Adicta

Maldita sea la hora. Llevaba casi dos años limpia, y cometí el error de confiarme pese a que mi cerebro me estaba lanzando señales de alerta. Me hice hasta una lista de estrategias para resistir, y ahora me siento un punto fraude porque no seguí la regla básica y fundamental: cuando tú sola no puedas, pide ayuda. Pensé que ya lo tenía todo superado, que “yo controlo“, soy fuerte, puedo manejarlo… Y ahora me veo otra vez pringada hasta las orejas. Por algo dicen que una adición es una enfermedad para toda la vida.

Ayer le vi. Me lo puso al pie y rebotando. Sabe perfectamente qué teclas tocar. Me pidió que le ayudara a ser mejor persona, yo sé el monstruo en que se ha convertido, tiene miedo y no quiere hacerle daño a nadie más. Y me saltó el fusible. Perdí el control. 

 

 

Acabé quedando con él en un bar. ¿Por qué? No estoy segura. Nada de lo que él pueda decirme me sirve ya, han sido demasiados años de mentiras como para que ahora vaya a creerme una sola palabra que salga de su boca.

Quizá necesitaba cerrar ese capítulo de mi vida, decirle a la cara todo lo que me ha hecho. Ni siquiera necesitaba que él me escuchara, lo que necesitaba era oírme a mí misma decírselo, ponerle frente al espejo de las atrocidades que ha cometido. Ha abusado de mí en muchos aspectos, ha jugado a la ruleta rusa con mi salud durante años, me ha hecho auténticas monstruosidades que no puedo relatar. Y necesitaba decírselo a la cara.

Lo encontré tembloroso, llorando, con un nudo en la garganta, incapaz de hablar. Yo me mantuve entera durante horas, sin derramar una sola lágrima. Triste victoria. Le miré a los ojos y sólo hallé vacío. Me gustaría decir que encontré algún tipo de satisfacción al comprobar que el karma le ha devuelto parte del daño que hizo, pero ni siquiera es así. Me pidió perdón por haberme destrozado la vida. El perdón más inútil de la historia, y probablemente el menos sincero.

– Desde que ella se fue no puedo dormir por las noches.
+ Ella se fue porque eres un maltratador y un violador. Reincidente. ESO es lo que no te debería dejar dormir por las noches.

Se echó a llorar tras esta conversación, quiero pensar que consciente al menos por un segundo de la magnitud del daño que ha provocado, pero lo dudo. Intentó darme un abrazo y tuve que hacerle la cobra. “No te equivoques“. Sigue siendo incapaz de pensar más allá de la punta de su polla, y seguirá provocando dolor allí por donde pase. Yo no puedo responsabilizarme de él, no soy ni su niñera ni su agente de la condicional.

Esta mañana me ha vuelto a escribir. Para darme las gracias por exponerle ayer de forma tan clara todo lo que hizo mal (aunque sigue negando gran parte de las cosas que le dije) y utilizando a las perras que teníamos como método de chantaje emocional para que volvamos a quedar. Me he negado, le he dicho que si realmente quiere cambiar empiece por sacar la cabeza del culo, y he cortado la comunicación. Mantenerme firme me ha costado un triunfo, una caminata de 40 minutos, 25 minutos de cardio, 400 metros de natación y medio paquete de Marlboro. Pero resisto. Miro el correo cada 5 minutos, pero resisto.

Esta noche he vuelto a tener pesadillas. He soñado que en mi cama habían alimañas. Me he despertado gritando de tal manera que hasta mi hermano se ha despertado y ha venido corriendo a mi habitación a ver qué pasaba. No hace falta ser un experto en interpretación de sueños para entender lo que implican alimañas en mi cama. Mi cuerpo se rebela y mi mente me lo hace saber en forma de pesadillas, igual que aquel agosto en Madrid que significó un antes y un después. Lo mejor que puedo hacer es atender a las señales que me envía mi cuerpo.

Soy una adicta y es probable que lo sea toda mi vida.

 

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