista, y pratense Pota Blava como yo. Por todos estos motivos, me parecía la persona ideal para ser la última entrevista de la temporada en mi canal de youtube.

En esta entrevista charlamos sobre su último libro publicado, «Amor sostenible: superando los mitos del amor romántico» de la editorial Versos y Reversos, y desmenuzamos todos esos mitos uno a uno.

Desde el mito de la monogamia y el poliamor como la otra cara de la moneda; el mito del amor para toda la vida, la sensación de fracaso cuando una relación termina y cómo se gestiona ese mito en relaciones lesbianas; sobre los celos como construcción social útil al patriarcado, sobre el control como demostración de amor; sobre esas declaraciones y peticiones de matrimonio en público como ejemplo máximo de romanticismo que en realidad esconden una tremenda presión social…

Uno de los temas que abordamos que me parece de lo más interesante, tanto desde una perspectiva psicológica como sociológica, es la cuestión de si es posible ser un maltratador sin ser consciente de ello. Por un lado, el maltratador ha aprendido cómo deben funcionar las relaciones entre hombres y mujeres y los mecanismos apropiados para lograrlo, y por otro socialmente todos los imputs que recibe le reafirman en su comportamiento. La violencia que ejerce el maltratador cuando agrede a una mujer, ya sea de forma física o verbal, es una violencia correctiva. No te maltrata para hacerte daño, te maltrata para corregirte, para que sepas cual es tu lugar, porque no estás cumpliendo con el mandato de género. De ahí el argumento tan habitual de que la mujer «le ha provocado» al no cumplir con su papel: te agrede porque no te has comportado como considera que deberías hacerlo, tú le has desobedecido. De ese modo, trasladan la culpa de la agresión a la víctima y ellos se legitiman.

También hablamos de la posibilidad de la rehabilitación para los maltratadores y de los programas de rehabilitación que desarrollan en Justicia para maltratadores condenados. Marisol es relativamente optimista al respecto ya que considera que es un tema de educación. Yo no tanto, por tres motivos: los que he visto se enfocan en control de la ira, y los maltratadores no tienen un problema de contención de la ira, al contrario, la contienen muy bien, no explotan contra su jefe o contra otro hombre más alto y fuerte. No se conoce de ningún maltratador que, en un arranque de ira, haya tirado su Play Station por la ventana, en cambio el portátil de ella sí. Los maltratadores saben muy bien cómo canalizar su ira para lograr sus objetivos de control y sumisión, por lo tanto cualquier programa orientado a la prevención y control de la ira está abocado al fracaso porque no incide en la raíz del problema. Y la segunda razón por la que soy escéptica es porque creo que a lo que se les enseña no es a mantener relaciones igualitarias, sino a disimular mejor, a comprender lo que es socialmente aceptable en público y lo que no, que es lo que les ha llevado a ser condenados. Y por eso con sus próximas relaciones lo que hacen es depurar su técnica de maltrato para pasar aún más desapercibida, pero no lo erradica. Cuando decimos que el maltrato es un tema de educación, lo que queremos decir es que ellos tienen muy arraigada la idea de cómo tienen que funcionar las relaciones entre hombres y mujeres, y los mecanismos apropiados para lograr que sus relaciones funcionen como ellos quieren, y por eso convencerles de que algo que han mamado desde la cuna, que han aprendido en casa, en el mundo exterior no es aceptable, no es tarea fácil. Tampoco creo realmente que lleguen a concienciarse del daño que causan con su actitud, porque un factor común es que ellos se creen víctimas, y por lo tanto el daño que provocan está justificado. Aunque sean conscientes del daño que causan, les resulta indiferente porque consideran que ese daño es un medio legítimo para lograr su fin. Y porque solo les preocupan las consecuencias de sus actos que tienen repercusiones sobre ellos mismos, no sobre los demás, y particularmente sobre su pareja. Y el tercer motivo por el que no creo que tengan éxito, es porque una vez terminan a lo que se tienen que enfrentar no es solo a sus relaciones de pareja, sino a toda la sociedad que valida su comportamiento anterior, que legitima el control y el dominio que pretendía ejercer, una sociedad que les reafirma en lo que consideran que es «ser hombre» en una relación heterosexual no es una sociedad que anime a los maltratadores a cambiar, sino a reincidir si acaso aprendiendo a disimular mejor la próxima vez para no cruzar los límites.

Y finalizamos la entrevista con una reflexión sobre si es posible un amor sostenible, un amor igualitario entre hombres y mujeres, en una sociedad desigual, en una sociedad capitalista que se sustenta precisamente sobre la desigualdad entre hombres y mujeres.

La lástima es que el sonido quedara bastante pobre, y la imagen para ser la primera entrevista que hago cara a cara tras el confinamiento, también es bastante mejorable. Estoy aprendiendo, y para futuras entrevistas lo haré mejor.

Me llamo Jéssica, nací en el 81 y vivo en Barcelona. He estudiado Marketing y Ciencias Sociales. Meto la pata con frecuencia y no me duele cambiar de opinión. Un poco demasiado feminista según casi todos los hombres que conozco. Me ponen de mal humor los lunes sin café, los que comparten su música del móvil con todo el mundo por no usar unos malditos auriculares, los hombres machistas, las mujeres machistas, la gente que fuma sin preguntar si molesta, y las personas que creen que la ignorancia y la estupidez son cualidades admirables.

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